Foto: DenP Images, CC BY-SA 2.0, via Wikimedia Commons
El Tour de Francia es la carrera ciclista más importante de la historia, nacida de una idea periodística y convertida en la prueba definitiva sobre dos ruedas.
Por A. Lagar | 2 de julio de 2026
¿Cómo un periódico arruinado terminó inventando la mayor carrera del mundo?
Si piensas que esta competición nació por amor al arte o por un comité de expertos, estás muy equivocado.
El dinero y la necesidad de vender periódicos lo cambiaron todo.
A principios del siglo XX, en París, el diario deportivo L’Auto se estaba comiendo los mocos frente a su competencia.
Su director, Henri Desgrange, necesitaba algo gordo para no tener que cerrar el chiringuito.
Fue ahí cuando el periodista Géo Lefèvre le propuso una locura: organizar una carrera por etapas que diera la vuelta a Francia.
El 1 de julio de 1903, sesenta valientes se plantaron en Montgeron, cerca de París, para arrancar la primera edición de la historia.
No tenían carreteras asfaltadas, ni cambios de marcha, ni cascos de carbono.
El plan era una salvajada de seis etapas que sumaban 2428 kilómetros.
Para que te hagas una idea de la dureza, la primera etapa iba de París a Lyon y medía 467 kilómetros del tirón.
El francés Maurice Garin ganó este primer asalto rodando a una media de 25 kilómetros por hora.
Se llevó a casa 6075 francos y el periódico multiplicó sus ventas.
Negocio redondo.
¿Qué trampas surrealistas hacían los ciclistas en la época ?
Lo de los primeros años de la carrera era el salvaje oeste.
En la segunda edición, la de 1904, se armó tal movida que la organización tuvo que descalificar a los cuatro primeros de la clasificación general meses después de terminar.
¿El motivo?
Maurice Garin y sus rivales se subían al tren por las noches de forma clandestina para ahorrarse etapas enteras, aprovechando que no había cámaras ni controles.
En ese momento, las etapas diarias de 400 kilómetros eran lo habitual.
Los tíos corrían sobre adoquines destrozados y carreteras de tierra.
Las montañas llegaron para hacer el sufrimiento todavía más grande.
En 1905 se subió el Ballon d’Alsace en los Vosgos; en 1910 los Pirineos temblaron con el debut del Tourmalet, y en 1911 le tocó el turno a los Alpes.
La progresión de la carrera era imparable, pero la Primera Guerra Mundial obligó a parar todo entre 1915 y 1918.
Al regresar en 1919, el diario L’Auto quiso que el líder fuera reconocible al instante entre el polvo de los caminos.
¿La solución?
El maillot amarillo, color corporativo de las páginas del periódico.
Eugène Christophe fue el primer corredor en lucirlo en carrera, aunque el belga Firmin Lambot tuvo el honor de ser el primero en ganar la clasificación general final con la prenda puesta.
¿Quiénes forman el club de los elegidos con cinco títulos en París?
Ganar esta carrera una vez te convierte en leyenda, pero repetirlo cinco veces te mete en el olimpo.
En toda la historia de la competición, solo cuatro ciclistas han logrado sentarse en esa mesa.
Jacques Anquetil fue el primero en conseguirlo.
El francés impuso su ley en 1957 y luego encadenó cuatro triunfos consecutivos entre 1961 y 1964.
Su estrategia era infalible: machacaba a todo el mundo en las etapas contrarreloj y luego resistía en las subidas.
Su gran rival fue el español Federico Martín Bahamontes, el primer ciclista de España en ganar la general en 1959 gracias a su nivel en la alta montaña.
El siguiente en llegar fue Eddy Merckx.
Al belga le llamaban El Caníbal por una razón muy sencilla: quería ganarlo absolutamente todo y no dejaba ni las migajas.
Ganó en 1969, 1970, 1971, 1972 y 1974.
A día de hoy, todavía comparte récords históricos y dejó claro que se podía dominar la carrera de principio a fin.
Solo el español Luis Ocaña logró frenar esa racha ganando la edición de 1973, un año en el que el belga decidió no participar.
A finales de los setenta apareció Bernard Hinault.
El francés sumó sus cinco títulos en los años 1978, 1979, 1981, 1982 y 1985.
