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Batallas decisivas, epidemias, magnicidios y giros políticos: la inquietante lista de eclipses que coincidieron con los momentos más drásticos del país desde el año 711.
Por A. Lagar | 07 de agosto de 2026
Hay coincidencias en los libros de historia que rozan lo inquietante.
Durante los últimos trece siglos, cada vez que la Luna decidió tapar el Sol sobre la península ibérica, abajo, en la Tierra, algo estaba a punto de saltar por los aires.
Reyes que caían, imperios que se tambaleaban, mentiras desesperadas para salvar la vida o giros políticos imprevisibles.
Esta es la crónica de las doce ocasiones en las que el cielo español se apagó y la historia cambió para siempre.
Guadalete (711): la penumbra que abrió las puertas a la España islámica
Imagínate la escena en el caluroso verano del año 711.
El reino visigodo, que llevaba más de dos siglos gobernando la península ibérica, se jugaba su supervivencia en las riberas del río Guadalete.
Las tropas del rey Don Rodrigo se enfrentaban al ejército bereber liderado por Tariq ibn Ziyad en un choque encarnizado a vida o muerte.
Justo en esos días de máxima tensión militar, el Sol perdió repentinamente gran parte de su brillo sobre el sur peninsular.
Aquel fenómeno no pasó desapercibido para nadie en el campo de batalla.
En una época dominada por las profecías y los augurios, un eclipse solar difícilmente podía interpretarse como un simple fenómeno natural.
Para muchos, era un mensaje del cielo que anunciaba un cambio de destino.
La Crónica Mozárabe de 754, el relato cristiano más cercano en el tiempo a la conquista islámica, refleja el profundo sentimiento de catástrofe que dejó aquella campaña con estas palabras:
«¿Quién podrá narrar tan grandes peligros? ¿Quién podrá enumerar tan desastrosos infortunios?…»
Y, al describir las consecuencias de la derrota visigoda, añade:
«Con el fuego deja asoladas hermosas ciudades, reduciéndolas a cenizas; manda crucificar a los señores y nobles y descuartiza a puñaladas a los jóvenes y lactantes… Así, aterrorizando a todos con semejantes males, obliga a las ciudades restantes a pedir la paz.»
Para los contemporáneos, la derrota de Guadalete marcó el inicio del derrumbe del reino visigodo.
Pocas semanas después, Don Rodrigo desaparecía para siempre sin dejar rastro en las orillas del río, sellando la descomposición del reino de Toledo y dando comienzo a la rápida conquista islámica y al posterior asentamiento andalusí en la península ibérica.

El rugido del Norte sobre el Duero (878)
Avanzamos un siglo en el calendario y nos trasladamos al otoño del año 878.
El Emirato de Córdoba, en pleno auge de su poderío militar bajo el mandato de Mohamed I, decidió lanzar una gran ofensiva hacia el norte.
El objetivo era aplastar al joven Reino de Asturias, que avanzaba conquistando posiciones estratégicas en la cuenca del río Duero.
Las espadas estaban en alto cerca de la localidad zamorana de Polvoraria, a orillas del río Órbigo.
El 29 de octubre de 878, ocurrió lo inesperado.
El cielo del noroeste ibérico se volvió completamente negro a mitad de jornada, sumiendo a los campos de Castilla en una oscuridad propia de la medianoche.
Pocas horas después del fenómeno, los guerreros asturianos de Alfonso III infligieron una derrota devastadora a la vanguardia cordobesa.
La Batalla de Polvoraria no solo detuvo en seco las acometidas del Emirato, sino que infundió en los reinos cristianos la convicción divina de que la Reconquista era un destino escrito en las estrellas.

