Recreación digital de recurso
Los geoneutrinos detectados a dos kilómetros bajo tierra en Canadá están aportando nuevas pistas sobre lo que ocurre en el interior del planeta.
Por A. Lagar | 11 de agosto de 2026
Sabemos bastante sobre la superficie de la Tierra. Podemos fotografiarla desde el espacio, medir el movimiento de las placas tectónicas e incluso observar cómo cambia con una precisión sorprendente.
El problema empieza cuando intentamos mirar hacia abajo.
Mucho hacia abajo.
El radio terrestre supera los 6.000 kilómetros, pero las perforaciones realizadas por el ser humano apenas han arañado su superficie. Llegar físicamente hasta el manto profundo está completamente fuera de nuestro alcance actual.
Así que los científicos tienen que buscar otras maneras de averiguar qué ocurre allí.
Los terremotos llevan décadas siendo una de las herramientas fundamentales.
Las ondas sísmicas cambian de velocidad y dirección mientras atraviesan diferentes materiales, permitiendo reconstruir indirectamente parte de la estructura interna del planeta.
Ahora hay otra fuente de información que está cobrando protagonismo.
Y es bastante peculiar.
Son partículas producidas dentro de la propia Tierra que pueden atravesar enormes cantidades de materia prácticamente sin inmutarse.
Se llaman geoneutrinos.
¿Qué son los geoneutrinos y por qué salen del interior de la Tierra?
Los geoneutrinos son antineutrinos producidos durante determinados procesos de desintegración radiactiva que tienen lugar de manera natural en nuestro planeta.
Entre sus principales responsables están el uranio y el torio presentes en la corteza y el manto terrestre.
La Tierra contiene estos elementos desde su formación y sus isótopos radiactivos se transforman lentamente con el paso del tiempo. Durante esos procesos se libera energía y también aparecen estas diminutas partículas.
Aquí empieza lo interesante.
Los neutrinos interactúan tan poco con la materia que pueden atravesar cantidades enormes de roca.
Eso que normalmente dificulta muchísimo su detección se convierte en una ventaja cuando queremos estudiar el interior terrestre.
En lugar de perforar miles de kilómetros para conseguir una muestra del manto, los científicos pueden intentar detectar las partículas que llegan desde allí.
SNO+ explica que medir geoneutrinos permite estudiar la cantidad de radiactividad presente en las profundidades del planeta y, a partir de ella, obtener información sobre su composición.
Hay otra cuestión fundamental.
La desintegración de estos elementos genera calor.
El equipo de SNO+ señala que la radiactividad podría ser responsable de una parte muy importante del calor generado en el interior terrestre.
Conocer mejor esta aportación ayudaría a entender cómo se ha enfriado nuestro planeta y cómo seguirá evolucionando.
Un enorme detector enterrado a dos kilómetros está captando estas partículas
Para encontrar algo tan escurridizo necesitas un lugar bastante especial.
SNO+ se encuentra en las instalaciones científicas SNOLAB, cerca de Sudbury, en Ontario, Canadá.
Y no está precisamente a nivel de calle.
El detector se encuentra aproximadamente a dos kilómetros bajo tierra.
Esa enorme cantidad de roca situada encima ayuda a proteger el experimento de otras partículas que llegan continuamente desde el espacio y que podrían dificultar las mediciones.
Utilizan un gran detector de centelleador líquido capaz de registrar interacciones extremadamente difíciles de observar.
Entre ellas están las producidas por antineutrinos procedentes de centrales nucleares.
Pero también las que interesan especialmente a los geólogos.
Las que vienen de la propia Tierra.
Los datos recogidos por el experimento entre mayo de 2022 y julio de 2025 han permitido medir un flujo de geoneutrinos de 49 TNU, con una incertidumbre de +13 y -12 TNU.
La unidad TNU se utiliza habitualmente en este campo para expresar la tasa de eventos esperada en detectores de geoneutrinos.
El resultado es compatible con las predicciones realizadas mediante modelos geológicos.
Pero su importancia va más allá de conseguir una cifra nueva.
¿Por qué importa medir geoneutrinos desde Canadá?
Hasta hace relativamente poco, los científicos disponían de muy pocos lugares desde los que observar este fenómeno.
KamLAND, en Japón, fue el primer experimento que detectó geoneutrinos en 2005.
Después llegó Borexino, en Italia.
SNO+ añadió algo que faltaba.
Una medición desde el hemisferio occidental.
Y cambiar de ubicación importa mucho cuando intentas averiguar qué ocurre dentro de un planeta.
Una parte importante de los geoneutrinos detectados procede de la corteza terrestre cercana al propio detector. Por tanto, cada instalación observa una combinación ligeramente diferente.
La geología que rodea SNO+ es además particularmente interesante.
El detector está situado en una región canadiense cuya estructura geológica ha sido estudiada durante décadas, entre otras razones por la importante actividad minera desarrollada alrededor de Sudbury.
Eso permite estimar mejor qué parte de la señal podría estar generándose en las rocas relativamente cercanas.
Una vez calculada esa contribución aparece la gran pregunta.
¿Qué queda después?
Separar la corteza del manto es una de las claves
Detectar geoneutrinos es difícil.
Saber desde qué profundidad concreta ha llegado cada uno resulta todavía más complicado.
