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Dos investigaciones recientes cuestionan la seguridad del tramadol, uno de los analgésicos más recetados del mundo. Los datos revelan un mayor riesgo de crisis epilépticas en personas mayores al combinarlo con antidepresivos comunes y concluyen que su capacidad para frenar el dolor crónico es mínima frente a sus posibles efectos adversos.
Por: A. Lagar | 20 de abril de 2026
Durante años, el tramadol se ha recetado como la «opción equilibrada»: más fuerte que el paracetamol pero supuestamente más seguro que los opioides potentes. Sin embargo, esta semana esa reputación ha recibido un duro golpe. Dos estudios independientes sugieren que este fármaco podría estar causando más problemas de los que resuelve, especialmente en la población de mayor edad.
El primer hallazgo, publicado en la revista Neurology, pone el foco en una mezcla peligrosa: el tramadol y ciertos antidepresivos como la fluoxetina o la paroxetina. Al tomarlos juntos, el cuerpo no puede procesar el analgésico correctamente, lo que provoca que se acumule en la sangre y aumente el riesgo de sufrir convulsiones.
El peligro oculto en el botiquín
Los investigadores analizaron a más de 70 000 personas mayores de 65 años en residencias. Descubrieron que el riesgo de sufrir una crisis epiléptica aumenta un 9 % cuando se combina el tramadol con estos antidepresivos comunes.
Esta interacción es especialmente preocupante porque es habitual que una persona mayor con dolores crónicos también sufra cuadros de depresión o ansiedad. Los científicos advierten de que los médicos deben extremar la precaución al recetar estos medicamentos juntos, ya que el organismo de los pacientes más mayores es más vulnerable a estos fallos metabólicos.
¿Realmente quita el dolor crónico?
El segundo estudio, un metaanálisis publicado en BMJ Evidence Based Medicine, arroja dudas sobre si el fármaco cumple su función principal. Tras revisar 19 ensayos clínicos con más de 6 500 participantes, los expertos concluyen que el alivio que proporciona el tramadol en casos de dolor crónico no oncológico es «pequeño y poco relevante».
Lo más alarmante de esta revisión es que, mientras su efecto analgésico es leve, el riesgo de sufrir efectos secundarios graves, como problemas cardíacos, aumenta considerablemente. Esto rompe el equilibrio entre el beneficio y el riesgo que justificaba su uso hasta la fecha.
Repensar el tratamiento del dolor
Ante estos datos, la comunidad médica empieza a pedir que se reconsidere el papel del tramadol. Expertos españoles señalan que, aunque no se trata de retirar el fármaco de golpe, sí es necesario buscar alternativas más seguras y eficaces para los pacientes que sufren dolor persistente.
La ciencia nos dice ahora que el tramadol no es la solución universal que creíamos. Para los millones de personas que dependen de él, el reto de los próximos años será encontrar nuevas formas de aliviar el dolor sin exponerse a riesgos cardíacos o cerebrales inesperados.