Imagen cortesía de Filmin
El director Dominik Moll regresa a la gran pantalla el próximo 19 de junio con «Caso 137», un intenso thriller que aterriza en España tras su éxito en el Festival de Cannes. La película, que cuenta con ocho nominaciones a los premios César, aborda la violencia policial y las tensiones sociales en la Francia actual.
Por: A. Lagar | 23 de abril de 2026
Tras el reconocimiento obtenido con «La noche del 12», Dominik Moll vuelve a los cines con una propuesta que se sumerge en las zonas grises del sistema judicial y policial. Caso 137 sigue los pasos de Stéphanie, una agente de Asuntos Internos encargada de investigar un incidente ocurrido durante una caótica manifestación en París, donde un joven resulta gravemente herido.
Lo que comienza como un expediente rutinario —el número 137— toma un rumbo personal cuando la protagonista descubre que la víctima proviene de su misma ciudad natal. A partir de ese momento, la investigación se transforma en un dilema ético que cuestiona la lealtad institucional frente a la responsabilidad individual.
La cinta se sitúa en el contexto político reciente de Francia, marcado por las protestas de los chalecos amarillos. Para lograr la máxima precisión, Moll integró imágenes reales de manifestaciones con las escenas de ficción, logrando una atmósfera de inmediatez y crudeza.
El director realizó una profunda labor de documentación antes del rodaje, entrevistando a abogados y miembros de la Inspección General de la Policía Nacional. Según Moll, prácticamente todo lo que se muestra en pantalla tiene una base real, fruto de sus observaciones y consultas con profesionales del sector. El objetivo era mostrar de forma directa las contradicciones y los mecanismos de protección interna dentro de los cuerpos de seguridad.
Una interpretación premiada
Léa Drucker, conocida por trabajos como «Close», es la encargada de sostener el peso dramático de la historia. Su interpretación le ha valido el premio César a la mejor actriz, consolidando un personaje que debe moverse entre la frialdad de los protocolos de Asuntos Internos y su propia conciencia.
La actriz se preparó para el papel acompañando durante meses a agentes reales en su jornada laboral para entender sus métodos de trabajo. Esta inmersión se traduce en una actuación contenida que sirve de guía al espectador en un relato donde la ambigüedad moral es la nota dominante.



