Imagen de recurso: los registros históricos son clave para la astronomía moderna.
Desde las antiguas tablillas de arcilla en Mesopotamia hasta los cálculos de precisión del siglo XV en Salamanca, la historia de los eclipses ha permitido a la ciencia entender el pasado y predecir el futuro. Gracias a este hilo conductor, hoy sabemos que España se encamina hacia una secuencia astronómica que comenzará en agosto de 2026.
Por: A. Lagar | 13 de abril de 2026
Hubo un tiempo en que un eclipse era un presagio capaz de detener guerras o aterrorizar a civilizaciones enteras. En las ruinas de Ugarit, en la actual Siria, una pequeña tablilla cuneiforme conserva lo que muchos investigadores consideran el primer registro escrito de un eclipse solar, ocurrido hace más de 3.200 años.
Lo que entonces se grababa en barro con temor, hoy se calcula con una precisión de segundos. Ese largo rastro documental no solo sirve para reconstruir la historia, sino que es la base que nos permite saber exactamente cuándo y dónde volverá a oscurecerse el cielo sobre la península ibérica en los próximos años.
El código de los babilonios
La astronomía moderna debe mucho a los babilonios, quienes registraron de forma sistemática el movimiento de los astros. Su observación constante les llevó a descubrir el ciclo de Saros: un periodo de aproximadamente 18 años y 11 días tras el cual el Sol, la Luna y la Tierra repiten sus posiciones relativas.
Este ciclo ha sido la herramienta fundamental para predecir eclipses durante siglos. Incluso permitió a figuras como Aristóteles utilizar la sombra circular de la Tierra sobre la Luna para probar que nuestro planeta es una esfera, o a Aristarco de Samos estimar la distancia entre la Tierra y el Sol.
El mediodía que se hizo medianoche
España tiene su propio hito en esta cronología científica. En la Salamanca de 1478, el astrónomo Abraham Zacut documentó un eclipse total de Sol «distinto a todo lo que se había visto». Según sus escritos, el cielo se oscureció a mediodía como si fuese medianoche durante más de cinco minutos.
Zacut, autor del Almanach perpetuum, perfeccionó las tablas de predicción que incluso Cristóbal Colón utilizaría años después. En 1504, atrapado en Jamaica, Colón usó su conocimiento sobre un eclipse lunar inminente para convencer a los nativos de que «la luz de la Luna les sería quitada» si no le proveían víveres, un episodio que ha pasado a la historia entre la realidad y la leyenda.
Un reloj que se retrasa
La información contenida en estos documentos antiguos tiene una utilidad científica inesperada: permite medir cómo cambia la rotación de nuestro planeta. Al comparar los registros históricos con los cálculos actuales, se ha podido estimar que el día se alarga debido a la atracción de la Luna.
Hace 2.000 años, un día terrestre era aproximadamente 3,4 centésimas de segundo más corto que hoy. Aunque parece una cifra insignificante, es una prueba de que el sistema Tierra-Luna es un mecanismo vivo que se modifica lentamente con el paso de los milenios.
La cita de 2026
Tras décadas de espera, la precisión de la mecánica celeste señala al 12 de agosto de 2026 como la primera gran cita. Esa tarde, la sombra de la Luna entrará por Asturias y atravesará el norte de la península hasta despedirse en las Islas Baleares justo al atardecer.
Para este evento, los expertos recomiendan buscar lugares con el horizonte oeste despejado, ya que el eclipse ocurrirá en la dirección donde se pone el Sol. Será el inicio de una secuencia que continuará el 2 de agosto de 2027 con otro eclipse total en el extremo sur —con Ceuta y Melilla como puntos privilegiados— y un eclipse anular en enero de 2028.
Cómo prepararse para los eclipses
Observar un eclipse total es una experiencia que requiere planificación. Dado que se esperan grandes desplazamientos, las autoridades científicas aconsejan llegar al lugar de observación al menos un día antes para evitar colapsos de tráfico.
Además de las imprescindibles gafas protectoras, es vital consultar los mapas del Instituto Geográfico Nacional (IGN) para situarse exactamente bajo la franja de totalidad. Solo desde ahí se podrá ver cómo el cielo se oscurece por completo y aparecen las estrellas en pleno día, repitiendo el espectáculo que tanto asombró a nuestros antepasados.




