Imagen: Paola Chaaya
Biomarcadores en sangre son analizados por investigadores del IIBB-CSIC y del IR Sant Pau en pacientes con depresión para medir el impacto real de la psicoterapia.
Por A. Lagar | 27 de junio de 2026
¿Por qué la terapia psicológica deja huella en tu cuerpo?
Ir al psicólogo no es solo hablar y desahogarte.
Un equipo de científicos del Instituto de Investigaciones Biomédicas de Barcelona (IIBB-CSIC) y del Institut de Recerca Sant Pau acaba de publicar algo alucinante.
Han encontrado que las terapias psicológicas funcionan como estímulos biológicos capaces de alterar tus moléculas.
Sí, lo que hablas en consulta modifica parámetros medibles en tu organismo.
El estudio se ha centrado en 22 pacientes con trastorno depresivo mayor.
Este problema va mucho más allá de tener el ánimo bajo. Quienes lo sufren lidian a diario con fallos en la memoria, falta de atención y lentitud al procesar información.
El equipo analizó la sangre de estas personas antes y después de pasar por doce sesiones de terapia.
Lo que buscaban eran microARN, unas pequeñas moléculas que hacen de interruptores maestros en tus células y deciden qué genes se activan y cuáles se silencian.
¿Qué han descubierto al analizar la sangre de los pacientes?
La sorpresa llegó al ver que los biomarcadores en sangre cambiaron de forma radical según el tipo de tratamiento psicológico recibido.
No todas las terapias estimulan el cuerpo de la misma manera.
Los investigadores analizaron 38 microARN en el plasma y descubrieron dos firmas moleculares completamente distintas que no se solapan entre sí.
Por un lado, los pacientes que hicieron remediación cognitiva integral (un entrenamiento diseñado para restaurar la atención y la memoria) mostraron una combinación específica de siete microARN.
Estas moléculas regulan los procesos de neuroplasticidad y transmisión entre neuronas.
Lo mejor es que este cambio molecular coincidió con una mejora real y objetiva en el rendimiento de sus funciones cerebrales.
Por otro lado, la psicoeducación (sesiones para entender el trastorno y aprender a convivir con él) activó un perfil diferente con solo dos microARN.
En este caso, las moléculas detectadas se encargan del equilibrio celular y de la resiliencia ante el estrés.
No mejoran la memoria directamente, sino que actúan como un escudo protector para que el cerebro aguante mejor la presión.
¿Cómo viaja la información de tu cerebro a tu vena?
La clave de que podamos ver estos cambios con un simple pinchazo en el brazo está en la versatilidad de los microARN.
Estas moléculas tienen la propiedad de cruzar la barrera hematoencefálica. Imagina esta barrera como un filtro de seguridad ultraestricto que protege tu sistema nervioso y selecciona qué entra y qué sale del tejido cerebral hacia el torrente sanguíneo.
Al poder cruzar este muro, las moléculas pasan al plasma y se vuelven totalmente detectables.
Esto demuestra que las intervenciones psicológicas modifican redes específicas en puntos distintos del cerebro, dejando un rastro físico y medible en la periferia de tu cuerpo.
¿Cuáles son los límites actuales de este hallazgo científico?
Aunque los resultados abren una puerta gigante, las líderes del trabajo, Maria J. Portella y Analia Bortolozzi, piden cautela.
Al ser un estudio preliminar con 22 personas, los datos tienen que validarse en grupos de pacientes mucho más grandes antes de que los laboratorios de los hospitales empiecen a usar esta técnica de forma habitual.
Además, la ciencia se topa aquí con el clásico dilema del huevo y la gallina.
Los investigadores todavía no pueden responder si el cambio en los microARN es la causa directa de que el paciente mejore o si la mejora cognitiva es lo que provoca que las moléculas cambien.
Se evaluó a los participantes seis meses después de las sesiones y las mejoras se mantenían, pero en ese momento no se extrajo sangre para analizar los microARN.
¿Hacia dónde se dirige el tratamiento de la depresión mayor con estos datos?
La perspectiva técnica de la fuente apunta a que estamos ante el inicio de la psiquiatría de precisión.
En lugar de aplicar el clásico método clínico de prueba y error para ver qué terapia le sienta mejor a cada persona, el objetivo a largo plazo es analizar el perfil molecular del paciente antes de empezar.
Los datos de la investigación sugieren que cada intervención activa dianas terapéuticas concretas y exclusivas.
Esto permitiría personalizar las sesiones psicoterapéuticas o farmacológicas eligiendo la herramienta exacta que el cuerpo del paciente necesita reparar según sus niveles basales de microARN.
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