Imagen: Ayuntamiento de Valencia
Los secretos artísticos no solo se esconden en lienzos, a veces están en el lugar donde una familia mítica devoraba el arroz los domingos. Así es la restauración del paellero de La Casa Museu Benlliure.
Por A. Lagar | 14 de junio de 2026
Si pensabas que los museos solo custodian cuadros con marcos dorados y estatuas de mármol, vas a tener que cambiar de chip pero ya.
Resulta que el Ayuntamiento de Valencia acaba de terminar una misión de rescate en toda regla en la Casa Museu Benlliure.
¿El objetivo?
Salvar de la ruina el paellero de la casa familiar del pintor José Benlliure.
Sí, has leído bien, el mismísimo lugar de reunión de una de las sagas de artistas más potentes de finales del siglo XIX.
Esta intervención no ha sido un simple lavado de cara.
El concejal de Acción Cultural, Patrimonio y Recursos Culturales, José Luis Moreno, ha anunciado que se han invertido 12.357,05 euros para consolidar y restaurar la cubierta de este espacio.
Una obra que se adjudicó el pasado 17 de diciembre y que busca asegurar que la estructura no se venga abajo, manteniendo intacta su imagen original de siempre.
¿Dónde está exactamente este rincón de La Casa Museu Benlliure?
Para entender el subidón que supone esta obra, hay que viajar un segundo al pasado.
José Benlliure compró este inmueble en el año 1896.
En la parte posterior del edificio hay un jardín espectacular que conserva cipreses, pinos, jazmines, limoneros y naranjos que crean un entorno con un valor ambiental e histórico.
Pues bien, metido en uno de los laterales de ese patio idílico y pegado al estudio taller del creador valenciano, se encuentra este paellero.
Aunque la casa es del siglo XIX, este rincón gastronómico se construyó entre finales de los años sesenta y principios de los setenta, sufriendo una reforma posterior entre 1979 y 1982.
No es solo ladrillo, es el elemento arquitectónico que mejor recuerda el ambiente doméstico original del inmueble.
Era el núcleo de la vida de la familia.
¿Cómo es posible que unos pinos estuvieran destrozando el patrimonio histórico?
La respuesta corta es por pura falta de mantenimiento acumulado.
El concejal Moreno ha revelado que el gran enemigo de la estructura ha sido la pinocha y los restos vegetales que caían continuamente de los árboles del jardín.
Esas hojitas tan inofensivas que ves en el suelo se fueron acumulando en el tejado hasta taponar por completo las juntas entre las tejas.
¿El resultado de ese atasco natural?
Filtraciones de agua constantes cada vez que llovía en Valencia y un deterioro progresivo que dejó la estructura portante temblando.
La estabilidad del tejado estaba totalmente comprometida, por lo que urgía una solución contundente antes de que el desastre fuera irreversible.
¿Qué solución técnica se eligió para no cargarse la esencia original?
Los técnicos se sentaron, analizaron varias opciones y decidieron que los parches no servían para nada.
La única alternativa viable era retirar absolutamente todos los elementos de la cubierta y hacer una reconstrucción integral desde cero.
Eso sí, con un mandamiento sagrado entre ceja y ceja: respetar los valores patrimoniales con criterios de mínima intervención y máxima compatibilidad de materiales.
El equipo se puso manos a la obra y desmontó con sumo cuidado la cubierta de teja vidriada recuperando cada pieza cerámica que estuviera en buen estado.
Quitaron el armazón de madera podrida, sanearon el muro de apoyo, colocaron una nueva estructura de madera tratada para resistir y montaron una base cerámica con mortero de cal.
¿Por qué los maestros artesanos han tenido que jugar con tres colores diferentes?
Aquí viene la parte más alucinante del proceso de restauración.
Los restauradores solo metieron tejas nuevas de trinca cuando era totalmente inevitable porque las antiguas estaban rotas o inservibles.
Para sustituirlas, llamaron a maestros artesanos especializados que fabricaron tejas vidriadas nuevas a mano.
Para que el tejado nuevo no pareciera un pegote artificial brillante, se hizo un estudio minucioso de las variaciones de color que tenían las piezas históricas debido al paso de las décadas.
Los artesanos crearon piezas con tres tonalidades diferentes dentro de la misma gama cromática.
Luego, a la hora de colocarlas, las mezclaron de forma aleatoria y equilibrada.
Así consiguieron mantener esa riqueza tonal tan auténtica de las cubiertas tradicionales valencianas.
Además, para curarse en salud de cara al futuro, el ceramista ha dejado registrada y guardada la receta exacta del vidriado que usó.
De este modo, si dentro de unos años hay que cambiar otra teja, sabrán el código de color exacto.
La celosía de madera contigua también recibió amor con un tratamiento protector en tonos similares a los originales.
¿Cuál es el plan para que las hojas no vuelvan a arruinar el trabajo?
El informe final de la obra confirma que el paellero ha recuperado su estabilidad, su estanqueidad y vuelve a ser completamente funcional.
Pero para no tropezar con la misma piedra (o con la misma pinocha), las autoridades han diseñado un plan de mantenimiento preventivo estricto.
A partir de ahora, se van a realizar inspecciones visuales ordinarias una vez al año.
Además, debido al peligro que suponen los árboles del jardín tan cercanos, se harán limpiezas preventivas obligatorias de forma trimestral.
Y si hay tormentas fuertes, caídas de ramas gordas o sospechas de humedad, se ejecutarán revisiones extraordinarias inmediatas.
¿Qué otras sorpresas patrimoniales prepara Valencia en la calle Blanqueries?
La salvación del paellero es solo una pieza del puzle de mejoras que el Ayuntamiento está ejecutando en este espacio de la calle Blanqueries.
Hace muy poco se terminó la restauración integral del panel cerámico Alegoría eucarística con San Pascual Bailón y San Felipe Neri, que es la obra de mayores dimensiones de toda la colección de cerámica arquitectónica que decora las paredes del jardín interior.
La cosa no se queda ahí.
Ya se ha adjudicado un contrato menor por un importe de 18.029 euros (con IVA) para redactar el proyecto de intervención y rehabilitación de las fachadas de La Casa Museu José Benlliure.
El equipo encargado tiene un plazo de diez semanas para presentar este documento, que será la hoja de ruta definitiva para planificar la restauración de todo el conjunto arquitectónico exterior.
El objetivo final del consistorio es blindar el legado de una de las sagas artísticas más clave de la historia cultural valenciana.