Imagen de recurso: las bacterias de la saliva juegan un papel clave en la respuesta inmunitaria.
Científicos de España y Canadá han descubierto que ciertos microorganismos de la saliva, especialmente del género Rothia, tienen la capacidad de descomponer las proteínas que causan reacciones alérgicas. Este hallazgo abre la puerta a nuevos tratamientos basados en probióticos para aumentar la tolerancia a este alimento y reducir el riesgo de reacciones graves.
Por: A. Lagar | 3 de marzo de 2026
Imagine que, al comer un puñado de cacahuetes, un conjunto de bacterias presentes en su saliva puede comenzar a degradar las proteínas alergénicas antes de que lleguen a su sistema inmunitario. Esta escena, que parece sacada de la ciencia ficción, es lo que un equipo de investigadores del Instituto de Investigación Sanitaria del Hospital de La Princesa en Madrid y la Universidad McMaster en Canadá ha identificado como una realidad biológica.
La clave reside en la microbiota oral, el conjunto de bacterias que viven de forma natural en nuestra cavidad bucal. El estudio revela que estos microorganismos no son simples espectadores, sino que juegan un papel activo en cómo nuestro cuerpo reacciona ante alérgenos alimentarios tan comunes y potencialmente peligrosos como el cacahuete.
El escudo bacteriano contra la anafilaxia
El equipo de investigación centró su atención en unas bacterias específicas llamadas Rothia. Comprobaron que estos microorganismos son capaces de degradar las proteínas del cacahuete responsables de desencadenar la alergia. Al descomponer estas proteínas en fragmentos más pequeños, la respuesta del sistema inmunitario es mucho menos agresiva.
Este proceso es vital porque podría reducir la gravedad de la reacción y aumentar el umbral de tolerancia, una reacción alérgica aguda y grave que puede poner en peligro la vida en cuestión de minutos. Los experimentos demostraron que, cuando las células alérgicas se exponen a estos fragmentos ya degradados por las bacterias, la reacción es significativamente menor que con el cacahuete intacto.
Ratones y pacientes: una mayor tolerancia
Para confirmar sus sospechas, los científicos utilizaron modelos de ratón. Aquellos animales que tenían sus bocas colonizadas con bacterias Rothia presentaron síntomas mucho más leves tras ingerir cacahuete. Pero el hallazgo más prometedor llegó al analizar a pacientes humanos alérgicos de hospitales en Massachusetts y el Monte Sinaí.
Los investigadores observaron que aquellos pacientes que tenían de forma natural una mayor presencia de estas bacterias en su saliva mostraban una tolerancia superior. Estos individuos necesitaban una cantidad mayor de cacahuete para sufrir una reacción, lo que sugiere que su propia microbiota actúa como un filtro protector que eleva el umbral de seguridad.
Hacia una nueva terapia con probióticos
Este descubrimiento ofrece una explicación a por qué algunas personas alérgicas reaccionan de forma mucho más violenta que otras ante la misma cantidad de alimento. Al identificar a las bacterias Rothia como aliadas, se abre una vía innovadora para el tratamiento de la alergia al cacahuete, una condición que afecta a entre el 1 % y el 2 % de la población mundial.
En lugar de centrarse únicamente en fármacos tradicionales, la estrategia del futuro podría pasar por la modulación de la microbiota. Esto significaría utilizar probióticos específicos para aumentar la cantidad de estas bacterias beneficiosas en la boca de las personas alérgicas, mejorando así su capacidad natural para tolerar alimentos peligrosos y reduciendo el miedo a una exposición accidental.
Un cambio de enfoque en las alergias
La investigación, liderada por los doctores Rodrigo Jiménez y Alberto Caminero, plantea un cambio de paradigma en la inmunología. Entender el equilibrio de los microorganismos en nuestro cuerpo no solo sirve para prevenir infecciones, sino que se perfila como una herramienta esencial para combatir el aumento global de las alergias alimentarias.
Aunque todavía queda camino por recorrer, la posibilidad de modular la microbiota oral para mejorar la degradación de alérgenos supone un avance esperanzador. Mantener una microbiota oral equilibrada podría ser, en el futuro, la primera línea de defensa para miles de personas que conviven a diario con el riesgo de una reacción alérgica grave.