El año en que el aire se volvió veneno (1348)
En la primavera de 1348, los campesinos de la Corona de Aragón y de la Corona de Castilla presenciaron aterrorizados cómo un eclipse solar total borraba el astro rey a mitad de camino entre la mañana y la tarde.
En aquella Europa del siglo XIV, carente de telescopios y de conocimientos astrofísicos, la medicina oficial de las universidades explicaba las enfermedades mediante la teoría de las miasmas.
Médicos y astrólogos concluyeron que la alineación del Sol y la Luna alteraba las masas de aire, «corrompiendo la atmósfera» y trayendo castigos celestes.
La trágica coincidencia no tardó en materializarse.
Apenas unas semanas después del eclipse, las galeras genovesas atracaban en los puertos levantinos transportando a las pulgas infectadas con la bacteria Yersinia pestis.
La Peste Negra irrumpió con una virulencia destructiva jamás vista, exterminando a más de un tercio de la población peninsular, paralizando las cosechas y deteniendo durante años las campañas militares de los reyes ibéricos.
Colón y el mapa imposible del Nuevo Mundo (1494)
Nos situamos en septiembre de 1494.
Cristóbal Colón se encontraba inmerso en su Segundo Viaje al Caribe y tenía un dolor de cabeza monumental: la ciencia europea no lograba medir con precisión la distancia longitudinal real que separaba las Antillas del puerto de Palos de la Frontera.
Sabiendo que el 14 de septiembre de 1494 se produciría un eclipse lunar total visible tanto en Europa como en el Caribe, el almirante se preparó en la isla de La Española con sus instrumentos de medición.
Su idea era genial: comparar la hora local en la que el eclipse empezaba a oscurecer la Luna en el Caribe con la hora registrada en las tablas astronómicas europeas.
Aunque Colón cometió importantes errores de cálculo debido a la imprecisión de los relojes de arena de la época, aquel experimento pasó a la historia de la navegación como el primer intento astronómico de cartografiar las dimensiones reales del mundo recién descubierto para la Corona de Castilla.
El truco cósmico que salvó una vida (1504)
Diez años más tarde, en febrero de 1504, la suerte de Cristóbal Colón se había agotado.
Atrapado en las playas de Jamaica durante su Cuarto Viaje con sus carabelas carcomidas por la broma, un molusco que perforaba la madera de los barcos y su tripulación exhausta, el almirante rozaba la muerte.
Los habitantes de Jamaica, cansados de mantener durante meses a los náufragos españoles y tras el deterioro de las relaciones con parte de la expedición, dejaron de suministrarles alimentos.
La expedición quedó al borde de la inanición.
Revisando desesperado sus libros de a bordo, Colón topó con el Almanach Perpetuum del astrónomo judeoespañol Abraham Zacuto.
Allí figuraba una predicción matemática clave: la noche del 29 de febrero de 1504 habría un eclipse lunar total.
Colón convocó a los caciques locales y les soltó un farol histórico.
Les dijo que el Dios cristiano estaba furioso por su falta de caridad y que esa misma noche «quitaría la luz del cielo y teñiría la Luna de sangre» como castigo previo a su destrucción.
Cuando la sombra terrestre empezó a devorar el disco lunar y la Luna adquirió un inquietante tono rojizo, el eclipse impresionó profundamente a los habitantes de la isla.
Poco después, los caciques aceptaron reanudar el suministro de provisiones, lo que permitió a la expedición sobrevivir hasta la llegada del rescate.
El aviso celestial a Barbarroja (1535)
En la primavera de 1535, los puertos de la península ibérica contenían la respiración.
El emperador Carlos V había decidido liderar en persona la mayor expedición naval de su reinado: la Jornada de Túnez.
El objetivo de la Monarquía Hispánica era arrebatar el control del norte de África al temido almirante otomano Jeireddín Barbarroja, cuya flota corsaria asolaba permanentemente las costas de Valencia, Cataluña y las Islas Baleares.
Mientras más de 300 navíos alineaban sus cañones en el puerto de Barcelona, un eclipse de Sol cubrió parcialmente el firmamento peninsular el 18 de abril de 1535.
Como era habitual en la Europa del siglo XVI, astrólogos y cronistas interpretaron el eclipse como un presagio de grandes acontecimientos políticos y militares.
Para muchos contemporáneos, el fenómeno anunciaba que la inminente campaña de Carlos V contaba con el favor de la Providencia.
Pocas semanas después, las tropas españolas conquistaban la fortaleza de La Goleta y tomaban la ciudad de Túnez.

