Imagen: Ayuntamiento de Valencia
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Olvidaos de los columpios aburridos y las plazas. Valencia vuelve a demostrar por qué es la capital del juego al aire libre con un segundo gigante que promete hacernos sentir muy pequeños.
Por A. Lagar | 9 de junio de 2026
Si creciste en València, es muy probable que tengas una foto en el Gulliver. O varias.
Quizá bajando por uno de sus míticos toboganes, trepando por sus cuerdas o intentando encontrar el camino entre sus enormes brazos y piernas.
Durante décadas, este gigante tumbado en el Jardín del Túria ha sido una parada obligatoria para generaciones enteras de valencianos.
El día que casi se escapa a Barcelona
Para entender el impacto del parque actual hay que viajar a finales de los ochenta.
En una España que se preparaba para la euforia de 1992, los parques infantiles eran un sota, caballo y rey de columpios de hierro y toboganes.
Valencia, que estaba estrenando su Jardín del Túria, quería algo radicalmente distinto.
El encargo inicial era hacer un parque temático sobre los cuentos clásicos, pero la idea evolucionó hacia una locura maravillosa. Tumbar a un gigante de 70 metros de largo para que los niños de la ciudad jugaran a ser los liliputienses de la novela de Jonathan Swift.
La intrahistoria del parque tiene una anécdota brutal: el Gulliver estuvo a punto de no construirse en Valencia.
Ante las dudas y el retraso de la administración local de la época, los creadores se llevaron el proyecto bajo el brazo a Barcelona, donde los responsables de las obras olímpicas mostraron un interés ciego por quedarse con el gigante.
Afortunadamente, la presión de los propios diseñadores y un rescate de última hora de la Generalitat y el Ayuntamiento lograron que se quedara en casa.
El 29 de diciembre de 1990, el parque abría sus puertas y colapsaba la ciudad.
Nadie en toda Europa había visto jamás una escultura interactiva de semejante escala diseñada exclusivamente para ser pisoteada y conquistada por los niños.
Rivera, Sento y Martín: El ‘dream team’ valenciano
El milagro del original fue posible gracias a la alineación de tres mentes brillantes que devoraban la vanguardia cultural valenciana de los ochenta.
Cada uno aportó un superpoder clave para levantar al gigante.
Rafael Rivera: El arquitecto del pueblo y del espacio público
Rivera no era un arquitecto de despacho y corbata.
Profesor histórico de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de València (ETSAV), siempre concibió el urbanismo como una herramienta social para devolverle la calle a los ciudadanos.
Rivera entendió que el antiguo cauce del Túria no necesitaba monumentos para ser mirados, sino espacios vivos.
Su obsesión con el Gulliver fue la escala humana.
Conseguir que una mole de toneladas desapareciera visualmente integrándose en la topografía del propio jardín, convirtiendo las ropas y los pliegues del gigante en rampas y desniveles naturales.
Sento Llobell: El trazo de la ‘Nueva Escuela Valenciana’ de cómic
El diseño visual del gigante no se le confió a un escultor clásico, sino a Sento, uno de los nombres sagrados del cómic y pilar de la mítica revista Cairo.
Sento le dio al Gulliver su fisonomía, sus líneas curvas inspiradas en la línea clara del tebeo y esa expresión de gigante bonachón que evita cualquier sensación de terror a los más pequeños.
Su dibujo fue el mapa de carreteras para una estructura que debía ser tan bella desde el aire como divertida desde el suelo.
Manolo Martín: La maestría del artista fallero llevada al límite
Los planos de Rivera y los dibujos de Sento habrían sido imposibles de ejecutar sin Manolo Martín.
Este veterano maestro fallero poseía el conocimiento de cómo modelar grandes volúmenes sobre madera y cartón, pero aplicó una innovación técnica sin precedentes para la época: recubrir la gigantesca figura con resinas de poliéster y fibra de vidrio de alta resistencia.
Martín consiguió que una escultura gigante tuviera esquinas redondeadas, tacto suave, superficies deslizantes y la dureza necesaria para soportar el trote diario de miles de niños durante décadas.
