Imagen: CSIC
La fecundación in vitro ha cruzado una frontera científica al lograr el nacimiento de los tres primeros ejemplares de cabras monteses del mundo con óvulos y esperma de animales fallecidos.
Por A. Lagar | 24 de junio de 2026
¿Qué ha pasado exactamente con la cabra montés en España?
Imagínate que una especie emblemática de nuestra península sufre una catástrofe o una enfermedad letal y se extingue una de sus poblaciones.
Hasta ahora, las opciones para solucionarlo eran limitadas.
Sin embargo, un equipo del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha cambiado las reglas del juego.
Han conseguido que nazcan tres ejemplares de cabra montes (Capra pyrenaica) utilizando gametos (óvulos y espermatozoides) extraídos de animales que ya habían fallecido.
Esta especie es endémica de la península ibérica, lo que significa que solo vive aquí de forma natural.
Aunque la veas habitualmente en algunas sierras, la realidad es que está expuesta a amenazas serias.
El aislamiento de ciertos grupos las vuelve muy vulnerables a brotes infecciosos.
De hecho, la historia nos recuerda que ya perdimos para siempre a subespecies como la cabra montés lusitánica o el bucardo, cuyo último ejemplar murió en el Pirineo aragonés en el año 2000.
Este nuevo avance busca, precisamente, que esa historia no se vuelva a repetir.
¿Cómo funciona la fecundación in vitro con animales fallecidos?
El proceso científico parece sacado de un laboratorio de criogenización avanzado, pero es ciencia pura y dura.
Los investigadores recogieron los ovarios y testículos de ejemplares muertos en la Reserva Nacional de Caza de Sonsaz, en Madrid, y en la Reserva Andaluza de Caza de las Sierras de Tejeda y Almijara, en Málaga.
El primer reto crítico fue el tiempo: para que los espermatozoides mantengan intacta su capacidad de fecundar, los científicos deben extraerlos durante las primeras ocho horas tras la muerte del animal.
Una vez obtenidos, los espermatozoides se congelan en nitrógeno líquido a temperaturas extremas de casi -200 grados centígrados para que no sufran ningún tipo de deterioro.
Por otro lado, del tejido de las hembras fallecidas se extraen los ovocitos, que son las células reproductoras femeninas o el óvulo inmaduro.
Estos ovocitos se maduran artificialmente en el laboratorio y se juntan con el esperma descongelado dentro de un medio de cultivo específico llamado TALP.
Como este líquido se diseñó originalmente para la reproducción de vacas, el equipo tuvo que optimizar las condiciones para adaptarlas a la cabra montés.
Tras la fecundación, los embriones se desarrollan hasta una fase celular llamada blastocisto.
¿Qué ventajas ofrece la vitrificación frente a los métodos antiguos?
En el año 2006, la ciencia ya lograba congelar esperma de machos, pero eso dejaba una gran vía de agua: solo se guardaba la mitad de la información genética de la especie y no permitía conservar la línea femenina.
La gran novedad de esta investigación es que, al lograr la fecundación in vitro post-mortem, se pueden congelar los embriones completos mediante un proceso llamado vitrificación.
La vitrificación es un método de congelación ultrarrápida.
Al bajar la temperatura a toda velocidad, el líquido celular se solidifica sin formar cristales de hielo, lo que impide que las paredes de las células se rompan o se dañen.
Gracias a esto, se abren las puertas para crear bancos de embriones criopreservados de animales que han sido abatidos o que han muerto por causas naturales.
Si ocurre un desastre ecológico, un virus letal o una catástrofe, la ciencia tiene guardada la receta genética completa para reconstitución de una población entera desde cero.
¿Cómo se gestaron los embriones y cuáles han sido los resultados?
Una vez que los investigadores tuvieron listos los embriones vitrificados, llegó el momento de la verdad: la transferencia al útero.
El equipo seleccionó a cinco hembras receptoras de cabra doméstica y coordinó sus ciclos mediante un tratamiento hormonal para que sus cuerpos estuvieran perfectamente sincronizados y listos para aceptar el embrión.
Al implantarse con éxito, las madres de alquiler llevaron adelante el embarazo y parieron crías que genéticamente pertenecen al 100% a los ejemplares donantes salvajes.
El resultado final de este ensayo ha sido el nacimiento de tres cabras monteses.
El estado actual de los animales es variado: dos de ellos son machos, gozan de un perfecto estado de salud y siguen creciendo con total normalidad.
Por desgracia, la tercera cría falleció poco después de nacer debido a que la madre receptora no produjo calostro, que es la primera leche materna ultra-nutritiva y cargada de defensas que necesitan los mamíferos al nacer.
A pesar de esta pérdida, el nacimiento de ejemplares sanos valida por completo la viabilidad del método.
¿Hasta dónde puede llegar esta tecnología de reproducción asistida?
La aplicación con éxito de esta tecnología en un íbice —el término científico para referirse a las cabras salvajes— sienta un precedente mundial en la conservación ex situ, es decir, la que se realiza fuera del hábitat natural del animal.
Hasta la fecha, este procedimiento jamás se había logrado completar con éxito en ninguna especie de este tipo.
Los científicos que han liderado el proyecto apuntan a que estas mismas herramientas se pueden exportar para proteger a otros mamíferos de montaña que se encuentran en peligro crítico de extinción en distintas partes del planeta.
Entre los candidatos principales para beneficiarse de estos bancos de embriones congelados se encuentran el íbice etíope, el íbice nubio, el arruí egipcio y el arruí del Sáhara.
¿Cuáles son las certezas y limitaciones de este avance del INIA-CSIC?
El análisis de los datos de la investigación refleja un avance técnico indiscutible: se ha demostrado que es posible generar nacimientos de Capra pyrenaica viables utilizando material genético extraído hasta ocho horas después de la muerte del animal.
El nacimiento de dos machos que se desarrollan con normalidad valida la eficacia de la vitrificación de embriones y su posterior implantación en madres de otra especie.
Sin embargo, los datos también obligan a mantener la cautela respecto a la tasa de éxito total, ya que de cinco hembras implantadas nacieron tres crías, y una de ellas falleció por fallos biológicos en la lactancia de la madre receptora.
La técnica funciona y abre la vía para salvaguardar subespecies amenazadas, pero el éxito de los bancos de embriones a gran escala dependerá de seguir puliendo la compatibilidad y la respuesta post-parto de las hembras de alquiler.