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Sentimos romperte el corazón, pero el ayuno intermitente no es el milagro que te vendierón en redes sociales para adelgazar rápido.
Si eres de los que mira el reloj con ansiedad esperando a que den las dos de la tarde para poder morder un trozo de pan, respira. Resulta que todo ese sacrificio de saltarse el desayuno o cenar a la hora de las gallinas podría no servir para mucho más que para ponerte de mal humor. La ciencia acaba de hablar, y no precisamente para aplaudir.
Una revisión masiva de la Red Cochrane —los «inspectores» más rigurosos del mundo científico— ha analizado qué hay de real tras el postureo del ayuno. ¿La conclusión? No vas a perder más peso que alguien que simplemente coma menos y mejor durante todo el día.
El mito del «reloj mágico» para el ayuno intermitente
Llevamos años escuchando que no importa qué comes, sino cuándo lo haces. Los influencers nos han bombardeado con que el ayuno intermitente activa una especie de interruptor metabólico quemagrasas. Sin embargo, los datos de 22 ensayos clínicos aleatorizados con casi 2.000 personas en todo el mundo dicen otra cosa:
- Sin diferencias reales: Comparado con una dieta convencional de reducción de calorías, el ayuno no logra una pérdida de peso «clínicamente relevante».
- Igual que no hacer nada: En algunos casos, los resultados no fueron mucho mejores que los de personas que no siguieron ninguna pauta específica.
- Falta de efectos a largo plazo: La mayoría de estudios solo duran un año. Para una enfermedad crónica como la obesidad, eso es como mirar el tráiler de una película y jurar que es una obra maestra.
Los números rojos de la obesidad
No es solo cuestión de estética; es una crisis global que nos está ganando la partida. Según la OMS, la tasa de obesidad en adultos se ha triplicado desde 1975. Las cifras asustan:
- 2.500 millones de adultos tenían sobrepeso en 2022.
- De ellos, 890 millones padecen obesidad.
- Es una de las principales causas de muerte en países con ingresos altos.
¿Por qué seguimos creyendo en milagros?
Luis Garegnani, el autor principal del estudio, es tajante: el entusiasmo de las redes sociales no está justificado por la evidencia. El problema es que el ayuno vende bien porque parece un «truco» fácil, pero la realidad es que el cuerpo humano es algo más complejo que un temporizador de cocina.
Además, hay letras pequeñas que nadie lee. Casi todos los estudios se han hecho con poblaciones blancas en países ricos, dejando fuera a gran parte del planeta. Tampoco sabemos con certeza los efectos secundarios a largo plazo o cómo afecta de forma distinta según el sexo o la edad.
Al final, como dice la investigadora Eva Madrid, no hay una receta mágica para todos. Si te va bien ayunar porque te organiza la vida, adelante, pero no esperes que la grasa se evapore por arte de magia mientras los demás desayunan tostadas.


