Imagen cortesía de Filmin.
Filmin incorpora a su catálogo el 10 de abril el segundo largometraje de Dea Kulumbegashvili, ‘April’. Tras triunfar en los festivales de Venecia y San Sebastián, la cineasta regresa con un retrato crudo sobre la precariedad de las mujeres en las zonas rurales y los dilemas éticos de la medicina ilegal.
Por: A. Lagar | 4 de abril de 2026
Filmin estrena el próximo 10 de abril April, la nueva película de la directora georgiana Dea Kulumbegashvili. La cinta llega precedida por un notable recorrido internacional, tras obtener el Gran Premio del Jurado en el Festival de Venecia y liderar la sección Zabaltegi en San Sebastián.
La historia se centra en Nina, interpretada por Ia Sukhitashvili, una experimentada obstetra que trabaja en un hospital del este de Georgia. Su vida profesional da un vuelco cuando, tras un parto complicado, un recién nacido fallece. La investigación posterior impulsada por el padre del bebé no solo cuestiona sus métodos médicos, sino que amenaza con desvelar su actividad secreta: Nina viaja por aldeas remotas realizando abortos ilegales a mujeres y niñas en situación de vulnerabilidad.
Un ciclo de precariedad
El proyecto nació durante el rodaje de la anterior película de la directora, al conocer de cerca la realidad de mujeres que vivían en condiciones extremas. Según explica Kulumbegashvili, muchas de estas mujeres se casaron a los quince años, carecen de educación básica y quedan atrapadas en un círculo de maternidad forzada que se repite generación tras generación.
A pesar de que el aborto es legal en Georgia hasta las doce semanas, la directora denuncia la dificultad real para acceder a él: «Cada clínica tiene derecho a decidir si quiere hacerlo, y es casi imposible encontrar una que lo haga», señala. La cineasta recoge testimonios de médicos locales que se niegan a practicar la interrupción del embarazo incluso en casos de violación, alegando motivos morales o religiosos.
Rodaje participativo
Para la producción, Kulumbegashvili quiso involucrar activamente a la comunidad local. Organizó talleres para niños e invitó a las mujeres del pueblo a participar en el rodaje, convirtiendo los días de filmación en una excepción dentro de su dura rutina diaria.
Uno de los aspectos más impactantes de la película es la inclusión de partos reales. Para lograrlo, la directora pasó un año observando el trabajo en una clínica de maternidad y estableció vínculos de confianza con las mujeres embarazadas durante meses antes de filmar, priorizando siempre el respeto hacia ellas y el entorno médico.







