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Los antipsicóticos en niños generan dudas sobre su seguridad cardiovascular, pero un estudio con 430 menores confirma que las alteraciones en el corazón son casi siempre inofensivas. Estos hallazgos sugieren que realizar electrocardiogramas de forma masiva y obligatoria a pacientes sanos podría ser innecesario para la mayoría de las familias.
Por: A. Lagar | 20 de abril de 2026
Qué le pasa realmente al corazón Cómo reacciona el corazón ante los antipsicóticos en niños
El uso de medicamentos psiquiátricos en menores no ha dejado de crecer en las últimas décadas. Se recetan para tratar desde trastornos del espectro autista y tics severos hasta problemas graves de conducta.
Al iniciar estos tratamientos, los médicos suelen ordenar un electrocardiograma por precaución. Buscan específicamente una anomalía conocida como «prolongación del intervalo QTc», un efecto secundario que siempre ha generado mucho respeto en las consultas médicas.
Para entenderlo, imagina que el corazón es un motor eléctrico. El intervalo QTc es, simplemente, el tiempo que tarda ese motor en «recargarse» entre un latido y el siguiente. Si esa recarga tarda demasiado, el ritmo cardíaco puede descontrolarse y provocar arritmias peligrosas.
Lo que descubrieron al analizar cientos de casos
Para comprobar si este miedo estaba justificado, los investigadores analizaron a 430 menores tratados con fármacos muy comunes, como la risperidona y el aripiprazol. Revisaron todos sus electrocardiogramas durante meses y años.
Los resultados mostraron que casi la mitad de los niños (el 45,5%) presentaba algún cambio en su registro eléctrico. Sin embargo, la inmensa mayoría de estas alteraciones eran simples aceleraciones o ralentizaciones del pulso, algo completamente normal y fisiológico en niños sanos debido a sus nervios o su estado de ánimo.
El temido retraso en la «recarga» del motor cardíaco (el QTc prolongado) solo apareció en un 5,6% de los pacientes. Y lo más importante: casi siempre fue un fallo temporal. Solo en cinco niños esta alteración se mantuvo en pruebas posteriores.
Ningún menor sufrió bloqueos cardíacos, arritmias graves ni tuvo que ir a urgencias por problemas del corazón durante el tiempo que duró el seguimiento. De hecho, a ningún paciente se le tuvo que retirar la medicación por este motivo.
Menos pruebas médicas y más tranquilidad
Para los padres, este hallazgo supone un enorme alivio. Confirma que estos tratamientos son mucho más seguros a nivel cardiovascular de lo que se tendía a pensar.
Hasta ahora, había un intenso debate sobre si todos los niños debían pasar por un electrocardiograma de forma obligatoria al tomar estas pastillas. Los datos sugieren que hacer pruebas masivas «por si acaso» a niños sanos no tiene mucho sentido. La medicina apunta ahora hacia un enfoque más inteligente: vigilar solo a aquellos menores que ya tengan problemas previos o antecedentes familiares de enfermedades cardíacas.
El estudio tiene mucha fuerza porque refleja el día a día real de un hospital a lo largo de varios años. Como limitación, los propios autores reconocen que la fórmula matemática usada por defecto en las máquinas para medir la «recarga» del corazón tiende a exagerar los resultados en los niños. Esto significa que, en realidad, el riesgo real podría ser todavía menor del calculado. A partir de ahora, la ciencia nos dice que podemos centrarnos en tratar la salud mental de los menores con menos pánico infundado y menos pruebas innecesarias.
Pettinato F, Zanini A, Prato A, Fiore F, Maugeri N, Barone R and Rizzo R (2026) Electrocardiographic findings in children and adolescents treated with antipsychotics: a cohort study. Front. Psychiatry 17:1807504. doi: 10.3389/fpsyt.2026.1807504