Imagen de recurso: El apoyo familiar es determinante para prevenir las autolesiones en adolescentes.
Un reciente estudio científico demuestra que la impulsividad juvenil no desencadena directamente las autolesiones en adolescentes. El entorno familiar y la capacidad para gestionar la angustia emocional son los verdaderos mediadores de este grave problema.
Por: A. Lagar | 16 de abril de 2026
Un equipo de investigadores ha analizado a 311 adolescentes con historial de autolesiones no suicidas (sin otros trastornos mentales asociados) para entender el mecanismo psicológico que los lleva a hacerse daño. Aunque tradicionalmente se ha culpado a la impulsividad típica de la adolescencia, esta investigación ha descubierto que la impulsividad, por sí sola, no tiene un efecto directo sobre las autolesiones.
En realidad, la impulsividad funciona como un factor de riesgo lejano que solo se activa a través de una reacción en cadena.
El escudo protector de la crianza
El estudio revela que la forma en que los padres educan y se relacionan con sus hijos es determinante. Una crianza negativa, marcada por el rechazo o la sobreprotección, está vinculada a un mayor riesgo de que los jóvenes se autolesionen.
Por el contrario, una crianza positiva basada en la «calidez emocional» actúa como un factor fuertemente protector. Esta calidez se traduce en padres que son sensibles a las fluctuaciones emocionales de sus hijos y que les ofrecen apoyo y comprensión cuando se enfrentan a dificultades o contratiempos.
La clave definitiva: la tolerancia al malestar
El eslabón final y más crítico en esta cadena es lo que los psicólogos llaman «tolerancia al malestar», que es la capacidad de una persona para soportar la angustia y los estados internos negativos.
Cuando los adolescentes se enfrentan a emociones negativas muy intensas, aquellos que tienen una baja tolerancia a la angustia sufren una gran susceptibilidad emocional y no saben cómo regularse. Es en este punto donde los jóvenes impulsivos, al no saber soportar esos sentimientos dolorosos, buscan soluciones inmediatas para encontrar un alivio rápido. Lamentablemente, utilizan la autolesión como esa peligrosa «vía de escape» o estrategia para reducir su malestar de forma automática.
Hablando claro sobre las autolesiones en adolescentes
Ser un adolescente impulsivo es algo que viene casi «de fábrica» por cómo se desarrolla el cerebro a esas edades, donde el sistema emocional va a mil por hora y el control cognitivo aún está madurando. Pero que tu hijo sea impulsivo no significa que vaya a autolesionarse.
El verdadero problema estalla cuando esa impulsividad natural choca contra un muro: un ambiente familiar frío, distante o demasiado controlador, y una incapacidad total del chaval para lidiar con la frustración o la tristeza. Al final, si el adolescente no encuentra en casa un «colchón emocional» que le enseñe a transitar el dolor, acabará buscando el botón de apagado de emergencia más rápido que encuentre, aunque sea haciéndose daño.
La lección de la ciencia para nosotros, como adultos, es clarísima: necesitamos darles más empatía, más apoyo emocional y enseñarles que sentirse mal a veces es normal y no hay que huir de ello destruyéndose.
Citas: Chen H, Gu Y, Yang C and Xiang H (2026) The relationship between impulsivity and non-suicidal self-injury in adolescents: the chain-mediated effects of parenting style and distress tolerance. Front. Psychiatry 17:1784109. doi: 10.3389/fpsyt.2026.1784109







