

Captura de la declaración de Ábalos en el Supremo (vía X)
Este lunes 4 de mayo, José Luis Ábalos ha roto su silencio en el Tribunal Supremo en una de las sesiones más tensas que se recuerdan, enfrentándose a una petición fiscal de 24 años de cárcel por el presunto amaño de contratos de mascarillas.
El exministro de Transportes ha comparecido desde prisión preventiva para responder a las graves acusaciones de Víctor de Aldama, quien lo sitúa como el «número dos» de una organización criminal.
Durante su interrogatorio, Ábalos ha mantenido una actitud combativa, defendiendo que la UCO apenas ha encontrado rastros de ingresos ilícitos —unos 94.000 euros en diez años— y desvinculándose de cualquier irregularidad en la compra de material sanitario durante la pandemia.
El «Número 1» y la estructura de la trama
El punto más crítico de la jornada ha sido la mención al «escalafón 1» de la organización. Según el testimonio del comisionista Aldama, el esquema de poder no terminaba en el Ministerio de Transportes.
Ábalos ha respondido con ironía a estas acusaciones, calificando de «historia de impostura» el relato del empresario y negando haber recibido mordidas que, según el sumario, podrían ascender a 4 millones de euros.
El exsecretario de Organización del PSOE ha insistido en que su relación con Koldo García era de absoluta lealtad personal y que nunca supervisó los detalles técnicos de los contratos.
Revelaciones sobre Air Europa y Jésica Rodríguez
Otro de los ejes de la declaración ha sido el rescate de Air Europa. Ábalos ha admitido que el Gobierno fue «tarde y bastante rácano» en las ayudas a la aerolínea, negando cualquier trato de favor motivado por intereses personales.
Respecto a la contratación de su expareja, Jésica Rodríguez, en la empresa pública Ineco, el exministro ha sugerido que ella podría haber pactado su declaración con Aldama para perjudicarle, reafirmando que él no influyó en su carrera profesional.
El desafío a la UCO y el futuro judicial
«No van a encontrarme nada», ha sentenciado Ábalos ante los magistrados, tras plantar cara a los informes de la Unidad Central Operativa.
El exdirigente socialista ha aprovechado su turno para denunciar lo que considera un «juicio mediático con condena clara» antes incluso de que finalice la vista.
A medida que el proceso judicial avanza hacia su resolución, la presión sobre el entorno de Ábalos se intensifica, dejando atrás la etapa de las meras sospechas para entrar en una fase de contrastes documentales.

