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Los alimentos ultraprocesados alteran la estructura muscular al fomentar la acumulación de grasa entre las fibras del muslo. Un estudio reciente asocia este deterioro con la mala calidad nutricional de estos productos, un efecto que se produce de forma independiente a la cantidad de calorías ingeridas o al nivel de actividad física realizado.
Por: A. Lagar | 17 de abril de 2026
Cereales de desayuno, pizzas congeladas o refrescos son productos habituales en el carrito de la compra por su larga vida útil y su facilidad de preparación. Sin embargo, su composición química —basada en ingredientes sintetizados, azúcares y grasas— está cambiando algo más que nuestro peso: está transformando la composición interna de nuestros músculos.
Un equipo de investigadores de la Universidad de California (San Francisco) ha descubierto que una dieta rica en estos productos está vinculada a una mayor presencia de grasa intramuscular en el muslo. Lo más relevante del hallazgo es que este daño ocurre incluso si la persona no consume un exceso de calorías o si mantiene una vida activa, lo que pone el foco directamente en la calidad de lo que comemos.
Vetas de grasa en la estructura muscular
Mediante el uso de resonancias magnéticas, los científicos observaron cómo la grasa reemplaza progresivamente a las fibras musculares. Este proceso de degeneración se manifiesta como «vetas» de grasa dentro del tejido, alterando la estructura saludable del músculo.
Zehra Akkaya, autora principal del estudio publicado en la revista Radiology, explica que este aumento de grasa intramuscular podría elevar el riesgo de padecer artrosis de rodilla. La investigación analizó datos de 615 individuos con una media de 60 años, quienes aún no presentaban la enfermedad pero mostraban una clara correlación entre el consumo de ultraprocesados y el deterioro muscular.
Un problema de calidad, no solo de calorías
El estudio subraya que el tratamiento de la obesidad no debe limitarse a contar calorías o aumentar el ejercicio. Los resultados demuestran que, independientemente del índice de masa corporal (IMC), la calidad de la dieta es un factor determinante para la salud del tejido muscular.
Los participantes consumían, de media, un 41 % de alimentos ultraprocesados en su dieta anual. Al ajustar las variables, los investigadores confirmaron que el impacto negativo en el muslo persistía, lo que sugiere que los regímenes de pérdida de peso deben priorizar la eliminación de productos alterados químicamente para preservar la funcionalidad del cuerpo.
Impacto global y costes sanitarios
La artrosis de rodilla es una patología costosa y cada vez más prevalente, vinculada estrechamente a estilos de vida poco saludables. El uso de resonancias magnéticas sin contraste en este estudio abre una vía práctica para que los diagnósticos clínicos habituales puedan detectar esta degeneración grasa de forma sencilla y económica.
La preocupación se extiende también a las generaciones más jóvenes. Datos complementarios indican que el consumo de estos alimentos se ha triplicado en España en las últimas dos décadas, pasando del 11 % al 32 %. Reducir la ingesta de estos productos no solo beneficia la salud general, sino que se presenta como una estrategia esencial para proteger la calidad muscular a largo plazo.
El reto de elegir
Es innegable que abrir un envase y consumir su contenido de forma inmediata ofrece una comodidad difícil de batir en el día a día. Resulta, en muchas ocasiones, una opción aparentemente más atractiva y rápida que morder una manzana o pelar una zanahoria. Sin embargo, los datos científicos confirman que esa gratificación instantánea tiene un precio invisible para nuestra estructura interna. Aunque los productos industriales faciliten la rutina, a largo plazo su consumo compromete la calidad de nuestros tejidos y nuestra movilidad de una forma que los alimentos naturales no harán.