Imagen: CSIC | Versión adaptada
Un nanomaterial probado en una azotea de Madrid logró enfriar una superficie bajo el sol sin enchufes, motores ni consumo eléctrico.
Por A. Lagar | 14 de agosto de 2026
¿Cómo puede enfriar un material sin consumir electricidad?
El aire acondicionado extrae calor usando electricidad.
La refrigeración radiativa pasiva busca otro camino.
Determinados materiales reflejan buena parte de la luz solar y expulsan el calor acumulado en forma de radiación infrarroja.
No llevan compresor ni necesitan una toma de corriente para realizar ese intercambio.
Un equipo del Instituto de Micro y Nanotecnología, centro del CSIC, ha desarrollado una estructura de fluoruro de polivinilideno conocida por las siglas PVDF.
Las pruebas indican que puede mantener una superficie hasta 12,9 grados por debajo de una muestra de referencia sin recubrimiento bajo condiciones favorables.
El resultado llega en un momento en el que la refrigeración representa cerca del 20 % del consumo mundial de electricidad, según los datos recogidos por los investigadores.
La demanda puede seguir creciendo durante las próximas décadas por el aumento de las temperaturas, la urbanización y el uso de equipos de climatización.
¿Qué tiene de especial el PVDF utilizado por el CSIC?
El PVDF es un polímero capaz de emitir calor con eficacia en el rango infrarrojo.
También resiste la radiación ultravioleta, repele el agua y mantiene su estabilidad frente a la humedad.
Estas propiedades importan si el material termina colocado en una cubierta o fachada, donde tendrá que soportar sol, lluvia y cambios de temperatura.
El equipo del grupo Functional Nanoscale Devices for Energy fabricó una red tridimensional mediante moldes nanoporosos de óxido de aluminio anodizado.
El polímero se introduce en esas plantillas y adopta una geometría interna controlada a escala nanométrica.
El diseño modifica la forma en la que la superficie refleja la radiación solar y emite calor.
Después de fabricar las estructuras, los investigadores aplicaron distintos procesos de enfriamiento y un tratamiento con radiación ultravioleta.
Ese paso blanquea el material y aumenta su capacidad para devolver la luz del sol en lugar de absorberla.
Una superficie que absorbe menos energía tiene menos calor que evacuar.
La ventana atmosférica permite enviar calor hacia el exterior
La atmósfera no bloquea por igual todas las longitudes de onda.
Entre 8 y 13 micrómetros existe una franja por la que la radiación térmica puede escapar con mayor facilidad hacia el espacio.
Los materiales de refrigeración radiativa se diseñan para emitir dentro de ese intervalo.
Para que el sistema funcione durante el día debe cumplir dos tareas a la vez.
Tiene que reflejar la mayor parte de la radiación que recibe del Sol y expulsar el calor en esa ventana atmosférica.
Si absorbe demasiada luz, el calentamiento supera la pérdida térmica y desaparece la ventaja.
Este mecanismo explica cómo una superficie puede quedar por debajo de la temperatura de otra muestra expuesta al mismo ambiente.
No crea frío de la nada. Gestiona el balance entre la energía que entra y la que sale, como una prenda blanca que se calienta menos que otra oscura, aunque con un control óptico mucho más fino.
¿Dónde se consiguió la bajada de 12,9 grados?
Las pruebas al aire libre se realizaron durante el verano de 2025 en la azotea del IMN-CNM en Tres Cantos, Madrid.
En jornadas cálidas, secas y con radiación solar elevada, el recubrimiento alcanzó una diferencia máxima de 12,9 grados respecto a una muestra sin tratar.
La cifra describe el mejor resultado en esas condiciones y no una rebaja garantizada en cualquier lugar o momento.
La humedad, las nubes, el viento, la orientación y la radiación disponible influyen en el rendimiento.
Además, el desarrollo todavía se encuentra en una fase de investigación.
Las nanoestructuras conservaron su flexibilidad mecánica después de las pruebas exteriores y del tratamiento ultravioleta.
No mostraron señales de fragilización ni grietas, un dato necesario para estudiar usos donde el material tenga que adaptarse a una superficie.
¿En qué lugares podría utilizarse este nanomaterial?
El método de fabricación puede adaptarse a procesos industriales y emplea una estrategia que el equipo considera relativamente económica.
Aun así, pasar de una muestra experimental a metros cuadrados de cubierta exige estudiar costes, duración, mantenimiento y comportamiento en climas distintos.
Los investigadores señalan posibles aplicaciones en fachadas y tejados, dispositivos electrónicos, vehículos y elementos de gestión térmica personal.
En un edificio, un recubrimiento que reduzca el calentamiento de la envolvente podría disminuir parte del trabajo del aire acondicionado.
En electrónica ayudaría a evacuar calor sin sumar otro ventilador.
El siguiente reto consiste en comprobar cómo responde la estructura durante periodos prolongados y si su fabricación mantiene el rendimiento al aumentar la escala.
Por ahora, el ensayo demuestra que la geometría nanométrica del PVDF permite manejar la luz solar y la emisión infrarroja con una diferencia térmica medible.
No sustituye mañana a todos los aparatos de climatización, pero abre una vía para que edificios y equipos necesiten menos energía para mantenerse frescos.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto enfría el nanomaterial del CSIC?
Alcanzó una diferencia máxima de 12,9 grados frente a una muestra sin recubrimiento durante pruebas favorables al aire libre.
¿Necesita electricidad para funcionar?
No. Utiliza refrigeración radiativa pasiva para reflejar luz solar y emitir calor en forma de radiación infrarroja.
¿Qué material utilizaron los investigadores?
Emplearon fluoruro de polivinilideno o PVDF dispuesto en una red tridimensional de nanoestructuras.
¿Dónde se realizaron las pruebas?
En la azotea del Instituto de Micro y Nanotecnología del CSIC en Tres Cantos, Madrid, durante el verano de 2025.
¿Cuándo podría llegar a edificios o vehículos?
No existe una fecha anunciada. La tecnología continúa en desarrollo y necesita ensayos de duración, escala y coste antes de su aplicación comercial.