Imagen: Merlin Lightpainting
Un equipo científico detecta el campo magnético de un mundo lejano al comprobar cómo altera a su astro anfitrión, provocando auroras en su superficie.
Por A. Lagar | 27 de junio de 2026
¿Por qué el campo magnético es tu único seguro de vida en el espacio?
Si te pones a buscar vida fuera de la Tierra, el agua y el oxígeno suelen ser tus primeros objetivos. Pero hay una barrera de seguridad previa que necesitas antes de todo eso: un escudo físico.
En la Tierra, esta barrera frena el viento solar y evita que la radiación barra nuestra atmósfera. Sin esta protección, el resultado es el que vemos en Marte.
Hace miles de millones de años, el planeta rojo perdió su escudo global. Como consecuencia directa, se quedó sin aire y sin el agua que mantenía en su superficie.
Encontrar esta barrera en otros mundos es un requisito obligatorio para evaluar si tienen opciones de albergar algún tipo de vida.
El obstáculo técnico radica en que detectar esta defensa a años luz de distancia resulta extremadamente complejo.
El exoplaneta que le da la vuelta a las reglas
Un estudio liderado por el CSIC y publicado en la revista Science plantea una solución a este límite técnico.
Para lograrlo, los investigadores se han fijado en GJ 436 b, un planeta que tiene un tamaño parecido a Neptuno y que orbita pegado a su estrella de baja masa.
La norma general en astrofísica asume que la estrella domina el sistema mediante la fuerza de su gravedad y su radiación. Sin embargo, aquí los datos demuestran lo contrario: el planeta tiene la capacidad de alterar a su propio sol.
Su fuerza interactúa directamente con la de la estrella e inyecta energía en una capa exterior de la atmósfera estelar conocida como cromosfera.
Daniel Revilla, investigador del Instituto de Astrofísica de Andalucía, indica que este proceso causa alteraciones regulares en el brillo y en la cantidad de energía que emite la estrella en ciertas longitudes de onda.
Piensa en ello como un fenómeno idéntico a las auroras terrestres, pero ocurriendo a gran escala sobre el astro.
Un cruce de cables con un horario fijo
Este efecto no sucede de forma constante.
El equipo revisó las observaciones recopiladas a lo largo de dieciséis años utilizando los espectrógrafos CARMENES y HARPS.
Al analizar la información, detectaron que los picos de interacción ocurrieron exactamente en los años 2008, 2016 y 2024.
Este lapso de ocho años no es producto del azar, sino que cuadra con el ciclo de actividad de la propia estrella.
La interferencia del planeta solo se hace evidente cuando el astro atraviesa fases muy específicas de su ciclo.
Leer a la estrella para sacar los números del planeta
Daniele Viganò, investigador del Instituto de Ciencias del Espacio, expone que utilizar la modulación de la estrella funciona como un método indirecto para obtener información sobre el planeta.
Aplicando esta lectura temporal, el equipo ha logrado extraer las cifras exactas del escudo del exoplaneta.
Pedro J. Amado especifica en el estudio que GJ 436 b genera una fuerza de entre 2,33 y 27 veces la de Júpiter.
Consigue mantener este nivel de intensidad a pesar de tener un tamaño menor que el gigante gaseoso.
Analizar estas señales abre una vía de trabajo sistemática para saber cómo los mundos lejanos conservan sus atmósferas y evolucionan con el tiempo.
El equipo que le ha dado la vuelta
Hasta ahora, la astronomía asumía una jerarquía: la estrella mandaba y el planeta recibía el impacto.
Sin embargo, el investigador Rafael Luque destaca que este hallazgo aporta la prueba más sólida de que un planeta cercano tiene la capacidad de alterar el entorno de su propio sol.
Es un cambio directo en el modelo de cómo interactúan estos sistemas espaciales.
Este cruce de cables exige vigilar el cielo de forma constante.
Ignasi Ribas señala que la clave técnica del descubrimiento ha sido el espectrógrafo CARMENES, situado en el Observatorio de Calar Alto.
Su capacidad para mantener una observación continua permite acceder a fenómenos magnéticos que antes quedaban completamente fuera del alcance técnico.
Desentrañar estos datos no es un trabajo en solitario.
La investigación agrupa a institutos del CSIC y otras entidades españolas (como el CAB, IEEC, ICE, IAC y la UIB), cruzando datos con equipos científicos de Estados Unidos, Italia, Israel, Alemania y Chipre.
Como concluye el investigador Daniel Revilla, medir el escudo de un exoplaneta suponía un muro casi imposible de saltar, pero constituye la pieza de información que necesitas aislar para confirmar si un mundo retiene su atmósfera a largo plazo y puede llegar a ser habitable.