El Lilliput de Gulliver: València tendrá un segundo gigante
Ahora, este universo está a punto de sumar un nuevo capítulo.
València tendrá un segundo gigante. Y no será una copia del original.
El nuevo parque, bautizado como El Lilliput de Gulliver, contará con una espectacular escultura del personaje sentado que tendrá una altura 8,3 metros donde los niños podrán explorar por dentro y por fuera.
Sí, por dentro. Porque además de ser una enorme figura, será también una gigantesca estructura de juego llena de túneles, pasarelas, redes para escalar y toboganes integrados en su propio cuerpo.
La imagen promete convertirse en una de las más fotografiadas de la ciudad.
La gran diferencia respecto al clásico es evidente.
Este nuevo gigante no estará tumbado, sino sentado, observando el parque desde las alturas.
La sensación que busca el diseño es que los visitantes entren literalmente en la historia de Jonathan Swift y se conviertan en pequeños habitantes de Lilliput explorando el mundo de un gigante.
Los niños podrán subir por distintas zonas de la estructura, cruzar puentes elevados, recorrer túneles interiores y deslizarse por varios toboganes que formarán parte de la propia anatomía.
En otras palabras: no será una escultura para mirar. Será una escultura para jugar.
Un parque inspirado en una aventura fantástica
Pero la experiencia no termina en el gigante. Alrededor de la figura principal aparecerán libros gigantes, torres, murallas y construcciones inspiradas en el universo de Los viajes de Gulliver.
Todo el espacio se ha concebido como una gran aventura temática en la que cada rincón contará una parte de la historia.
La idea es que el parque funcione como una extensión del imaginario que convirtió al original en uno de los espacios infantiles más emblemáticos de España.
El nuevo parque se ubicará entre el Pont de les Arts y el Pont de les Glòries Valencianes, en la zona norte del Jardín del Túria.
Y no llega solo.
La ciudad lleva tiempo trabajando en ampliar el universo con nuevas propuestas vinculadas a este personaje, lo que apunta a la creación de una auténtica ruta temática dentro del mayor parque urbano de València.
Lo curioso es que el proyecto no implicará la eliminación de árboles ni alterará la vegetación existente.
El diseño se integrará en el entorno actual respetando el paisaje del antiguo cauce.
El parque que todos querrán visitar
Hay parques infantiles y luego están esos lugares que terminan convirtiéndose en símbolos de una ciudad.
Pasó con el original de 1990.
Pasó porque era diferente.
Porque nadie había visto algo parecido.
Y precisamente eso es lo que busca ahora Valencia con este nuevo proyecto: recuperar esa capacidad.
¿Quién no quería meterse dentro del gigante?
Si el resultado final cumple lo que muestran las imágenes del proyecto, El Lilliput de Gulliver tiene todos los ingredientes para convertirse en uno de los nuevos rincones favoritos en Valencia.
De los toboganes a la aventura original
Si de verdad quieres que tus hijos (o tú mismo) vivan la experiencia completa antes de conquistar el nuevo parque, hay un paso obligatorio: ir directo a la fuente original.
Ningún parque temático se disfruta igual sin conocer la historia real que hay detrás, y en este caso, estamos hablando de uno de los mayores hitos de la literatura universal.
Hacerte con un ejemplar de Los viajes de Gulliver de Jonathan Swift no es solo comprar un libro; es abrir la puerta a la obra canónica de los viajes imaginarios y al precedente de la literatura fantástica moderna.
Lo fascinante es que Swift escribió esta novela en la convulsa Irlanda del siglo XVIII, sufriendo en su propia carne la persecución política y religiosa. Por eso, el autor diseñó el libro —cuya publicación fue una auténtica obra maestra de ingenio para burlar la estricta censura de la época— con una intención: según sus propias palabras, estaba destinado «más a vejar al mundo que a divertirle».
Sin embargo, el genio de Swift consiguió un milagro: que esa feroz crítica social se convirtiera en una lectura tremendamente entretenida, mágica y totalmente vigente tres siglos después de su primera publicación.
Es el libro perfecto para leer en familia antes de ir a trepar por los gigantes del Túria.
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