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Un nuevo hábito de geofagia detectado en los primates de Gibraltar funciona como un mecanismo de defensa frente a la indigestión causada por la comida basura que les dan los turistas. El estudio de la Universidad de Cambridge sugiere que este comportamiento se transmite de forma cultural entre las tropas.
Por: A. Lagar | 26 de abril de 2026
Un ejemplar de macaco se mueve por lo alto del Peñón de Gibraltar tras conseguir un helado o una bolsa de patatas fritas de un visitante descuidado. Sin embargo, tras el festín, el animal no busca más comida, sino que se dirige directamente al suelo para ingerir puñados de tierra. No es un error ni falta de alimento: es su forma de combatir el malestar estomacal.
Una respuesta a la dieta humana
Un equipo liderado por la Universidad de Cambridge ha documentado por primera vez este comportamiento, conocido como geofagia, en la única población de primates en libertad de Europa. Según la investigación publicada en Scientific Reports, existe una relación directa entre el contacto con los turistas y el consumo de suelo.
Los científicos observaron que los macacos que viven en zonas con mayor presión de visitantes consumen significativamente más tierra, especialmente en temporada alta. El chocolate, las patatas y los helados están alterando su sistema digestivo, y la tierra actúa como una barrera protectora que alivia síntomas como las náuseas o la diarrea.
Automedicación en el Peñón
A diferencia de otros animales que comen tierra por necesidades nutricionales durante el embarazo, en Gibraltar se trata de una estrategia funcional. Los alimentos procesados son extremadamente ricos en azúcares, sal y lácteos, algo muy alejado de su dieta natural de hojas, semillas e insectos.
Sylvain Lemoine, autor principal del estudio, señala que esta conducta es similar al uso de herramientas en otros grandes simios. Es un hábito impulsado enteramente por la proximidad a los humanos y el acceso a productos ultraprocesados que dañan su microbioma intestinal.
Tradiciones que nacen
El estudio sugiere que esta práctica se ha convertido en una tradición cultural que se transmite socialmente. El 89 % de las veces que un macaco comía tierra, lo hacía rodeado de otros miembros del grupo que observaban con atención el proceso.
Curiosamente, cada grupo tiene sus preferencias. Mientras que la mayoría elige la terra rossa o arcilla roja típica del Peñón, una tropa específica prefiere la tierra de los baches de las carreteras asfaltadas. Esta conducta de geofagia no se observó en ningún grupo de macacos que vive alejado de las zonas turísticas.
El peligro de alimentar a la fauna
Para los expertos, este hallazgo es una prueba clara de lo nocivo que resulta dar alimentos humanos a los animales silvestres. Estos productos generan satisfacción inmediata por sus calorías, pero carecen de nutrición real y provocan daños fisiológicos que obligan a los animales a buscar remedios poco naturales.
Aunque se necesita investigar más para cuantificar el impacto real de este hábito, el estudio recalca la necesidad de campañas de sensibilización. Evitar que los turistas alimenten a los primates es fundamental para proteger su salud y prevenir conflictos derivados de la dependencia de la comida basura.