Recreación digital de recurso
Los osos pardos de la cordillera cantábrica han mostrado trucos visuales para aparentar un tamaño superior.
Por A. Lagar | 24 de julio de 2026
¿Por qué hay animales que exageran su tamaño en la montaña?
Imagina que entras a un bar, ves a alguien que te duplica la masa muscular y decides ponerte de puntillas para no parecer una presa fácil.
Eso mismo han hecho algunos ejemplares en los bosques del norte de España.
La comunicación entre animales se basa en emitir señales claras sobre la edad, el sexo o la fuerza física.
En el caso del oso pardo (Ursus arctos), la altura a la que deja sus marcas químicas al frotarse y sus arañazos en los troncos determina su estatura real.
Si un rival detecta una huella de olor a dos metros del suelo, asume que quien la dejó mide eso apoyado en sus patas traseras.
Sin embargo, no todos juegan limpio cuando la física no les acompaña.
¿Qué investigó el equipo científico en la cordillera cantábrica?
Un grupo internacional de científicos, con la participación del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), decidió monitorizar a la población de esta especie para entender la precisión de sus marcas.
Colocaron cámaras de fototrampeo —dispositivos automáticos que se activan con el movimiento— en 14 puntos de marcaje repartidos por la cordillera cantábrica.
El despliegue analizó a 164 individuos diferentes entre los años 2021 y 2024.
Los científicos colocaron plataformas artificiales junto a árboles y postes habitualmente usados para el rascado.
El objetivo era registrar si los animales aprovechaban estas estructuras para colocar marcas visuales y olorosas por encima de su alcance natural.
En total, acumularon 117.000 horas de grabación para rastrear cada movimiento.
¿Cómo lograron alterar la altura de sus marcas?
Analizando el material en vídeo, los investigadores descubrieron que siete machos (entre ejemplares jóvenes y adultos) modificaron la posición de sus señales.
Esta cifra representa el 4,3% de los osos observados en el estudio publicado en la revista Journal of Mammalogy.
Para lograrlo, utilizaron dos métodos específicos:
- Uso de estructuras: Se subieron a las plataformas instaladas por los científicos para frotarse a mayor altura.
- Escalada directa: Treparon por los troncos y ramas para fijar sustancias y cortes lejos de la superficie del suelo.
En uno de los registros de 2021, los biólogos hallaron una señal visual colocada a tres metros de altura.
Un oso pardo erguido sobre sus patas traseras alcanza como máximo dos metros desde el suelo.
Justo debajo del arañazo de tres metros, el equipo detectó una rama rota, lo que indica que el ejemplar se subió a ella para dejar el rastro.
Tipo de marca: Señal química y visual
Altura normal erguido: Hasta 2 metros
Altura detectada con truco: Hasta 3 metros
Método utilizado: Trepar a ramas o usar plataformas
¿Qué beneficios obtienen con este comportamiento?
Subir un metro el nivel del olor tiene un objetivo práctico: evitar el enfrentamiento físico.
Para un macho joven o un ejemplar no dominante, parecer más grande actúa como un elemento disuasorio frente a machos de mayor envergadura.
Un combate directo entre dos animales de cientos de kilos implica heridas graves o un gasto de energía desmedido.
Simular una estatura mayor aporta ventajas inmediatas:
- Reducción de peleas: Mantiene alejados a competidores que prefieren no arriesgarse contra un rival aparentemente enorme.
- Oportunidades reproductivas: Un estatus percibido como dominante facilita el acceso a hembras sin pasar por un combate previo.
¿Por qué no colapsa el sistema si hay ejemplares que mienten?
Si todo el mundo miente, la información deja de ser útil y los receptores ignoran las señales.
Los datos recopilados demuestran que el engaño es un comportamiento muy raro, concentrado en un 4,3% de la muestra y delimitado a zonas específicas.
El investigador Vincenzo Penteriani señala que la baja frecuencia del truco permite que la comunicación siga funcionando.
Al ser una conducta excepcional, el resto de la población sigue confiando en la altura de los rastros como un dato real.
Esto encaja con las teorías de la biología evolutiva: una señal deshonesta puede sostenerse en el tiempo siempre que no se vuelva masiva ni arruine la fiabilidad general del sistema.
¿Cómo debemos interpretar el hallazgo?
Los autores del estudio recalcan que los resultados demuestran la capacidad técnica de los animales para alterar sus marcas químicas y visuales, pero piden prudencia.
Las grabaciones muestran indicios claros de una conducta no registrada hasta la fecha en la especie, pero no constituyen una prueba categórica de un sistema de comunicación deshonesto consolidado.
Los científicos del MNCN-CSIC subrayan que la comunicación es un equilibrio dinámico en constante evolución entre emisores y receptores, lo que exige nuevos estudios observacionales y experimentales en el futuro.