Imagen cortesía de Filmin
Filmin estrena el 29 de mayo la premiada película iraquí de Hasan Hadi, ‘La tarta del presidente’, un relato sobre la infancia bajo el régimen de Sadam Huseín.
Por: A. Lagar | 26 de mayo de 2026
El viaje de Bagdad a los Óscar aterriza en Filmin
El cine internacional tiene una nueva cita imprescindible.
Filmin estrena en exclusiva el próximo 29 de mayo La tarta del presidente, el debut en el largometraje del cineasta iraquí Hasan Hadi.
La producción llega precedida de un recorrido impecable por el circuito de festivales de primer nivel.
La crítica internacional respaldó con fuerza esta propuesta en el Festival de Cannes 2025.
Allí consiguió la Cámara de Oro a la mejor ópera prima y el Premio del Público en la Quincena de Cineastas, pero el reconocimiento no terminó en la costa francesa.
Irak seleccionó oficialmente la película como su candidata para competir en los premios Óscar en la categoría de mejor película internacional.
Hadi construye el relato desde sus vivencias personales. El director filmó la obra íntegramente en suelo iraquí.
La propuesta formal combina el tono de un relato iniciático con los códigos del neorrealismo y la fábula política.
El resultado ofrece una perspectiva inusual de la vida en el país durante la década de los noventa. El miedo convive con la inocencia y las estrategias de supervivencia diaria bajo la dictadura de Sadam Huseín.
Una tarta de cumpleaños bajo la sombra
La trama se ambienta en el Irak de los años noventa. Una niña llamada Lamia recibe un encargo oficial ineludible: debe preparar una tarta con motivo del cumpleaños del dictador Sadam Huseín.
La tarea activa una odisea urbana. Lamia arranca un viaje por Bagdad junto a su amigo Saeed y su gallo Hindi. Los personajes buscan los ingredientes necesarios para cumplir la orden.
El trayecto se transforma en una sucesión de peripecias que alteran por completo la rutina de los pequeños protagonistas.
Hasan Hadi utiliza la mirada infantil para levantar un fresco marcadamente político. El director viaja a sus propios recuerdos de infancia y analiza cómo la violencia y las decisiones arbitrarias del poder político se colaban en las acciones más ordinarias de la población.
El realizador plantea dudas que le acompañan hasta hoy como adulto y se pregunta qué es moral ante la injusticia y si el silencio propio equivale a la complicidad. La sensación de peligro constante domina el metraje.
El neorrealismo puro de Hasan Hadi en el Irak real
El director comparte experiencias que marcaron el tono del filme. Recuerda el día en que unos soldados entraron en su hogar buscando a su progenitor. El pánico provocó que su abuela olvidara su propio nombre ante los militares.
Esa combinación de absurdo, fragilidad y terror real nutre la película. Una acción sencilla se convierte en una zona de riesgo por la presión del entorno autoritario.
Hadi define la obra como un espejo invertido donde los menores actúan como adultos y los adultos se comportan como menores. El dictador funciona como el niño más caprichoso del país.
La producción rechazó ofertas para grabar fuera de las fronteras iraquíes. Hadi apostó por la autenticidad geográfica y cultural para alejarse de los clichés occidentales que vinculan el territorio solo con la destrucción bélica. El reparto cuenta exclusivamente con intérpretes no profesionales.
El equipo seleccionó los rostros recorriendo barrios y aldeas. Buscaron la máxima naturalidad en un entorno sin escuelas de actuación infantil. La cámara retrata calles polvorientas y mercados improvisados con una sensibilidad visual que deja espacio para el humor y la ternura en mitad de la dureza histórica.