El histórico dirigente Carlos Garaikoetxea. Foto: Telle (CC BY-SA 4.0) vía Wikimedia Commons.
La política vasca y española pierde hoy a uno de sus referentes más sólidos con el fallecimiento de Carlos Garaikoetxea a los 87 años.
Primer Lehendakari de la democracia tras la dictadura, su figura trasciende las siglas para situarse como el gran constructor de las instituciones vascas actuales.
En un tiempo donde la violencia y la incertidumbre marcaban el día a día, Garaikoetxea supo navegar las aguas de la Transición con un objetivo claro: devolver al País Vasco su autogobierno a través de la vía institucional y el diálogo.
Carlos Garaikoetxea puso en marcha el Estatuto de Gernika
Cuando Garaikoetxea asumió la Lehendakaritza en 1980, se encontró con una administración que apenas existía sobre el papel. Su labor no fue solo política, sino puramente fundacional. Bajo su mando directo, se pusieron los cimientos de lo que hoy es la columna vertebral de la sociedad vasca:
- La Ertzaintza: Fue el impulsor de la recuperación de la policía integral vasca, un hito en el autogobierno.
- Osakidetza y EiTB: Creó el servicio de salud y la radiotelevisión pública, entendiendo que la identidad y el bienestar eran los pilares de la autonomía.
- El Concierto Económico: Su capacidad de negociación permitió recuperar el sistema fiscal propio, clave para el desarrollo económico del País Vasco tras décadas de centralismo.
Una ruptura histórica: Del PNV a la fundación de EA
La trayectoria de Garaikoetxea no estuvo exenta de tensiones. En 1986, tras profundas discrepancias con la dirección del PNV —especialmente en torno a la Ley de Territorios Históricos y el peso de las diputaciones—, protagonizó una de las escisiones más importantes de la política vasca.
Nacía así Eusko Alkartasuna (EA), partido que presidió hasta 1999. Este movimiento demostró su firmeza de principios: prefería abandonar el poder antes que renunciar a su visión de cómo debía estructurarse el país. Su salida de Ajuria Enea no disminuyó su peso político; al contrario, lo convirtió en una brújula moral para el nacionalismo democrático.
Un legado de diálogo en los años de plomo
Garaikoetxea gobernó en los llamados «años de plomo», marcados por la actividad terrorista de ETA y la inestabilidad política. Siempre mantuvo una postura tajante contra la violencia, defendiendo que la única soberanía posible era la que emanaba de las urnas y el respeto a los derechos humanos.
Incluso en sus últimos años, desde una retirada activa, se mantuvo como una voz consultiva. Su elegancia en el trato y su oratoria precisa le ganaron el respeto de adversarios políticos de todo el espectro, desde el socialismo hasta la derecha española, quienes hoy reconocen en él a un hombre de Estado con una visión que iba mucho más allá de la siguiente cita electoral.