El fin del hombre más poderoso de España (1645)
Nos adentramos en el siglo XVII, el Siglo de Oro, una época en la que la fascinación por los presagios alcanzaba a todas las capas de la sociedad.
En agosto de 1645, Gaspar de Guzmán y Pimentel, más conocido como el Conde-Duque de Olivares, agonizaba en su destierro forzoso en la villa zamorana de Toro.
Durante más de dos décadas, como valido de Felipe IV, había sido el hombre más poderoso de la Monarquía Hispánica, dirigiendo la política del imperio en plena Guerra de los Treinta Años.
El 21 de agosto de 1645, justo cuando Olivares exhalaba su último aliento, un eclipse solar volvió a oscurecer parte del cielo de España.
Para muchos contemporáneos, la coincidencia tuvo un profundo valor simbólico.
No era un momento cualquiera para la época.
El imperio seguía inmerso en la Guerra de los Treinta Años mientras trataba de conservar su hegemonía en Europa frente a Francia, las Provincias Unidas y otros enemigos.
Al mismo tiempo, Cataluña llevaba cinco años sublevada en la Guerra dels Segadors y Portugal había roto con la Corona para proclamar rey a Juan IV, iniciando un conflicto que terminaría con su independencia.
A ese escenario se sumaban unas arcas exhaustas por décadas de guerras, el duro golpe moral de la derrota de Rocroi en 1643, que había cuestionado la invencibilidad de los Tercios, y el vacío político dejado por la caída del propio Olivares dos años antes.
En ese contexto, la desaparición temporal del Sol fue interpretada por muchos como el símbolo del ocaso de un hombre que había dominado la corte durante más de veinte años y como un oscuro reflejo de la crisis que amenazaba a la Monarquía.

Barcelona bajo las bombas de la Regencia (1842)
Damos un salto al convulso siglo XIX español, un periodo dominado por los levantamientos populares, los pronunciamientos militares y las luchas entre liberales y absolutistas.
El 8 de julio de 1842, un eclipse solar total de una calidad visual extraordinaria atravesó el norte de la península de oeste a este.
Miles de ciudadanos salieron a las plazas con cristales ahumados por velas para contemplar un espectáculo que no se repetía en décadas.
Sin embargo, la calma duró poco.
Aquel verano, el descontento social contra las políticas comerciales del Gobierno de la Regencia, encabezado por el general Baldomero Espartero, alcanzó su punto de ebullición.
En otoño estalló una insurrección masiva en las calles de Barcelona.
La crisis política se resolvió de la forma más trágica posible en diciembre de ese mismo año, cuando Espartero ordenó el histórico y demoledor bombardeo de la ciudad condal desde los cañones del castillo de Montjuïc, marcando el principio del fin de su mandato.
La dureza de la represión provocó una enorme indignación en todo el país y terminó aislando políticamente al regente.
Apenas siete meses después, en julio de 1843, un nuevo pronunciamiento militar lo obligó a abandonar España y partir al exilio en Inglaterra, poniendo fin a su Regencia.

