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El hantavirus Andes es capaz de bloquear la producción de interferones, dejando al organismo sin su primera línea de defensa natural ante una infección que roza el 40 % de mortalidad.
El fantasma de las enfermedades infecciosas ha vuelto a asomarse por la borda, esta vez en el crucero MV Hondius.
Tras la experiencia global de los últimos años, cualquier noticia sobre virus respiratorios levanta sospechas, pero el hantavirus no es un recién llegado.
Lo que hace especial (y preocupante) a la variante Andes detectada en este brote es su capacidad para romper las reglas habituales de su familia: puede saltar de persona a persona.
El «caballo de Troya» en los pulmones
El hantavirus Andes (ANDV) no se anda con chiquitas. Su objetivo principal son los pulmones, donde puede desencadenar el temido síndrome cardiopulmonar (HCPS).
Gracias a técnicas de microscopía avanzada en biopsias, sabemos que este patógeno se instala y se multiplica en los alvéolos pulmonares.
Pero no se queda quieto allí. Se han localizado partículas virales en los macrófagos —unas células inmunitarias que, paradójicamente, deberían cazarlo— que terminan siendo el vehículo para que el virus sea expulsado al exterior a través de la tos o las flemas.
Además, su presencia en las glándulas salivares confirma que un simple beso o compartir un vaso podría ser una vía de entrada directa para el siguiente huésped.
¿Es tan contagioso como parece?
Para entender el riesgo real, hay que mirar los números. En epidemiología usamos el (R₀) (número reproductivo básico). Si el sarampión es el «rey» del contagio con un (R₀) de entre 12 y 18, y la variante original de la COVID-19 se movía entre 2 y 3, el hantavirus Andes se queda en un 1,5.
- R₀ del hantavirus Andes: ~1,5
- Transmisión: Contacto estrecho, saliva y posibles aerosoles en sitios cerrados.
- Caso de éxito: En un brote en Argentina con 34 casos, las medidas de aislamiento bajaron el contagio de 2,12 a 0,96, deteniendo la expansión.
Aunque la cifra de contagio es moderada, su peligrosidad reside en la letalidad y en que, en ambientes poco ventilados, no se puede descartar que el virus flote en aerosoles, esperando a ser inhalado.
El apagón del sistema inmunitario
¿Por qué nuestro cuerpo no reacciona a tiempo? La respuesta está en una guerra molecular silenciosa.
Normalmente, cuando un virus entra, nuestras células segregan interferones tipo I (IFN-I). Estas sustancias son como una alarma de incendios que pone a todas las células vecinas en «estado antiviral», frenando su maquinaria para que el virus no pueda replicarse.
Sin embargo, el hantavirus Andes ha desarrollado una habilidad peligrosa: bloquea específicamente la producción de estos interferones.
Es como si un ladrón cortara los cables de la alarma antes de entrar en casa. Al anular esta primera defensa, el virus gana un tiempo precioso para colonizar el organismo antes de que las células Natural Killer (NK) o los linfocitos sepan qué está pasando.
Sin vacunas ni tratamiento específico
A día de hoy, la medicina se enfrenta a este virus con las manos atadas en lo que a fármacos se refiere.
No existen vacunas aprobadas ni tratamientos antivirales específicos; todo se fía a los cuidados paliativos y al soporte crítico en hospitales.
Curiosamente, existe una vía que algunos expertos piden reevaluar: el uso de interferones artificiales, similares a los que se usan para combatir la hepatitis B y C.
Aunque es una línea de investigación que se quedó en el tintero, el brote actual podría obligar a desempolvar los viales para ver si funcionan como terapia preventiva en personas expuestas.
Cómo mantener el virus a raya
A pesar de la alarma, la racionalidad es la mejor herramienta. En España, el riesgo para el ciudadano de a pie es, a día de hoy, residual.
Sin embargo, si has estado en zonas de circulación del virus (o cerca del brote del crucero) y empiezas con fiebre, dificultad para respirar o síntomas de gripe fuerte, la visita al médico no es negociable.
Mientras tanto, algo tan sencillo como una mascarilla FFP2 en lugares muy concurridos sigue siendo el escudo más eficaz y barato para evitar sorpresas desagradables y, sobre todo, para mantener la tranquilidad mental.