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El sistema inmunitario funciona como un equipo de respuesta rápida capaz de detectar y destruir células malignas antes de que sean visibles. Sin embargo, el cáncer puede atravesar tres etapas críticas —eliminación, equilibrio y escape— para evadir estas defensas y crecer de forma descontrolada.
Por: A. Lagar | 16 de marzo de 2026
En el complejo universo del cuerpo humano, billones de células trabajan siguiendo un plan maestro para crecer y dividirse. Sin embargo, este proceso no siempre es perfecto. A veces, una célula acumula numerosos cambios en sus instrucciones genéticas y comienza a crecer sin control, invadiendo territorios cercanos hasta formar un tumor.
Para protegernos, el cuerpo cuenta con el sistema inmunitario, un equipo de defensa especializado que combate tanto a gérmenes externos como a las células que han mutado. Esta lucha constante se define a través de una teoría científica conocida como las «3 E».
La fase de eliminación o el primer contraataque
Durante la fase de eliminación, un equipo de élite de células inmunitarias patrulla el organismo buscando anomalías. Las células cancerosas, al haber cambiado, presentan características únicas que las hacen destacar frente a las sanas. Es en este momento cuando las células asesinas naturales (NK) entran en acción.
Estas células son expertas en detectar rasgos faltantes en las células transformadas, activando un proceso que hace que estas se autodestruyan. Mientras tanto, las células dendríticas actúan como capitanes, alertando a las células T citotóxicas CD8+, que son los defensores más precisos y eficaces. Si este equipo logra erradicar todas las células peligrosas, el cuerpo queda libre de la amenaza sin que siquiera lo notemos.
El estado de equilibrio y las células durmientes
Si algunas células logran sobrevivir a la embestida inicial, entran en una fase de calma llamada equilibrio. En esta etapa, el sistema inmunitario no logra eliminar el cáncer por completo, pero sí mantiene a las células bajo control, impidiendo que el tumor crezca de forma visible.
Durante este periodo, las células cancerosas parecen estar muertas o inactivas, pero en realidad experimentan cambios silenciosos. Esta fase de vigilancia continua puede durar toda la vida de una persona. Sin embargo, estas células «durmientes» pueden mejorar su sigilo con el tiempo, esperando el momento oportuno en que las condiciones les sean favorables para despertar.
La fase de escape y la aparición de traidores
El verdadero peligro surge en la fase de escape. Aquí, las células cancerosas se vuelven lo suficientemente fuertes como para evadir la detección y comienzan a dividirse de forma incontrolable. Es en este punto cuando el cáncer suele ser diagnosticado por los médicos.
Para lograrlo, el tumor utiliza tácticas inteligentes: debilita el sistema inmunitario y convierte a algunos defensores en aliados. Algunas células procedentes de la médula ósea pueden reprogramar a las células T para que favorezcan el crecimiento del tumor. Esta fortaleza dificulta enormemente que las células NK y T puedan realizar su trabajo, permitiendo que el cáncer se propague a otros órganos.
El futuro de la inmunoterapia
Comprender estas tres fases es vital para desarrollar estrategias como la inmunoterapia. Este tratamiento busca estimular o entrenar al sistema inmunitario para que recupere su eficacia y pueda destruir las células cancerosas que han aprendido a esconderse.
El objetivo de los investigadores es que, en el futuro, estas terapias puedan revertir la fase de escape, ofreciendo nuevas esperanzas para detener la propagación de la enfermedad y prolongar la vida de los pacientes.
Artículo basado en contenido publicado en Frontiers for Young Minds bajo licencia Creative Commons Attribution (CC BY). Citas: Hernandez-Delgado LM, Paz-Alvira G, Torres-Rosado AJ y Alicea-Torres K (2025) ¿Cómo escapa el cáncer a las defensas del cuerpo? Front. Young Minds. 13:1256566. doi: 10.3389/frym.2025.1256566