Las vísperas de ‘La Gloriosa’ (1860)
El 18 de julio de 1860, España volvió la mirada al cielo.
Astrónomos llegados de la Real Sociedad de Londres, Francia y la propia España instalaron complejos observatorios y equipos fotográficos en distintos puntos de la Meseta y el Levante para documentar uno de los eclipses solares totales más importantes del siglo XIX.
El fenómeno no podía producirse en un momento más delicado.
España celebraba con fervor patriótico el final de la Guerra de África y la firma del Tratado de Wad-Ras, por el que consolidaba su presencia en el norte de Marruecos tras la victoria de las tropas dirigidas por los generales Leopoldo O’Donnell y Juan Prim.
Sin embargo, tras el entusiasmo por el eclipse y las recientes victorias militares, el reinado de Isabel II empezaba a mostrar profundas grietas.
La corrupción, la inestabilidad política y el creciente enfrentamiento entre las distintas familias del liberalismo erosionaban cada vez más la autoridad de la Corona.
Aquel clima de tensión no dejó de agravarse en los años siguientes.
Apenas ocho años después, la Revolución de 1868, conocida como ‘La Gloriosa’, pondría fin al reinado de Isabel II y obligaría a la reina a partir al exilio en Francia.

El rey, el Nobel y las revueltas de Barcelona (1905)
El 30 de agosto de 1905, la atención científica mundial se concentró de nuevo en España.
El primer gran eclipse solar total del siglo XX cruzó el norte y el este del país.
Entre los asistentes se encontraban el rey Alfonso XIII y Santiago Ramón y Cajal, que al año siguiente recibiría el Premio Nobel de Medicina.
Pero mientras los telescopios apuntaban a la corona solar, en la Tierra la estabilidad política del país comenzaba a resquebrajarse.
Aquel mismo año 1905 supuso uno de los golpes más duros para el sistema de la Restauración y el turno pacífico de partidos ideado por Cánovas del Castillo.
Tras la publicación de unos comentarios satíricos en la revista catalanista Cu-Cut!, decenas de oficiales del ejército asaltaron e incendiaron su redacción en Barcelona.
El Gobierno reaccionó suspendiendo las garantías constitucionales e impulsando la polémica Ley de Jurisdicciones.
Aquel episodio agravó la fractura entre el estamento militar, el catalanismo y buena parte de la sociedad civil, alimentando la creciente inestabilidad política que marcaría los años siguientes y que terminaría desembocando en episodios como la Semana Trágica de 1909, una violenta revuelta popular en Barcelona que dejó decenas de muertos, edificios religiosos incendiados y una profunda crisis política y social.


El eclipse de la desgracia y el disparo en Sol (1912)
Abril de 1912 comenzó marcando una de las páginas más negras de la historia contemporánea.
El 14 de abril, el flamante transatlántico Titanic se hundía en las frías aguas del Atlántico Norte, cobrándose más de 1.500 vidas.
Apenas tres días después de la tragedia naval, el 17 de abril de 1912, un extraño eclipse híbrido de Sol dejó parte de España sumida en una inquietante penumbra.
La coincidencia entre ambos acontecimientos alimentó el clima de conmoción que se respiraba en la prensa y entre una sociedad todavía acostumbrada a interpretar los grandes fenómenos celestes como presagios.
Las peores noticias del año, sin embargo, todavía estaban por llegar.
En noviembre de 1912, el presidente del Gobierno, el reformista liberal José Canalejas, caminaba prácticamente sin escolta por la Puerta del Sol de Madrid.

Mientras se detenía a observar los libros expuestos en el escaparate de la librería San Martín, el anarquista Manuel Pardiñas se acercó por detrás y le disparó tres veces a quemarropa.

El asesinato de Canalejas privó al sistema de la Restauración de uno de sus principales reformistas y agravó la crisis política que acabaría desembocando, poco más de una década después, en la dictadura de Primo de Rivera.

