Imagen: Ayuntamiento de Valencia
Las avenidas de Pérez Galdós y Giorgeta están viviendo la transformación más ambiciosa de las últimas décadas en Valencia, con una inversión de 23,9 millones de euros que promete jubilar las aceras de apenas un metro y medio.
La alcaldesa de Valencia, María José Catalá, ha visitado este viernes las obras para confirmar que el calendario se cumple.
Lo que hasta hace poco era un entorno hostil para el peatón, con aceras ridículas de 1,4 metros, se está convirtiendo en un bulevar con espacios de paseo de entre 5 y 7 metros de ancho.
El proyecto, que abarca 100.000 metros cuadrados y más de dos kilómetros de trayecto, encara su recta final con la vista puesta en la «vuelta al cole».
Septiembre: la fecha clave
Si eres de los que sufre los atascos en esta arteria principal, hay luz al final del túnel. La previsión oficial es que el tránsito rodado se reabra en septiembre, justo a tiempo para evitar el caos del inicio del curso escolar.
Sin embargo, que pasen los coches no significa que la obra esté terminada. Hasta final de año, los equipos (que cuentan con una media de 150 trabajadores diarios) seguirán rematando lo que Catalá define como «una de las vías más bonitas de la ciudad». Esto incluye:
- Sombra real: Plantación de arbolado para combatir el efecto isla de calor.
- Movilidad suave: 2,4 kilómetros de carril bici totalmente nuevo.
- Zonas familiares: Tres nuevas áreas de juegos infantiles distribuidas por la avenida.
- Transporte público: 15 paradas de la EMT más amplias y acondicionadas.
Un «balón de oxígeno» para el comercio de Perez Galdós
Meses de vallas y ruido pasan factura. Consciente de la «paciencia infinita» de los vecinos y comerciantes de la zona, el Ayuntamiento ha anunciado un bono comercio específico para Pérez Galdós.
Ante la imposibilidad legal de perdonar impuestos como el IBI o las cuotas de autónomos, el consistorio replicará el modelo utilizado en la calle Alicante o la Malva-rosa.
El objetivo: incentivar que los valencianos vuelvan a comprar en los negocios locales afectados por la intervención, premiando el consumo directo para intentar paliar las pérdidas acumuladas durante los 14 meses de ejecución.
Crítica a las «soluciones provisionales»
La intervención no ha estado exenta de carga política. Catalá ha aprovechado la visita para marcar distancias con la gestión del mandato anterior, criticando las antiguas «actuaciones tácticas» que consistían en pintar el suelo de rojo sin eliminar bordillos o reubicar contenedores.
Según la alcaldesa, esta obra huye de la improvisación para ofrecer una solución definitiva que mejore la «velocidad comercial» de los autobuses y el bienestar de los residentes.
Con el mobiliario urbano y las farolas ya en proceso de instalación, el tramo entre las calles Castán Tobeñas y Linares empieza a mostrar el aspecto que tendrá toda la avenida a partir de 2026.
Valencia parece dispuesta a demostrar que incluso la vía más gris y ruidosa puede aspirar a tener un poco de sombra y algo más de aire.