Era un tipo con un carácter de hierro que compartía protagonismo con corredores como el neerlandés Joop Zoetemelk, el eterno segundo de la época.
El último miembro de este club es Miguel Induráin.
El corredor navarro firmó una hazaña que nadie ha podido repetir: ganar cinco veces consecutivas entre 1991 y 1995.
Induráin anuló por completo a una generación brutal de ciclistas como Tony Rominger o Claudio Chiappucci, sentenciando las carreras en las cronos y controlando los ataques en la montaña.
¿Por qué hay siete años seguidos sin ningún ganador oficial?
Si miras el historial de la carrera entre 1999 y 2005, verás un hueco en blanco.
Esos siete años corresponden a la era de Lance Armstrong.
El estadounidense dominó la carrera tras superar un cáncer, construyendo una narrativa que parecía perfecta.
Sin embargo, en 2012 la Agencia Antidopaje Estadounidense (USADA) demostró que Armstrong había utilizado un sistema de dopaje sistemático durante toda su trayectoria.
La UCI le retiró todos los títulos y decidió dejar esas ediciones desiertas de forma definitiva.
¿Por qué no le dieron la victoria a los que quedaron segundos?
Básicamente porque ciclistas como Jan Ullrich o Alex Zülle también terminaron salpicados por escándalos de sustancias prohibidas.
En 2013, acorralado por las pruebas y las declaraciones de sus propios compañeros, Armstrong se sentó con Oprah Winfrey y admitió que todo había sido una mentira.
La sombra de las trampas no se quedó ahí.
En 2006, Floyd Landis ganó en la carretera pero perdió el título en el laboratorio, dándole la victoria a Óscar Pereiro.
En 2010, Alberto Contador se llevó la carrera por solo 39 segundos ante Andy Schleck, pero un positivo posterior por 50 picogramos de clembuterol terminó en sanción.
Aunque Contador alegó que fue por comer carne contaminada, el Tribunal de Arbitraje Deportivo le quitó el título y se lo otorgó a Schleck.
¿Cómo ha sido la evolución de la carrera en el siglo XXI?
El ciclismo moderno cambió las tácticas individuales por el control absoluto de las escuadras.
El equipo Sky metió la ciencia en la carretera y abrió la veda para los británicos: Bradley Wiggins ganó en 2012 y Chris Froome se convirtió en el jefe absoluto sumando cuatro Tours en 2013, 2015, 2016 y 2017.
Tras ellos, la geografía de los ganadores saltó el charco.
En 2019, Egan Bernal hizo historia al ser el primer latinoamericano en coronarse en París, abriendo una época dorada para Colombia en las etapas de montaña.
Pero el relevo generacional definitivo llegó desde Eslovenia y Dinamarca.
Tadej Pogačar reventó la carrera en 2020 con una contrarreloj final agónica en La Planche des Belles Filles, quitándole el maillot amarillo a Primož Roglič a falta de un día.
El esloveno repitió en 2021, pero en 2022 y 2023 se topó con el danés Jonas Vingegaard, regalando al público unos duelos cara a cara brutales en puertos como el Col du Granon o la Loze.
En 2024 y 2025, Pogačar volvió a imponer su ley sumando cuatro títulos en total, demostrando que el ciclismo actual se corre al ataque.
En la edición de 2024, además, el británico Mark Cavendish hizo historia al conseguir su victoria de etapa número 35, superando el récord histórico que compartía con Eddy Merckx.
¿Qué pasó con el Tour de Francia femenino?
Las mujeres también tienen su propia historia en las carreteras francesas, aunque el camino ha sido complicado.
El primer intento arrancó en 1955 y se disputó con cierta regularidad entre 1984 y 2009.
Junto al Giro de Italia Femenino, era de las pocas citas que superaban la semana de competición, pero los problemas económicos y la falta de apoyo de los organizadores la hicieron desaparecer.
Tras trece años en el olvido, la organización relanzó la carrera con fuerza en 2022 bajo el nombre de Tour de France Femmes.
La neerlandesa Annemiek van Vleuten se llevó la victoria en ese regreso histórico, consolidando un formato que ahora sí cuenta con cobertura televisiva completa y el reconocimiento que merecía desde el siglo pasado.