Llegamos a mediados del siglo XX.
En el otoño de 1959, la dictadura de Francisco Franco atravesaba la mayor crisis económica desde el final de la Guerra Civil.
Tras dos décadas de régimen autárquico, aislamiento diplomático y una economía fuertemente intervenida por el Estado, España había agotado buena parte de sus reservas de divisas y el modelo económico franquista daba muestras de agotamiento.
El 2 de octubre de 1959, un eclipse solar total cruzó el archipiélago canario y el territorio del Sáhara español, atrayendo a expediciones científicas internacionales.
Presionado por la gravedad de la situación económica, el régimen franquista se vio obligado a dar el giro ideológico más importante de su historia.
Hasta entonces, España había vivido bajo un modelo autárquico, basado en intentar producir dentro del país casi todo lo que consumía, con fuertes restricciones al comercio exterior, la inversión extranjera y la competencia internacional.
Pocos meses antes y después del eclipse, Franco puso en marcha el Plan de Estabilización de 1959, diseñado por los ministros tecnócratas.
El plan enterró el modelo económico autárquico, liberalizó parcialmente la economía, abrió las puertas al turismo y al capital extranjero y sentó las bases del llamado «milagro económico español» de los años sesenta.
Para rematar el cambio de rumbo, en diciembre de ese mismo año, Dwight D. Eisenhower aterrizaba en la base de Torrejón de Ardoz, convirtiéndose en el primer presidente de Estados Unidos en visitar España y otorgando al régimen el mayor respaldo internacional recibido hasta entonces, un impulso decisivo para consolidar su supervivencia durante las décadas siguientes.


Y en 2026… la historia vuelve a cruzarse con los astros
El próximo 12 de agosto de 2026, España volverá a convertirse en el epicentro astronómico del planeta.
Tras más de 120 años sin presenciar una penumbra total sobre el suelo peninsular, la sombra de la Luna atravesará el país desde la costa atlántica gallega hasta el archipiélago balear.
La cita de 2026 guarda además un aliciente sin precedentes en los registros históricos.
El eclipse se producirá a última hora de la tarde, justo cuando el Sol se encuentre rozando el horizonte oeste, y coincidirá esa misma noche con el pico de intensidad de la lluvia de estrellas de las Perseidas.
Con el Sol cubierto al atardecer y una noche posterior marcada por la ausencia absoluta de brillo lunar, la península ibérica disfrutará de una auténtica ‘doble noche’ astronómica.
Solo la historia dirá qué nuevo capítulo de nuestro destino comenzará a escribirse cuando la sombra vuelva a cubrir el país.
¿Y qué dicen quienes siguen interpretando los eclipses?
Si durante siglos reyes, cronistas y gobernantes vieron en los eclipses señales del destino, esa tradición sigue viva en algunos ámbitos hoy en día.
En un reciente programa de El Fortín del Coronel, junto a DamaStral, se analiza el eclipse del 12 de agosto de 2026 desde la perspectiva de la astrología.
El espacio aborda cómo la posición de distintos astros y las cartas astrales de figuras de la actualidad política podrían influir, según esta disciplina, en los próximos meses de la política española.
Sin duda, una visión diferente y muy interesante que te recomiendo y que te dejo a continuación.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo ocurrió el primer eclipse registrado en la historia de España?
El eclipse solar del 19 de julio del año 711 es uno de los primeros documentados en crónicas medievales, coincidiendo con la histórica Batalla de Guadalete.
¿Qué relación tuvo Cristóbal Colón con los eclipses en sus viajes?
Colón utilizó el eclipse lunar de 1494 para calcular la longitud del Nuevo Mundo y el «eclipse de sangre» de 1504 en Jamaica para conseguir alimentos de los nativos.
¿Por qué fue famoso el eclipse solar de 1905 en España?
Fue un gran hito científico observado por el rey Alfonso XIII y Santiago Ramón y Cajal, coincidiendo además con la grave crisis política del asalto a la revista Cu-Cut! en Barcelona.
¿Qué ocurrió durante el eclipse solar de 1959 en el franquismo?
Coincidió con el Plan de Estabilización Económica que puso fin a la autarquía en España y con la histórica visita del presidente estadounidense Dwight D. Eisenhower a Madrid.
¿Por qué el eclipse solar de agosto de 2026 será un evento histórico?
Será el primer eclipse solar total peninsular en más de 120 años y coincidirá esa misma noche con la máxima actividad de la lluvia de estrellas de las Perseidas.