Imagen de recurso: Los modelos animales permiten estudiar efectos de los edulcorantes a través de las generaciones.
Los edulcorantes artificiales, utilizados habitualmente como alternativa saludable al azúcar, podrían tener efectos en la salud que se transmiten a la descendencia. Un estudio en ratones indica que sustancias como la sucralosa y la stevia alteran la microbiota y la expresión genética, aumentando potencialmente la vulnerabilidad a trastornos metabólicos en las siguientes generaciones.
Por: A. Lagar | 12 de abril de 2026
Al elegir la versión sin calorías de un refresco, el objetivo suele ser mejorar la salud o controlar el peso. Sin embargo, lo que parece una decisión individual podría tener un eco inesperado en el futuro. Una investigación reciente sugiere que los efectos de estos aditivos no nutritivos no se limitan a quien los consume, sino que podrían alcanzar a hijos y nietos.
Científicos de la Universidad de Chile han observado que el consumo de edulcorantes artificiales en ratones provoca cambios en el metabolismo y en el microbioma intestinal que persisten a lo largo del tiempo. Estos hallazgos plantean interrogantes sobre cómo influyen estas sustancias en el organismo de formas que aún no se comprenden totalmente.
Un seguimiento a través del tiempo
Para entender este fenómeno, los investigadores trabajaron con 47 ratones divididos en tres grupos. Uno recibió agua pura, otro agua con sucralosa y el tercero agua con stevia, en dosis comparables a las que consumiría un ser humano. El equipo realizó un seguimiento exhaustivo durante dos generaciones consecutivas, en las cuales los descendientes solo bebieron agua sola.
El uso de modelos animales permitió aislar el efecto de los edulcorantes en un entorno controlado. Los científicos evaluaron la resistencia a la insulina mediante pruebas de tolerancia a la glucosa y analizaron muestras fecales para detectar variaciones en la microbiota y en los ácidos grasos de cadena corta, elementos clave que pueden modificar la expresión de los genes.
El impacto de los edulcorantes artificiales
Los resultados revelaron que ambos edulcorantes alteran el equilibrio intestinal. Aunque los ratones mostraron microbiomas más diversos, las concentraciones de ácidos grasos de cadena corta —metabolitos beneficiosos producidos por las bacterias— fueron más bajas. Esta reducción también se manifestó en las generaciones posteriores.
En cuanto a la genética, la sucralosa activó genes vinculados a la inflamación y redujo la actividad de aquellos relacionados con el metabolismo. Estos cambios epigenéticos se mantuvieron durante dos generaciones. Por su parte, la stevia también influyó en la expresión génica, aunque sus efectos fueron menores y no se extendieron más allá de la primera generación.
Diferencias entre sexos y sustancias
El estudio detectó que los efectos variaban según el edulcorante y el sexo de la cría. En la primera generación, solo los machos del grupo de sucralosa mostraron intolerancia a la glucosa. Sin embargo, en la segunda generación, se observó glucosa elevada en ayunas tanto en los machos descendientes de la sucralosa como en las hembras del grupo de stevia.
La sucralosa mostró efectos más consistentes y persistentes. Los ratones afectados por este edulcorante presentaron una mayor cantidad de especies bacterianas patógenas y menos bacterias beneficiosas en sus heces, una tendencia que, aunque tendió a disminuir en la segunda generación, fue más grave que en el caso de la stevia.
Señales biológicas tempranas
Los autores del estudio aclaran que los animales no desarrollaron diabetes, pero sí mostraron señales biológicas sutiles. Estos cambios en la regulación de la glucosa y la actividad genética podrían aumentar la susceptibilidad a sufrir trastornos metabólicos si se dan condiciones adicionales, como el consumo de una dieta rica en grasas.
Es importante destacar que el estudio establece asociaciones y no una relación de causalidad directa, además de que los resultados en ratones no se replican de forma exacta en humanos. La investigación subraya la necesidad de moderar el consumo de estos aditivos y continuar estudiando sus consecuencias biológicas a largo plazo.
Citas: Concha Celume F, Pérez-Bravo F, Magne F, Olivares R and Gotteland M (2026) Artificial and natural non-nutritive sweeteners drive divergent gut and genetic responses across generations. Front. Nutr. 13:1694149. doi: 10.3389/fnut.2026.1694149




