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La constante de gravitación universal, conocida como G, sigue desafiando a la comunidad científica según recoge la revista Nature. Un ambicioso experimento de diez años, que ha cruzado el Atlántico para replicar mediciones anteriores, ha obtenido resultados que no coinciden con las estimaciones internacionales actuales, profundizando el misterio sobre la fuerza más débil de la naturaleza.
Por: A. Lagar | 23 de abril de 2026
Medir la fuerza con la que dos objetos se atraen parece una tarea sencilla, pero para los físicos es un auténtico quebradero de cabeza. Stephan Schlamminger, físico del Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST) de Estados Unidos, ha liderado un esfuerzo de una década para intentar fijar con precisión el valor de G, la constante fundamental que describe la intensidad de la gravedad.
A pesar de que esta cifra es esencial para entender el cosmos, Schlamminger reconoce que, en la práctica cotidiana, es un número «bastante inútil». Para calcular el movimiento de los planetas basta con conocer el valor de G multiplicado por la masa de un astro, algo que sí se mide con gran precisión. Sin embargo, determinar el valor de la constante por sí sola es una tarea agotadora y, según los expertos, el experimento de laboratorio más complejo que existe.
Una fuerza difícil de aislar
La gravedad es una «fuerza diabólica» para los metrólogos. Comparada con el electromagnetismo o las fuerzas nucleares, es billones de veces más débil. Al levantar una taza de café, usted está desafiando la atracción gravitatoria de un planeta entero. Esta debilidad hace que sea casi imposible proteger los experimentos de influencias externas no deseadas, lo que dificulta enormemente el aislamiento de la medición.
Actualmente, G es la constante fundamental menos conocida, con una incertidumbre de aproximadamente una parte entre 5.000. Los errores experimentales detectados hasta la fecha no logran explicar por qué los valores obtenidos en diferentes laboratorios del mundo presentan tanta dispersión.
El experimento del traslado transatlántico
El estudio más reciente nació de una «reunión de crisis» en 2014. El objetivo era descubrir por qué un experimento realizado en 2013 por la Oficina Internacional de Pesas y Medidas (BIPM) en París había arrojado un valor tan atípico. Para resolverlo, el equipo de Schlamminger trasladó el aparato original desde Francia hasta Maryland en 2016.
El método consiste en medir cuánto se retuerce una varilla suspendida debido a la atracción entre dos pares de masas. Para garantizar la objetividad, los científicos trabajaron «a ciegas»: un tercero independiente añadió un valor de compensación desconocido que solo se reveló al finalizar el proceso, evitando que los investigadores sesgaran los datos inconscientemente hacia el resultado esperado.
Discrepancias que revelan errores
Tras años de trabajo meticuloso, la cifra obtenida fue de 6,67387 × 10⁻¹¹ m³ kg⁻¹ s⁻². Este resultado difiere en un 0,0235 % del valor original de París y se sitúa por debajo del valor CODATA acordado internacionalmente (6,67430 × 10⁻¹¹ m³ kg⁻¹ s⁻²). Aunque las barras de error se superponen, el hallazgo sugiere que el valor real de la gravedad podría ser menor de lo que se pensaba.
La investigación ha servido para identificar fallos ocultos. Se descubrió que las masas de cobre utilizadas en París no estaban moldeadas con total precisión y que existía una fuerza desconocida provocada por la presión del gas dentro del recipiente. Estos detalles técnicos son, según los expertos, un gran avance para futuros investigadores que decidan enfrentarse a este reto.
El futuro de la constante gravitacional
Aunque Schlamminger afirma que no volverá a realizar experimentos con G debido al estrés que conllevan, el interés científico permanece intacto. Si los físicos teóricos lograran predecir el valor de la gravedad desde principios fundamentales, sería vital contar con una cifra experimental precisa para contrastarlo.
Además, esta constante fue determinante en la formación de las primeras galaxias y en la expansión del universo primitivo, por lo que su precisión podría ser clave para la cosmología del futuro. Por ahora, el misterio continúa, impulsando a otros grupos a probar métodos alternativos, como el uso de átomos en caída libre, para intentar atrapar, por fin, el valor real de la gravedad.