Imagen de recurso: La exposición solar en adolescentes y la influencia de la imagen social.
La percepción estética y la comodidad personal son los factores que más influyen en el rechazo de los jóvenes hacia la protección solar, según un estudio de la Universidad de Georgetown. Para los adolescentes, el riesgo de padecer cáncer de piel en el futuro resulta un concepto abstracto frente a la recompensa inmediata de verse atractivos o encajar socialmente.
Por: A. Lagar | 23 de abril de 2026
Con la llegada de las altas temperaturas y las vacaciones, la exposición a la radiación ultravioleta (UV) se dispara. Sin embargo, para muchos estudiantes de secundaria, aplicarse crema o usar ropa protectora no es una prioridad. Un nuevo análisis presentado en la Reunión Anual de la Asociación Estadounidense para la Investigación del Cáncer revela que las barreras emocionales y sociales pesan más que la propia salud.
El estudio se basa en los datos del ensayo SHINE, que recopiló encuestas de más de 2.100 estudiantes en Utah entre 2021 y 2023. Los resultados indican que, si un joven siente que el protector solar es pegajoso o que un sombrero de ala ancha le «queda mal», es muy probable que decida no protegerse, independientemente de lo que sepa sobre la enfermedad.
La recompensa estética
Marcelo Sleiman Jr., del Centro Oncológico Integral Lombardi, explica que el bronceado está íntimamente ligado a la identidad social y la confianza. Para un adolescente, la advertencia sobre un posible cáncer de piel dentro de treinta años suena lejana. En cambio, el beneficio de sentirse más guapo o ser aceptado por el grupo es algo personal y que ocurre en el presente.
Incluso cuando se tiene información clara sobre los peligros del sol, los jóvenes priorizan evitar lo que consideran el «coste» de la protección. Este coste no es solo la incomodidad física de la crema, sino el impacto en su imagen pública. Si la protección solar conlleva un sacrificio estético, la mayoría opta por ignorarla.
Estrategias más allá del aula
Los investigadores sostienen que el simple conocimiento de los riesgos no es suficiente para cambiar estos hábitos. El autor principal del estudio, Kenneth P. Tercyak, destaca la necesidad de comprender cómo ven los jóvenes las ventajas y desventajas de cuidarse del sol para poder ayudarlos a cambiar de perspectiva.
Para combatir esta tendencia, los expertos proponen introducir métodos de prevención más visuales y personalizados en las escuelas. El uso de fotografía con rayos UV, que muestra el daño ya existente bajo la piel, o la retroalimentación sobre el fotoenvejecimiento prematuro, podrían ser herramientas más eficaces que las charlas tradicionales, al conectar con la preocupación de los jóvenes por su apariencia.
El impacto del cáncer de piel
La situación es especialmente relevante si se observan las cifras actuales. En España, durante 2024, se diagnosticaron 20.854 nuevos casos de cáncer de piel, lo que representa más del 7% del total de tumores detectados. A pesar de que la exposición excesiva al sol es el principal factor de riesgo y es evitable, las motivaciones ligadas a la autoimagen siguen siendo una competencia poderosa para la salud pública.
El desafío para los profesionales reside en educar a cada nueva generación no solo sobre las causas de la enfermedad, sino sobre cómo superar las barreras sociales que impiden una prevención real a largo plazo. Evitar la exposición intensa y usar fotoprotectores sigue siendo la medida más eficaz para reducir la aparición de estas lesiones.