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València se mueve para rescatar sus joyas rurales y transformar la huerta de Valencia degradada en nuevos focos de vida, turismo rural y sabor local.
Una alianza entre el campo y la ciudad
¿Alguna vez has paseado por la huerta y has sentido pena al ver una alquería cayéndose a pedazos? El Ayuntamiento de València ha decidido que ya es hora de dejar de mirar hacia otro lado. Este jueves, el Pleno da luz verde a un movimiento: adaptar el viejo Plan General (PGOU) a las normas modernas de la Generalitat (PAT).
Parece un rollo de despachos, pero la realidad es mucho más emocionante. Se trata de eliminar el caos de papeles que volvía locos a propietarios y técnicos. Hasta ahora, si querías rehabilitar una casa en el campo, te encontrabas con dos leyes que chocaban entre sí. Ahora, se busca un «encaje jurídico» que agilice todo para que, por fin, esas paredes de ladrillo y tradición vuelvan a tener sentido.
¿Qué podrás hacer (y qué no) en la huerta de València?
La protección sigue siendo sagrada, pero con un toque de aire fresco. La idea no es construir urbanizaciones (tranquilos, el cemento no gana aquí), sino permitir que las edificaciones históricas respiren de nuevo. Dependiendo de dónde esté la tierra, las reglas cambian:
- En la Huerta de Protección Especial (H1 y H2): Aquí mandan las acequias milenarias. Nada de inventos raros. Pero ojo, si tienes una construcción tradicional, podrás montar un alojamiento turístico rural, un restaurante con encanto o vender tus propios productos directamente al vecino. ¡Kilómetro cero de verdad!
- En la zona más «castigada» (H3): Esta es la huerta que rodea la periferia y que peor lo ha pasado. Para incentivar que vuelva a ser verde, se abren más la mano: se permiten incluso nuevas construcciones (con límites estrictos) para restauración, hoteles rurales o centros de cría de animales.
- Ocio y relax: Se fomenta la creación de huertos de ocio (públicos y privados) y hasta aparcamientos disuasorios junto al transporte público para que dejar el coche sea fácil.
Los números del cambio
Para que no te pierdas entre tanta parcela, aquí tienes los datos clave que marcarán el futuro de nuestro paisaje:
- 2020: El año en que se lanzó esta propuesta que ahora ve la luz.
- 25 m²: El tamaño máximo de nuevas casetas agrarias en zonas protegidas.
- 300 m²: El límite para instalaciones de cría o naves agrícolas en la huerta periférica.
- 50% de origen local: Lo que deben cumplir los puestos de venta directa para ser legales.
Un futuro con olor a tierra mojada
No se trata de inventar derechos nuevos ni de dar vía libre a la especulación. Como dice el concejal Juan Giner, «no se rebaja ni un ápice la protección». Lo que se busca es que ser agricultor o dueño de una alquería no sea una condena al abandono, sino una oportunidad. Al final del día, la mejor forma de proteger la huerta no es ponerle una vitrina de cristal, sino conseguir que la gente quiera —y pueda— vivir en ella, cuidarla y, por qué no, disfrutar de un buen esmorzar entre surcos y naranjos.




