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El aumento de eventos climáticos extremos como El Niño está debilitando las ventajas evolutivas de vivir en comunidad, forzando a los grupos de monos capuchinos a una competencia interna feroz.
Vivir en grupo siempre ha sido el «seguro de vida» de la evolución: más ojos para vigilar depredadores y más fuerza para defender el territorio.
Sin embargo, una investigación de 33 años realizada en las selvas de Costa Rica por el Instituto Max Planck y la Universidad de California revela que este modelo de éxito tiene fecha de caducidad.
Cuando el termómetro sube y las sequías se vuelven severas, las grandes sociedades de monos capuchinos cariblancos empiezan a resquebrajarse.
El coste de vivir en grupos grandes para los monos capuchinos
Los capuchinos cariblancos basan su dieta en frutas e insectos. En épocas de abundancia, los grupos grandes son los «reyes del bosque»: aunque tienen más bocas que alimentar y cada individuo come más lento por la competencia interna, lo compensan con fuerza bruta.
Los grupos numerosos expanden su territorio y desplazan a las familias pequeñas hacia las zonas más pobres y secas.
Sin embargo, los datos satelitales y las observaciones directas desde 1990 muestran que este equilibrio es frágil.
En el bosque tropical seco, la estación que comienza en enero es un examen de supervivencia donde el agua y la sombra se convierten en artículos de lujo concentrados únicamente en las riberas de los ríos.
Conflictos por el territorio: menos espacio, más tensión
A pesar de que durante la sequía los grupos intentan solapar menos sus territorios para evitar líos, ocurre lo contrario: los encuentros agresivos aumentan. Al haber pocos puntos de alimento de alta calidad, los grupos chocan constantemente.
- Grupos grandes: Mantienen el control de las mejores áreas, pero el coste energético de defenderlas es cada vez mayor.
- Grupos pequeños: Son relegados a zonas improductivas, poniendo en riesgo su supervivencia a largo plazo.
El factor «El Niño»: cuando la ventaja desaparece
El estudio, publicado en Nature Ecology & Evolution, pone el foco en los ciclos de El Niño (sequías extremas) y La Niña (lluvias torrenciales). En estos escenarios, ser muchos deja de ser un beneficio.
La presión por los recursos es tan alta que la capacidad de los grupos líderes para compensar su tamaño se desploma.
Si estos episodios se vuelven más frecuentes debido al calentamiento global, los científicos prevén un cambio radical en la sociología animal:
- Fragmentación: Comunidades que se dividen al no poder gestionar la competencia interna.
- Deserción: Individuos que abandonan el grupo al ver que la protección colectiva ya no compensa el hambre.
- Reorganización forzada: Un mapa social totalmente nuevo y más inestable.
Aunque El Niño es un ciclo natural, su intensificación por el cambio climático está actuando como un catalizador que rompe el delicado equilibrio entre cooperación y competencia.
La lección para el reino animal es clara: en un planeta cada vez más extremo, las estructuras sociales que funcionaron durante milenios podrían dejar de ser útiles de la noche a la mañana.
Al final, parece que hasta para los monos más sociables, la paciencia con los vecinos se agota cuando el hambre aprieta y el agua escasea.