Imagen: Ministerio del Interior
*Este contenido tiene carácter estrictamente informativo y los hechos descritos se consideran presuntos hasta la resolución.
Cinco detenidos por trata de mujeres en prostíbulos de Soria y Castellón. La red empleaba rituales de santería para someterlas psicológicamente.
Por A. Lagar | 14 de agosto de 2026
Cómo operaba la red de de trata de mujeres desmantelada
Detrás de una supuesta actividad de alquiler de habitaciones se escondía un entramado delictivo estructurado para lucrarse a costa de mujeres en situación de extrema vulnerabilidad.
Agentes de la Policía Nacional han arrestado a cinco personas acusadas de integrar una organización dedicada presuntamente a la trata de seres humanos con fines de explotación sexual, delitos relativos a la prostitución y contra la salud pública.
Los dos puntos principales donde se ejercía esta actividad se ubicaban en inmuebles de la ciudad de Soria y del municipio de Burriana, en la provincia de Castellón.
La intervención policial comenzó a gestarse en febrero, momento en que los investigadores recibieron la declaración directa de una de las víctimas.
La mujer explicó a los agentes cómo la captaron en su país de origen en Sudamérica, aprovechando sus dificultades económicas, para trasladarla bajo engaño hasta España.
Una vez aquí, descubrió que el viaje tenía como único destino la prostitución forzada en estos locales.
A partir de ese testimonio, las pesquisas policiales confirmaron un reparto organizado de tareas: unos miembros captaban, otros gestionaban los traslados y alojamientos, mientras un quinto integrante asumía la dirección y coordinación de toda la trama.
El método de captación mediante el sistema de plazas y reparto de dinero
La organización no limitaba su actividad a traer mujeres desde el extranjero.
De forma paralela, captaban a mujeres sudamericanas que ya se encontraban residiendo en España a través de una fórmula denominada sistema de «plazas».
Con este mecanismo, ofrecían alojamiento temporal a personas necesitadas de ingresos, aunque ese espacio físico era en la práctica el lugar donde las obligaban a atender a los clientes.
Las condiciones económicas que imponía la red eran leoninas.
Del total recaudado por cada servicio sexual prestado, los cabecillas se quedaban con el 50 % de las ganancias, dejando a las víctimas únicamente con la otra mitad.
Asimismo, los responsables de la trama empujaban presuntamente a las mujeres a contactar con conocidas o familiares en situaciones de precariedad para atraerlas al negocio, ampliando la estructura y manteniendo un flujo constante de personas dentro de los locales.
Santería y contratos de alquiler simulados para anular la voluntad de las víctimas
Para evitar denuncias y garantizar que las mujeres permanecieran bajo su dominio, los líderes del entramado empleaban mecanismos de presión psicológica continuada.
Uno de los métodos más utilizados eran los rituales de santería, una práctica con fuerte arraigo cultural en los países de procedencia de las víctimas, que servía para infundirles temor y doblegar su capacidad de decisión.
En el plano legal, la red obligaba a las víctimas a firmar contratos de arrendamiento ficticios.
El propósito de estos documentos era simular un alquiler de vivienda convencional ante posibles inspecciones y descargar cualquier responsabilidad penal sobre las propias ocupantes.
La realidad dentro de los inmuebles era muy distinta: los dormitorios estaban reservados para los servicios con clientes, impidiendo que las mujeres durmieran allí.
El descanso se limitaba a una zona común compartida, repleta de camas y un sofá.
La disponibilidad exigida era total e ininterrumpida las 24 horas del día.
En diversos casos, las víctimas eran obligadas a mantener relaciones sin métodos de protección o a consumir sustancias estupefacientes si los clientes lo solicitaban.
Para incrementar el margen de beneficio, la organización distribuía medicamentos para la disfunción eréctil en los mismos prostíbulos, canalizando los ingresos en metálico y mediante datáfonos de cobro con tarjeta bancaria instalados en las dependencias.
El balance del operativo policial: detenciones, registros y medidas
El dispositivo de la Policía Nacional concluyó con cinco arrestos distribuidos en tres provincias diferentes: tres detenciones en Soria, una en Burgos y una en Murcia.
Los agentes llevaron a cabo dos entradas y registros en los inmuebles que funcionaban como prostíbulos.
En su interior intervinieron documentación contable vinculada a la explotación de las mujeres y partidas de fármacos contra la disfunción eréctil listos para su venta.
Además, el juzgado encargado del caso decretó medidas cautelares sobre uno de los edificios utilizados por la red para clausurar de forma efectiva su funcionamiento.
Preguntas frecuentes
¿Dónde se ubicaban los prostíbulos controlados por la organización?
Los locales inspeccionados por los agentes se encontraban en las localidades de Soria y Burriana, en la provincia de Castellón.
¿Cuántas personas han sido detenidas en la operación?
La Policía Nacional ha detenido a cinco personas repartidas en las provincias de Soria (3), Burgos (1) y Murcia (1).
¿Cómo captaba la red a las víctimas?
Engañaban a mujeres sudamericanas en situación de vulnerabilidad en sus países de origen y captaban a residentes en España mediante falsas ofertas de alojamiento.
¿Qué métodos de coacción utilizaba el entramado criminal?
Sometían a las mujeres con rituales de santería para generar dependencia psicológica y les hacían firmar contratos de alquiler falsos para eludir controles.
¿Qué material intervinieron los agentes durante los registros?
Se incautó documentación sobre la actividad ilícita, datáfonos de cobro con tarjeta y fármacos para la disfunción eréctil destinados a la venta.
