Recreación digital de recurso
Cinco princesas del Imperio Medio egipcio sabían disparar arcos y manejar dagas, según revela un nuevo estudio bioarqueológico sobre sus restos.
Por A. Lagar | 16 de agosto de 2026
Cuando los arqueólogos exploraron el complejo funerario de Dahshur en la década de 1890, encontraron algo que descuadraba las ideas de la época.
En las cámaras subterráneas de varias mujeres de la realeza descansaban arcos, flechas, dagas y mazas.
Durante más de un siglo se mantuvo el debate sobre si aquellas piezas eran simples adornos funerarios o símbolos de estatus.
Ahora, el análisis de sus huesos ha demostrado que estas mujeres utilizaban activamente ese armamento.
Un equipo liderado por la investigadora Zeinab Hashesh, de la Universidad de Beni-Suef, ha publicado los resultados en la revista Frontiers in Environmental Archaeology tras reevaluar seis momias del Imperio Medio.
Los cuerpos pertenecían al rey Hor, a la princesa Noub-Hotep y a cuatro hermanas hijas del faraón Amenemhat II, llamadas Ita, Khenmet, Itaweret y una mujer identificada de forma provisional como Sathathormeryt.
Estos restos se creían perdidos hasta que en 2020 fueron localizados en el Museo Egipcio durante unos trabajos de conservación.
Qué revelan los huesos sobre el entrenamiento físico
El estudio de los esqueletos ha localizado inserciones musculares muy marcadas en las extremidades superiores de las princesas.
Estas marcas en el tejido óseo se corresponden con movimientos repetitivos y de gran esfuerzo, como tensar la cuerda de un arco o sujetar armas pesadas de manera habitual.
Los restos conservados han permitido conocer detalles individuales sobre la vida y condición de cada una de ellas:
Ita murió joven, entre los 28 y los 34 años, y presentaba una musculatura fuerte en el tren superior que encaja con el manejo de dagas o mazas.
En su ataúd se halló una daga de notable factura.
Itaweret falleció entre los 20 y los 34 años con marcas óseas claras de haber sido una arquera experta, además de haber superado en vida varias fracturas en costillas y en un pie.
Khenmet murió con una edad estimada entre los 30 y los 40 años, mostrando ligamentos muy resistentes y señales de pérdida de masa ósea.
Noub-Hotep también presentaba rasgos físicos compatibles con la práctica del tiro con arco, un patrón que el estudio confirma igualmente en el rey Hor.
Las cuatro hermanas compartían anomalías poco comunes en la columna vertebral, un rasgo biológico que indica un estrecho parentesco entre sus progenitores y dentro de la familia real.
Lesiones de caza y los límites de la vida en palacio
El análisis bioarqueológico identificó fracturas que habían soldado de forma adecuada.
Es el caso de las costillas rotas de la princesa Itaweret, producidas con probabilidad por impactos fuertes o caídas desde cierta altura durante la caza o el entrenamiento físico.
El hecho de que los huesos soldaran bien muestra que estas mujeres recibieron una atención médica avanzada para los medios de hace cuatro milenios.
Pertenecer a la élite gobernante tampoco aseguraba una salud plena.
Los investigadores detectaron en los esqueletos huellas de infecciones persistentes y signos compatibles con deficiencias en la nutrición.
La pérdida de los cráneos a principios del siglo XX y la degradación del tejido blando impiden completar todas las pruebas, aunque el equipo planea realizar análisis de isótopos estables para profundizar en su alimentación y crear modelos en tres dimensiones orientados a exposiciones y proyectos educativos.
Preguntas frecuentes
¿Quiénes eran las princesas analizadas en el estudio?
Eran cinco mujeres de la realeza del Imperio Medio.Cuatro de ellas eran hermanas e hijas del faraón Amenemhat II llamadas Ita, Khenmet, Itaweret y una mujer identificada de forma provisional como Sathathormeryt, a las que se suma la princesa Noub-Hotep.
¿Dónde se encontraron originalmente estas momias?
Fueron descubiertas en la década de 1890 en el complejo funerario de Dahshur, dentro de cámaras y tumbas de pozo. Tras permanecer extraviadas durante años, fueron redescubiertas en el Museo Egipcio en 2020 durante un proyecto de conservación.
¿Qué pruebas confirman que sabían manejar armas?
Los investigadores hallaron inserciones musculares pronunciadas en los huesos de las extremidades superiores. Estas marcas óseas demuestran el desarrollo de masa muscular debido a acciones intensas y repetitivas como tensar arcos o estabilizar dagas y mazas.
¿Qué tipo de heridas presentaban los esqueletos?
Los restos muestran traumatismos como fracturas en costillas y pies, observadas de forma clara en la princesa Itaweret. Las lesiones, probablemente causadas por caídas o golpes durante entrenamientos y cacerías, llegaron a sanar gracias a la atención médica que recibieron.
¿Qué análisis quedan pendientes sobre estos restos?
El equipo científico tiene previsto realizar análisis de isótopos estables en los huesos conservados para determinar con mayor precisión los problemas de nutrición, además de preparar modelos e impresiones en tres dimensiones para iniciativas de enseñanza y muestras virtuales.