Imagen de recurso.
La miopía ha alcanzado niveles casi epidémicos, pero un estudio sugiere que la falta de luz en interiores es más determinante que el uso de pantallas. Forzar la vista en condiciones de penumbra estresa la retina y contrae la pupila de forma prolongada, lo que podría ser la causa subyacente de esta condición óptica.
Por: A. Lagar | 20 de abril de 2026
Durante años hemos señalado a los teléfonos y tabletas como los grandes responsables de que cada vez más niños y jóvenes necesiten gafas. Sin embargo, la ciencia está empezando a mirar en otra dirección. Una investigación de la Facultad de Optometría de Suny, en Nueva York, propone que el verdadero problema no es el dispositivo en sí, sino la oscuridad en la que solemos usarlos.
El equipo liderado por el investigador José Manuel Alonso ha lanzado una hipótesis basada en la fisiología ocular: la falta de brillo ambiental en interiores obliga al ojo a trabajar bajo un estrés constante. Cuando enfocamos de cerca en entornos de penumbra, la pupila se contrae con una fuerza excesiva para intentar dar nitidez a la imagen, un esfuerzo que, mantenido en el tiempo, predispone al ojo a volverse miope.
El estrés de la pupila en la sombra
El mecanismo detectado por los expertos se centra en la «acomodación», el proceso por el cual el ojo ajusta el cristalino para ver de cerca. El estudio demuestra que esta contracción pupilar se vuelve mucho más intensa cuando la iluminación que llega a la retina es escasa.
«Nuestro hallazgo sugiere que un factor subyacente podría ser el volumen de luz recibido mientras se enfoca de cerca durante un tiempo prolongado», explica Alonso. Es decir, leer un libro o mirar un móvil con poca luz somete al ojo a un esfuerzo físico real que termina alterando su estructura.
Un cambio de paradigma en el control visual
Si esta hipótesis se confirma, las estrategias actuales para frenar la miopía podrían cambiar radicalmente. Los investigadores advierten que cualquier tratamiento —ya sean gotas de atropina o el uso de lentes— podría fracasar si no se corrige el hábito ambiental.
El estudio demostró que las lentes negativas reducen la iluminación retinal al contraer la pupila mediante el proceso de acomodación. Esta contracción se vuelve más fuerte al acortar la distancia de visión y durante periodos prolongados. Por ello, la recomendación es exponer los ojos a una iluminación suficiente en interiores; esto permite que la pupila se regule de forma natural gracias al brillo de la imagen, reduciendo la fatiga y el riesgo de elongación del globo ocular.
Más allá de la genética
Aunque la genética influye, el hecho de que la miopía afecte ya al 50 % de los adultos jóvenes en Europa y al 90 % en partes de Asia apunta a un cambio ambiental acelerado. Pasar tiempo al aire libre observando distancias lejanas sigue siendo la mejor receta, ya que combina la luz natural con la relajación de los músculos que contraen la pupila.
Este estudio ayuda a explicar por qué factores tan distintos parecen influir en la vista. No es solo cuánto tiempo pasamos mirando una pantalla, sino bajo qué luz lo hacemos. La ciencia nos recuerda que, para proteger nuestra visión, a veces basta con encender la luz o abrir las persianas.