Los detectores actuales no pueden señalar simplemente un punto en un mapa tridimensional y decir que una determinada partícula salió de allí.
Los científicos necesitan combinar las mediciones con modelos geológicos.
Primero estiman cuántos geoneutrinos deberían proceder de la corteza terrestre alrededor del detector.
Después pueden analizar qué parte de la señal restante sería compatible con una procedencia más profunda.
El objetivo es obtener información sobre el manto.
Aquí entran en juego elementos como el uranio y el torio.
Su abundancia en las profundidades terrestres está relacionada con diferentes modelos sobre la composición global del planeta y con la cantidad de calor que genera su desintegración.
Por eso disponer de detectores repartidos por diferentes zonas del mundo resulta especialmente útil.
Cada uno observa la Tierra desde una perspectiva geológica distinta.
Los geoneutrinos pueden ayudar a calcular cuánto calor produce la Tierra
Nuestro planeta todavía conserva calor procedente de su formación hace unos 4.500 millones de años.
Pero esa no es la única fuente.
Los procesos radiactivos que siguen ocurriendo en su interior también generan energía.
Determinar cuánto corresponde a cada mecanismo es una cuestión fundamental para comprender la evolución térmica terrestre.
No se trata únicamente de saber si el interior está caliente.
Ese calor está relacionado con procesos geológicos a gran escala.
El manto terrestre se mueve extremadamente despacio, transportando energía desde las profundidades hacia zonas superiores. Ese comportamiento está relacionado con la dinámica interna que termina influyendo en fenómenos como la tectónica de placas.
Cuanto mejor sepamos qué elementos radiactivos contiene el manto, mejores serán los modelos utilizados para reconstruir esa historia.
Los geoneutrinos ofrecen una vía independiente para hacerlo.
No vemos directamente las rocas.
Vemos una señal producida por algunos de los elementos que contienen.
¿Significa esto que ya sabemos cómo es el manto terrestre?
Todavía no.
Las mediciones siguen teniendo incertidumbres importantes y el número de detectores capaces de registrar geoneutrinos continúa siendo muy reducido.
También existe un problema inevitable.
Vivimos encima de la corteza.
Eso significa que los detectores reciben una cantidad considerable de geoneutrinos producidos relativamente cerca de la superficie, mientras que la señal procedente del manto es más difícil de aislar.
Por eso conocer muy bien la geología alrededor de cada experimento resulta fundamental.
Un error al calcular la cantidad de uranio o torio presente en las rocas cercanas puede afectar a la estimación de la señal atribuida al manto.
La solución pasa por acumular más datos y, sobre todo, ampliar la red de observación.
Más detectores permitirán construir una imagen mucho más precisa
SNO+ no trabaja de forma aislada.
Sus resultados pueden combinarse con las mediciones obtenidas por otros experimentos para estudiar la abundancia de uranio y torio en el interior terrestre.
KamLAND aportó la primera detección.
Borexino consiguió otra medición independiente desde Europa.
SNO+ proporciona ahora información desde Canadá.
Y una nueva generación de instalaciones puede aumentar considerablemente la cantidad de datos disponible.
La lógica es similar a colocar varios sensores alrededor de algo que no podemos abrir.
Una única medición aporta información.
Muchas mediciones realizadas desde lugares geológicamente diferentes permiten empezar a comparar.
Cuantos más puntos tengamos, más fácil será comprobar si los modelos utilizados para describir el interior terrestre funcionan en distintas regiones.
La Tierra puede contarnos qué tiene dentro sin necesidad de perforarla
Hay algo especialmente llamativo en todo esto.
Durante siglos, conocer el interior terrestre significaba estudiar aquello que conseguía llegar hasta nosotros.
Rocas expuestas por procesos geológicos, materiales expulsados por volcanes o señales generadas por terremotos.
Los geoneutrinos cambian ligeramente esa relación.
Aquí es el propio proceso radiactivo que ocurre bajo nuestros pies el que genera las partículas que posteriormente podemos detectar.
No necesitamos llegar hasta ellas.
Ellas llegan hasta nosotros.
El reto está en capturar suficientes y aprender a interpretar lo que cuentan.
Las nuevas mediciones de SNO+ muestran que esa posibilidad ya no pertenece únicamente al terreno teórico.
Es una herramienta real para estudiar uno de los lugares más inaccesibles que tenemos.
El interior del planeta sobre el que vivimos.
Preguntas frecuentes
¿Qué son los geoneutrinos?
Los geoneutrinos son antineutrinos producidos por la desintegración natural de elementos radiactivos presentes en la Tierra, principalmente uranio y torio.
¿De dónde proceden los geoneutrinos?
Se generan principalmente en la corteza y el manto terrestre durante procesos naturales de desintegración radiactiva.
¿Para qué sirven los geoneutrinos?
Permiten estudiar la cantidad de elementos radiactivos presentes dentro de la Tierra y obtener información sobre su composición y producción de calor.
¿Dónde está el detector SNO+?
SNO+ se encuentra en SNOLAB, cerca de Sudbury, en Ontario, Canadá, aproximadamente a dos kilómetros bajo tierra.
¿Se puede estudiar el manto terrestre con neutrinos?
Los geoneutrinos proporcionan información indirecta sobre la composición del manto. Los científicos combinan sus mediciones con modelos de la corteza y otros datos geológicos.