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Las instrucciones para recordar pesan más que las emociones a la hora de fijar recuerdos. Este estudio sobre memoria y emociones revela que la intención es clave, mientras que el sueño solo influye en función de la actividad cerebral.
Por: A. Lagar | 5 de abril de 2026
Imagine que intenta memorizar una lista de tareas pendientes. En su mente, compiten datos neutros con otros que le generan estrés o preocupación. Tendemos a pensar que aquello que nos impacta emocionalmente se queda grabado a fuego, pero una investigación reciente sugiere que el simple hecho de decirnos a nosotros mismos «debo recordar esto» tiene un peso mucho mayor en nuestro cerebro.
Investigadores del Merrimack College han analizado cómo interactúan la intención deliberada, las emociones y el descanso nocturno. El estudio, liderado por la Dra. Laura Kurdziel y publicado en Frontiers in Behavioral Neuroscience, plantea que tenemos más control sobre lo que almacenamos de lo que solemos creer.
Una prueba de memoria y sueño
Para entender estos mecanismos, los científicos realizaron dos estudios con cerca de cien participantes. El experimento consistía en observar 100 palabras en una pantalla; la mitad tenían connotaciones emocionales negativas y la otra mitad eran neutras. Tras cada palabra, aparecía una indicación clara: «recordar» u «olvidar».
El equipo dividió a los voluntarios en dos grupos para medir el impacto del descanso. Unos realizaron la tarea por la mañana y fueron evaluados por la noche, mientras que otros aprendieron las palabras antes de dormir y se sometieron a la prueba al despertar. A estos últimos se les monitorizó la actividad cerebral mediante electroencefalogramas (EEG).
Memoria y emociones: la intención supera a la carga emocional
Los resultados revelaron que las instrucciones directas funcionan mejor que las emociones. Las personas mostraron una mayor probabilidad de recordar aquellas palabras que se les había indicado explícitamente que memorizaran. Aunque las señales emocionales negativas ayudaron a amplificar el efecto cuando coincidían con la instrucción de recordar, no fueron el factor determinante por sí solas.
Según explica Kurdziel, durante el proceso de codificación dedicamos más recursos de atención a lo que se nos indica que es relevante. El cerebro «etiqueta» esa información, lo que predispone al hipocampo a priorizarla. Además, este mecanismo ayuda a suprimir los datos irrelevantes, reduciendo las interferencias cuando intentamos recuperar un recuerdo.
El papel de las ondas cerebrales
Un hallazgo que llamó la atención de los investigadores es que el simple hecho de haber dormido no mejoró la memoria de forma general en comparación con el grupo que permaneció despierto. Sin embargo, la calidad del sueño y los tipos de ondas cerebrales sí marcaron diferencias en el rendimiento individual.
Se observó que los husos del sueño, unas ráfagas de actividad cerebral específicas, se asociaron con una mejor capacidad para recordar palabras negativas. Estas ondas están implicadas en el traslado de información desde el almacenamiento temporal del hipocampo hacia zonas más estables de la corteza cerebral. Por otro lado, un nivel alto de potencia theta REM se vinculó con la creación de falsos recuerdos negativos.
Los límites del olvido activo
El estudio también arrojó un dato inesperado sobre el sueño de ondas lentas, que se correlacionó negativamente con el recuerdo total. Aunque este tipo de sueño suele asociarse a la mejora de la memoria, los científicos sugieren que también podría facilitar el olvido activo de información que el cerebro considera irrelevante o redundante.
A pesar de estos avances, los autores subrayan que se necesita más investigación. El grupo que aportó datos cerebrales fue reducido y la muestra estuvo compuesta principalmente por estudiantes universitarios, lo que limita la posibilidad de generalizar estos resultados a toda la población. No obstante, los hallazgos indican que el cerebro prioriza aquello que nos motivamos a recordar sobre el componente emocional.
Citas: Kurdziel LBF, Fiedler C, Gajewski A and Pongratz C (2025) Top-down instruction outweighs emotional salience: nocturnal sleep physiology indicates selective memory consolidation. Front. Behav. Neurosci. 19:1643449. doi: 10.3389/fnbeh.2025.1643449






