Imagen de recurso.
Parece el guion de una secuela de Buscando a Nemo dirigida por Scorsese, pero es ciencia pura. Un equipo de la Universidad de Griffith ha descubierto que nuestros residuos no se quedan en el váter. Los salmones del Atlántico están nadando por los lagos de Suecia con un «subidón» que no han pedido, cortesía de la benzoilecgonina (el rastro que deja la cocaína en el cuerpo).
Los datos del «maratón» acuático
El estudio, publicado en Current Biology, monitorizó a 105 salmones jóvenes y los resultados son, cuanto menos, sorprendentes:
- Sin frenos: Los peces expuestos nadaron 1,9 veces más distancia por semana que sus compañeros «limpios».
- Exploradores forzosos: Se dispersaron hasta 12,3 km más lejos de su zona habitual.
- Efecto acumulativo: Cuanto más tiempo pasaban en el agua contaminada, más errático y frenético era su comportamiento.
¿Por qué está pasando esto?
El problema es nuestro sistema de alcantarillado. Cuando alguien consume, su cuerpo procesa la droga y la expulsa. Las depuradoras actuales no están preparadas para filtrar estos residuos químicos, que acaban directamente en los ríos y lagos.
Como los peces son vertebrados, su cerebro reacciona a los estimulantes de forma muy parecida al nuestro. La diferencia es que ellos no han estar de fiesta; simplemente están intentando sobrevivir en un cóctel químico humano.
«El movimiento lo es todo para un animal. Si se mueven demasiado o de forma errática, acaban en zonas peligrosas o con menos comida», explica Marcus Michelangeli, líder del estudio.
¿Debería preocuparme por mi cena?
Si te gusta el sushi, puedes respirar tranquilo. Los investigadores han aclarado dos puntos clave:
- Seguridad alimentaria: Los peces analizados eran ejemplares muy jóvenes, mucho más pequeños del tamaño legal para pescar. No hay riesgo para los humanos.
- El metabolito es el culpable: Curiosamente, el residuo (benzoilecgonina) afecta mucho más a los peces que la cocaína pura, y es precisamente lo que más abunda en nuestros ríos.
En resumen: Los salmones están viviendo un after infinito que los deja agotados y vulnerables. Lo que para nosotros es un residuo invisible, para ellos es un cambio radical en sus reglas de juego.
¿Crees que deberíamos actualizar las depuradoras para evitar estos «viajes» no deseados a la fauna marina?