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Un reciente estudio sobre el trauma infantil revela cómo las experiencias traumáticas en la niñez disparan el riesgo de sufrir graves trastornos psiquiátricos en mujeres que ejercen profesiones de alta vulnerabilidad emocional. Las alarmantes cifras exigen un cambio radical frente al estigma y en la forma en que la medicina atiende a estas pacientes.
Heridas del pasado y estrés laboral: una combinación explosiva
Las mujeres que se dedican al trabajo sexual y a la asistencia social comparten una carga emocional inmensa en sus entornos laborales, enfrentando frecuentemente violencia, trauma secundario y profundas desigualdades estructurales. Una reciente investigación llevada a cabo en Berlín analizó a 560 mujeres (403 trabajadoras sexuales y 157 profesionales de asistencia social) con el objetivo de comprender cómo las adversidades vividas en la infancia (ACE, por sus siglas en inglés) impactan en su salud mental en la edad adulta.
Los datos destapados por el estudio son impactantes. El trauma infantil grave —que abarca abuso emocional, físico, sexual y negligencia— se detectó en el 47.4% de las trabajadoras sexuales y en el 16.8% de las trabajadoras de atención social.
Esta elevada exposición a experiencias infantiles traumáticas tiene consecuencias directas y severas en el bienestar de estas mujeres, ya que multiplicó por casi cuatro el riesgo de padecer depresión (3.8 veces más), aumentó en un factor de 5.7 el riesgo de trastorno de estrés postraumático (TEPT) y cuadruplicó la probabilidad de desarrollar trastornos por consumo de sustancias. El impacto es tan profundo que el 60.3% de las trabajadoras sexuales y el 44.2% del personal de asistencia social estudiado cumplían los criterios para ser diagnosticadas con al menos un trastorno mental en la actualidad.
La barrera del estigma y la fuerza de la resiliencia
Además de los fríos datos estadísticos, los testimonios cualitativos del estudio desvelan los dolorosos obstáculos diarios que estas mujeres enfrentan. El estigma social y los prejuicios, especialmente hacia las trabajadoras sexuales, generan una fuerte sensación de aislamiento y las alejan de los servicios de salud. En las consultas, a menudo perciben un sesgo en los profesionales médicos, sintiendo que las juzgan en lugar de ofrecerles un entorno seguro y libre de prejuicios.
Sin embargo, en este escenario de revictimización, el estudio destaca un elemento esperanzador: la resiliencia comunitaria. Las redes de apoyo informal entre las propias amistades y los grupos de la comunidad resultaron ser una herramienta fundamental de supervivencia, brindándoles la estabilidad emocional necesaria para procesar sus difíciles vivencias y sobrellevar la carga laboral.
Frente a esta dura realidad, los investigadores concluyen que es absolutamente esencial implementar «enfoques informados sobre el trauma» en los sistemas de atención médica. Para lograr sanar y proteger a estas poblaciones de alto riesgo, los profesionales de la salud deben considerar tanto la sobrecarga emocional de sus profesiones como sus dolorosas historias de vida de estas personas.
Cita: Kroehn-Liedtke F, Lotysh A, Kalinowski O, Kaya G, Mihaylova H, Hernek M, Rössler W and Schouler-Ocak M (2026) Adverse childhood experiences and mental health outcomes among women in sex work and social care: a cross-sectional study. Front. Public Health 14:1786872. doi: 10.3389/fpubh.2026.1786872




