Imagen de recurso para ilustrar la secuenciación del genoma completo.
¿Alguna vez te has preguntado cómo saben las autoridades sanitarias que una docena de personas intoxicadas en ciudades distintas comieron exactamente la misma tortilla o el mismo lote de carne? Hasta hace poco, este rastreo era como intentar unir los puntos de un dibujo a oscuras. Hoy, gracias a la secuenciación del genoma completo, los científicos pueden leer el ADN de las bacterias con gran precisión, permitiendo frenar brotes alimentarios antes de que se conviertan en una crisis nacional.
Por: A. Lagar | Fecha: 02 de febrero de 2026
Seguramente has sentido esa inquietud cuando escuchas en las noticias que hay una alerta por listeria o salmonela en un producto de supermercado. Lo que quizás no sepas es que, para protegerte, los laboratorios están viviendo una auténtica revolución tecnológica. El reto ya no es solo saber que alguien está enfermo, sino identificar si la bacteria que le infectó es la «gemela» de la que se encontró en una fábrica a cientos de kilómetros. Esta precisión es vital para retirar del mercado solo lo que es peligroso y salvar vidas en tiempo récord.
El código de barras definitivo de las bacterias
La gran noticia es que la ciencia ha pasado de métodos tradicionales —que daban una imagen borrosa de la bacteria— a la secuenciación del genoma completo (WGS por sus siglas en inglés). Es, literalmente, obtener el código de barras genético completo de un patógeno.
Expertos de centros de control de enfermedades de Países Bajos, Alemania, Dinamarca e Italia han publicado una hoja de ruta en la revista Frontiers in Microbiology donde explican cómo esta tecnología está cambiando la vigilancia alimentaria. Al leer cada «letra» del ADN de una bacteria, los epidemiólogos pueden confirmar con total seguridad si dos casos de intoxicación están relacionados, algo que antes podía llevar semanas de conjeturas y que ahora se resuelve con una fiabilidad casi absoluta.
¿Por qué esto es una revolución?
Imagina que hay un brote de E. coli en un restaurante. Con los métodos antiguos, los científicos veían que las bacterias se «parecían». Con la secuenciación del genoma, pueden ver incluso las pequeñas mutaciones que han ocurrido mientras la bacteria viajaba del campo a la mesa. Esto permite:
- Detección precoz: Identificar brotes muy pequeños (de apenas dos o tres personas) que antes pasaban desapercibidos, evitando que el problema se extienda.
- Identificación del origen: Saber si la bacteria viene de una granja específica, de un matadero o de una mala manipulación en el punto de venta.
- Resistencia a antibióticos: La misma prueba de ADN revela si la bacteria es resistente a los medicamentos, ayudando a los médicos a elegir el tratamiento correcto de inmediato.
Un trabajo de detectives en red
Este avance no solo ocurre dentro de un laboratorio. Para que el sistema funcione, microbiólogos, epidemiólogos y expertos en informática deben trabajar como un solo equipo. Es un esfuerzo coordinado donde los datos se comparten entre países de la Unión Europea para detectar brotes que cruzan fronteras, algo cada vez más común en un mundo donde compramos comida que puede haber sido envasada en otro país.
Sin embargo, este «ADN detective» tiene sus desafíos. Implementar estas máquinas de secuenciación es caro —en los Países Bajos, el inicio del programa costó más de 500.000 euros— y requiere personal altamente capacitado que sepa interpretar los gigabytes de datos que genera cada bacteria.
Hablemos de ejemplos cotidianos de esta protección
Pensemos en situaciones que esta tecnología resuelve hoy mismo:
- El brote silencioso: Varias personas enferman de listeria en diferentes provincias. No parecen tener nada en común, pero la secuenciación del genoma revela que todas las bacterias tienen el mismo ADN. Al investigar sus compras, se descubre que todos compraron la misma marca de queso.
- La bacteria persistente: Los científicos encuentran una bacteria en una fábrica de embutidos. Gracias al historial genético, descubren que es la misma cepa que causó problemas hace dos años, lo que indica que la bacteria se ha «escondido» en alguna tubería o maquinaria que no se limpió bien.
- Viajes internacionales: Un turista vuelve enfermo de sus vacaciones. Su perfil genético se sube a una base de datos europea y salta una alerta: es la misma bacteria que está afectando a personas en tres países vecinos. Se localiza el origen en un ingrediente distribuido por toda Europa.
El futuro: una vigilancia total y transparente
La meta final es que todos los laboratorios de Europa hablen el mismo idioma genético. Aunque todavía estamos en una fase de transición donde conviven métodos viejos y nuevos, la tendencia es clara: el ADN será la herramienta estándar para garantizar que lo que pones en tu plato es seguro. La tecnología ya no solo cura enfermedades, sino que actúa como un escudo invisible que vigila nuestra cadena alimentaria las 24 horas del día.
Fuente científica
El estudio, titulado «Implementing whole genome sequencing for foodborne pathogen surveillance: insights and recommendations based on expert experiences», ha sido publicado el 18 de diciembre de 2025 en la revista Front. Microbiol. 16:1707621. doi: 10.3389/fmicb.2025.1707621. La investigación ha sido firmada por Roan Pijnacker, Maaike van den Beld, Alexander Ullrich y otros colegas de institutos de salud pública de Europa, editada por Jörg Linde (Friedrich Loeffler Institute, Alemania) y revisada por pares por especialistas de la Universidad de Pretoria y el Instituto Federal de Evaluación de Riesgos (BfR). © 2025 Pijnacker, van den Beld, Ullrich y cols. Contenido distribuido bajo Licencia Creative Commons Attribution (CC BY). 🔗 Licencia: https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/deed.es
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