El investigador Yigit Sozen sostiene un chip en un trozo de piel./ Ángela R. Bonachera. | CSIC
Las calcomanías científicas del CSIC abren una nueva vía para monitorizar la salud mediante dispositivos ultrafinos que se adaptan a la piel y los tejidos.
Por A. Lagar | 7 de julio de 2026
¿De qué sirve pegarse electrónica en el cuerpo?
Imagínate poder llevar un laboratorio médico encima sin enterarte.
Eso es lo que busca la electrónica conformable, un tipo de tecnología diseñada para acoplarse a superficies blandas, curvas y que cambian de forma constantemente.
El problema es que fabricar estos aparatos con materiales inteligentes era un dolor de cabeza tremendo.
Hasta ahora, los semiconductores bidimensionales (materiales avanzados que miden solo dos dimensiones) funcionaban muy bien sobre el papel, pero llevarlos a la vida real era complejo y carísimo.
El equipo del Instituto de Ciencia de Materiales de Madrid (ICMM), perteneciente al CSIC, participa en un proyecto europeo que ha encontrado la solución en algo que ya usabas de pequeño: los papeles de transferencia para tatuajes temporales.
Sí, las calcomanías de toda la vida.
Han publicado este método en la revista ACS Nano y promete cambiar la forma en la que medimos lo que pasa en nuestro organismo.
¿Cómo han metido tecnología dentro de un tatuaje temporal?
La magia detrás de estas calcomanías científicas radica en combinar dos tecnologías diferentes.
Por un lado, usan papel comercial para la transferencia de calcomanías con agua.
Por el otro, aplican una técnica propia que han bautizado como exfoliación mecánica de alto rendimiento «rollo a rollo» de materiales de van der Waals (que es como se conoce a estos materiales bidimensionales).
Andrés Castellanos-Gómez y Yigit Sozen, investigadores del CSIC en el ICMM, lideran este avance en España.
Su rutina de trabajo arranca con una estrategia de exfoliación en seco que ya tienen patentada.
Usan una máquina con dos cilindros enfrentados para obtener películas de gran superficie formadas por láminas semiconductoras interconectadas.
Cuando ya tienen estas películas con propiedades electrónicas listas, las integran en las plataformas transferibles ultrafinas usando los mismos sustratos comerciales de los tatuajes infantiles.
¿Qué puede medir con esta pegatina?
Al unir la producción a gran escala de estos materiales con el papel de calcomanía, el equipo ha fabricado fotodetectores (sensores que miden la luz), termistores (sensores que detectan cambios de temperatura) y transistores (los interruptores básicos de cualquier circuito electrónico).
Lo mejor de todo es que el dispositivo final funciona de manera fiable aunque lo pegues en sitios rugosos, flexibles o que se muevan.
Los científicos ya los han transferido directamente sobre la piel humana, sobre cuero sintético e incluso encima de las hojas de las plantas.
El resultado son aparatos ultraconformables que muestran una alta responsividad a los estímulos, elevados coeficientes de resistencia según la temperatura y un funcionamiento de transistor con alta movilidad y bajo voltaje.
¿Por qué este método es mejor que lo que había antes?
Para entender el mérito de este avance hay que ver cómo se intentaba hacer esto antes.
Había dos técnicas principales y las dos tenían fallos graves.
La primera es la exfoliación en fase líquida combinada con impresión, pero este sistema deja restos de disolventes químicos, hace que las láminas no se conecten bien entre sí y la película final queda muy irregular, lo que arruina el rendimiento electrónico.
La segunda opción es la evaporación química (un proceso llamado CVD), que sí da buena calidad pero exige una infraestructura extremadamente cara y unos procesos de transferencia muy complicados.
El método del CSIC, al usar la exfoliación mecánica con cilindros, genera películas secas y bien interconectadas que se meten sin problemas en estas plataformas baratas y fáciles de pegar.
¿Cuáles son las ventajas y los límites actuales de este avance?
¿Qué aporta este estudio al panorama tecnológico y médico global?
La investigación resuelve el principal cuello de botella de la electrónica portátil actual, que era la falta de estrategias de fabricación escalables que ofrecieran alta calidad electrónica, bajo coste y capacidad de procesarse a gran escala simultáneamente.
Al demostrar que la combinación del disulfuro de molibdeno con el papel de calcomanía comercial funciona, se establece una ruta viable y económica para la producción masiva de estos dispositivos.
A pesar del éxito en las pruebas de laboratorio, el alcance actual del proyecto todavía debe superar la transición desde los entornos controlados hasta la producción industrial.
El estudio confirma que los dispositivos basados en calcomanías mantienen un rendimiento eléctrico fiable en superficies dinámicas y rugosas, extendiendo la electrónica de tatuajes más allá de los sistemas orgánicos tradicionales, lo que supone una plataforma práctica para interfaces biológicas de alto rendimiento, aunque aún requiere validación en condiciones de uso diario prolongado.