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Los antibióticos pueden alterar tu microbioma durante años, no solo durante el tratamiento. Un estudio publicado en Nature Medicine revela que algunos fármacos dejan efectos en el intestino entre cuatro y ocho años después de su uso, lo que podría aumentar el riesgo de enfermedades como la diabetes o la obesidad.
Por: A. Lagar | 23 de marzo de 2026
En la actualidad, la resistencia a los antibióticos representa una de las mayores amenazas para la salud pública mundial, pero la comunidad científica también ha comenzado a prestar atención a otros efectos prolongados, como el impacto duradero que estos medicamentos tienen sobre el microbioma humano. Un reciente trabajo de investigación internacional, liderado por la Uppsala University y publicado en la revista Nature Medicine, ha revelado que los tratamientos con antibióticos pueden alterar la comunidad de bacterias intestinales durante mucho más tiempo del que se estimaba previamente.
Tras analizar el historial médico y la composición del microbioma de casi 15.000 adultos en Suecia, los científicos concluyeron que la huella de ciertos fármacos persiste entre cuatro y ocho años después de un solo ciclo de tratamiento.
Resultados dispares: no todos los fármacos actúan igual
El estudio fue posible gracias al riguroso registro sueco de medicamentos prescritos en farmacias, el cual se cruzó con los datos de los biobancos de microbioma de las universidades de Uppsala y Lund. Los datos demostraron que el nivel de daño colateral bacteriano depende enormemente del tipo de antibiótico empleado. Las alteraciones más severas y duraderas se observaron tras el uso de clindamicina, fluoroquinolonas y flucloxacilina.
Gabriel Baldanzi, primer autor de la investigación, explica que esta diferencia se debe principalmente a dos motivos.
El primero es el «espectro de actividad» del fármaco, es decir, su capacidad para eliminar específicamente las bacterias anaerobias que residen en el intestino. El segundo factor es la ruta de eliminación. Mientras que la penicilina V (que causó alteraciones mucho menores) se absorbe en la primera parte del intestino y se expulsa rápidamente por la orina, otros fármacos experimentan una «circulación enterohepática». Es decir, se absorben, pasan por el hígado y regresan al intestino, alcanzando concentraciones sumamente altas en el colon, que es donde vive la mayor parte de nuestra microbiota.
Consecuencias metabólicas de los antibióticos
Aunque los antibióticos salvan vidas ante infecciones graves, el desequilibrio prolongado del microbioma intestinal no es inocuo. Estudios epidemiológicos previos ya habían relacionado un uso elevado de estos medicamentos con un mayor riesgo de sufrir infecciones gastrointestinales y diabetes tipo 2.
Esta nueva investigación aporta «piezas importantes al puzle», confirmando que las alteraciones causadas por los fármacos no son un problema transitorio de unos pocos días. De hecho, los datos evidenciaron que el uso de ciertos antibióticos promovía una mayor abundancia de especies bacterianas típicas de personas con diabetes tipo 2.
Arrastrar este desequilibrio en el intestino durante ocho años podría ser un factor desencadenante en el desarrollo de enfermedades crónicas, como la obesidad o la propia diabetes.
Hacia una prescripción médica más precisa
A pesar de estos hallazgos, los expertos insisten en que los médicos no deben cambiar el pilar básico de su trabajo: la elección del tratamiento terapéutico siempre debe basarse en qué bacteria causa la infección y cuál es su perfil de resistencia. Sin embargo, proponen que el impacto biológico sobre el microbioma se empiece a considerar como un «efecto colateral» clínico.
Según los investigadores, si un facultativo dispone de dos antibióticos que son igual de eficaces, sería muy prudente recetar aquel que genere un impacto menor en la flora intestinal del paciente. Para seguir afinando estas recomendaciones, el equipo de Tove Fall, autora principal, ya está recolectando segundas muestras de la mitad de los participantes para comprender a fondo los tiempos de recuperación del microbioma.
Opinión: Cuidemos a nuestros «trabajadores» invisibles
Imagina que tu sistema digestivo es una gran ciudad y tus bacterias son los trabajadores esenciales que recogen la basura y mantienen el orden diario. Cuando sufres una infección grave, el médico envía a un escuadrón de antidisturbios (los antibióticos). Hacen un trabajo vital deteniendo a los invasores peligrosos, pero en el proceso es inevitable que rompan el mobiliario urbano y expulsen a muchos de esos trabajadores buenos.
Lo que estos nuevos datos nos traducen a nuestra vida diaria es que nuestra «ciudad» interior puede tardar hasta ocho largos años en reconstruirse tras una sola intervención de los antidisturbios. Y tener las calles desorganizadas y a medio gas durante casi una década nos sale muy caro: nos deja desprotegidos y nos hace más propensos a desarrollar achaques crónicos como la diabetes o la obesidad a medida que envejecemos.
La moraleja de esta noticia no es que dejemos de llamar a las fuerzas del orden cuando hay una emergencia real; sin ellos, una infección bacteriana podría ser letal. La verdadera lección es que es un error garrafal movilizar a los antidisturbios porque nos duele un poco la garganta o tenemos un catarro común provocado por un virus.
Automedicarnos condena a nuestra flora intestinal a años de una compleja recuperación. Seamos responsables con los antibióticos y protejamos a esos millones de aliados microscópicos que cuidan de nuestra salud en silencio.