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València estrena el primer centro veterinario de España que se dedica en exclusiva a cuidar y esterilizar a los gatos de las colonias felinas.
Un búnker sanitario para 22.000 felinos
La gestión de los animales que habitan en las calles suele ser uno de los grandes quebraderos de cabeza para cualquier Ayuntamiento. València ha decidido atajar el problema con una infraestructura fija. El nuevo centro de atención, cuidado y esterilización no es un refugio al uso; es un centro operativo diseñado para dar respuesta sanitaria a los aproximadamente 22.000 gatos comunitarios que se reparten por las más de 600 colonias de la ciudad.
Ubicado en la rotonda de la plaza de Saragossa, el edificio ha pasado de estar en desuso a albergar equipamiento médico de última generación. Con una inversión municipal de 60.000 euros, el espacio se ha dotado de:
- Quirófano con dos unidades quirúrgicas simultáneas.
- Sala de rayos X para diagnósticos por imagen.
- Laboratorio completo con maquinaria para analíticas de sangre y otros parámetros.
- Zonas de recuperación postoperatoria y vestuarios para el personal.
El caso de Pepa: la primera vida salvada
No se trata solo de esterilizar para controlar la población, aunque ese sea el objetivo principal para cumplir con el método CER (captura, esterilización y retorno). El primer día de apertura ya puso a prueba al equipo médico con el caso de Pepa, una gata adulta que llegó para una intervención rutinaria.
Durante la revisión, los veterinarios detectaron que sufría una piometra, una infección uterina que resulta mortal en cuestión de semanas si no se interviene quirúrgicamente. Al ser detectada en el centro, Pepa fue operada de urgencia. Según los datos técnicos, de haber seguido en la calle sin esta infraestructura, su esperanza de vida no habría superado el mes.
Gestión pública y voluntariado de las colonias felinas
El funcionamiento del centro no será de acceso libre, sino que se organizará mediante un sistema de citas programadas. Esto busca optimizar las 2.000 esterilizaciones anuales que el consistorio ya venía realizando, pero ahora centralizando el proceso en instalaciones propias.
Además de la labor médica, el centro tiene una vertiente administrativa y formativa ubicada en su planta superior. Aquí se coordinará la labor de las 450 personas voluntarias que, de forma altruista, se encargan del día a día de las colonias.
El Ayuntamiento no solo reparte carnés oficiales a estos cuidadores, sino que imparte cursos de formación obligatorios para garantizar que el manejo de los animales sigue los estándares de bienestar animal.
El III Plan Colonial Felino
La apertura de este centro se enmarca en una estrategia más amplia que incluye la redacción del III Plan Colonial Felino. El objetivo es ambicioso: registrar y censar individualmente a cada gato de calle en València para tener un control real sobre la población.
Para mejorar la convivencia vecinal y la higiene urbana, el Ayuntamiento también ha implementado otras medidas paralelas:
- Presupuesto para alimentación: 50.000 euros destinados exclusivamente a comida.
- Infraestructura urbana: Sustitución de puntos de alimentación improvisados por casetas comedero homologadas.
- Control sanitario: El mapeo de colonias permite reducir conflictos por maullidos o peleas al estabilizar la salud y el carácter de los animales.
El marco legal
Esta iniciativa responde a las exigencias de la Ley estatal 7/2023 de Bienestar Animal y la Ley autonómica 2/2023, que traspasan a los ayuntamientos la responsabilidad directa sobre los gatos de calle. Al centralizar la atención en un edificio municipal especializado, València busca adelantarse a los problemas de salud pública y sobrepoblación, transformando la gestión de las colonias en un servicio público reglado.
Queda por ver si este modelo de gestión directa mediante clínica propia es más eficiente a largo plazo que la externalización del servicio a clínicas privadas, pero de momento, la ciudad ya tiene su primer centro de referencia nacional en la materia.
Al final, parece que los gatos de València han encontrado un aliado inesperado en una rotonda, demostrando que a veces un edificio olvidado puede ser la diferencia entre un mes de vida o muchos años de ronroneos.
