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El hantavirus Andes no supone una amenaza pandémica similar a la del coronavirus debido a que su transmisión requiere un contacto íntimo y prolongado, descartándose el contagio respiratorio pasivo.
El brote detectado en el crucero que navegaba por el Atlántico Sur, con 147 personas a bordo y varios fallecimientos confirmados, ha reactivado viejos temores.
Sin embargo, los expertos son tajantes: no estamos ante un escenario como el de 2020. Aunque España recibirá la embarcación en Canarias para atender a los pasajeros, la ciencia recuerda que este virus se conoce desde los años 50 y tiene unas reglas de juego muy distintas a las de la última gran crisis sanitaria.
Un viejo conocido que no busca viajar por el aire
A diferencia de los patógenos que surgen de la nada, el hantavirus es un conjunto de virus bien identificados que saltan de roedores y murciélagos a humanos. Según explica Víctor Jiménez Cid, catedrático de Microbiología en la Universidad Complutense, existen unas 40 variantes, aunque solo 25 afectan a las personas.
La clave del brote actual es la cepa Andes. Es la única de su familia capaz de transmitirse entre personas, pero con una letra pequeña importante:
- Origen: Zoonótico (exposición a orina, heces o saliva de animales infectados).
- Transmisión humana: Requiere contacto íntimo y estrecho (entorno familiar o sanitario sin protección).
- Diferencia clave con la COVID: No se transmite por vía respiratoria de forma pasiva; no flota en el ambiente esperando a cualquier transeúnte.
Pulmón o riñón: el mapa de la infección
El virus no ataca igual en todas partes. Los expertos distinguen dos grandes grupos según la zona geográfica y el órgano diana:
- Variantes pulmonares: Predominan en el norte de Europa, Rusia y Sudamérica (incluyendo la cepa Andes). Suelen ser más letales.
- Variantes renales: Frecuentes en Asia, especialmente en China y Corea.
Los síntomas iniciales pueden despistar, ya que se presentan como un cuadro gripal común: fiebre, malestar general, dolores musculares y cansancio.
Sin embargo, tras un periodo de incubación de una a dos semanas, la enfermedad puede evolucionar rápidamente hacia una fiebre hemorrágica o un cuadro respiratorio grave que desemboca en parada cardiorrespiratoria.
La realidad sobre el Hantavirus Andes
Aunque las cifras de mortalidad que se barajan son altas, José Barberán López, jefe de Medicina Interna de HM Montepríncipe, advierte que estos datos pueden estar sesgados.
«Muchos casos pasan casi desapercibidos como una fiebre leve y no se declaran; solo computan los casos graves que llegan al hospital, lo que eleva artificialmente la tasa de letalidad», señala.
A día de hoy, el arsenal médico es limitado:
- Sin antivirales específicos: Se tratan los síntomas y se da soporte vital.
- Sin vacunas: No existe actualmente una inmunización comercializada.
- Tratamiento preventivo: El control epidemiológico y el aislamiento son las únicas armas eficaces.
¿Hay riesgo de pandemia en España por Hantavirus?
La respuesta corta es no. Al ser un virus endémico, su presencia está ligada a los reservorios animales salvajes de zonas específicas.
El brote en el barco es un evento controlado y limitado a quienes tuvieron contacto estrecho con los enfermos en su fase contagiosa inicial.
Si se aplican protocolos de aislamiento y desinfección estándar, el riesgo para la población general es mínimo.
La ciencia es clara: el hantavirus Andes es un patógeno serio que requiere vigilancia, pero sus propias limitaciones biológicas impiden que se convierta en la próxima pandemia global.