Imagen de recurso: los químicos persistentes pueden alterar los marcadores biológicos de la edad.
Un nuevo estudio revela que ciertos químicos persistentes, presentes en productos cotidianos, aceleran el reloj biológico de los hombres de mediana edad. La investigación advierte que alternativas más recientes a los compuestos tradicionales, como el PFNA y la PFOSA, no están exentas de riesgos para la salud humana.
Por: A. Lagar | 16 de marzo de 2026
Las sustancias PFAS, conocidas como «químicos permanentes», forman parte de nuestra vida diaria de forma casi invisible. La clave de estos compuestos está en sus enlaces moleculares extremadamente resistentes, que dificultan su degradación en el medio ambiente. Sin embargo, esa misma fortaleza es su mayor peligro: no se degradan fácilmente y terminan acumulándose en el agua, el suelo y nuestros propios cuerpos.
Científicos de la Universidad Jiao Tong de Shanghái han puesto el foco en dos de estas sustancias, el PFNA y la PFOSA. Aunque algunos químicos de esta familia ya están regulados a nivel mundial, estos compuestos menos tradicionales siguen presentes en el mercado y, según los investigadores, se asocian con un envejecimiento biológico más rápido sobre un grupo específico: los hombres de entre 50 y 64 años.
Un reloj biológico que corre más deprisa
Para entender cómo estos químicos afectan nuestra edad real, el equipo analizó muestras de sangre de 326 personas. Los investigadores no se fijaron solo en la edad cronológica (los años cumplidos), sino en el metiloma del ADN, un marcador que actúa como un «reloj epigenético» para medir el desgaste real de las células.
Los resultados fueron reveladores: el PFNA y la PFOSA estaban presentes en el 95% de los participantes. Sin embargo, solo en los hombres de mediana edad las concentraciones más altas de estos químicos funcionaron como fuertes predictores de un envejecimiento biológico más rápido. En las mujeres participantes, curiosamente, no se observó la misma asociación.
¿Por qué los hombres de mediana edad?
La mediana edad se considera una etapa biológica delicada. En este periodo, el cuerpo es más susceptible a factores estresantes, lo que podría intensificar la respuesta a la exposición química. Pero hay más factores en juego que la simple biología.
Los investigadores sospechan que los estilos de vida podrían agravar el daño. Factores como el tabaquismo, más frecuentes en ciertos sectores de la población masculina analizada, podrían interactuar con los contaminantes y potenciar sus efectos nocivos. Esto sugiere que el riesgo no proviene solo del químico en sí, sino de cómo se combina con otros hábitos.
El riesgo de las nuevas alternativas
Hasta ahora, las regulaciones internacionales se han centrado en PFAS «tradicionales» como el PFOA o el PFOS. No obstante, la industria ha introducido sustitutos para aplicaciones modernas, como los centros de datos de inteligencia artificial. El estudio advierte que estas alternativas recientes no son necesariamente de bajo riesgo y merecen una atención regulatoria inmediata.
De hecho, en el estudio no se encontró una relación directa entre el envejecimiento prematuro y los químicos tradicionales ya regulados, lo que sugiere que las regulaciones futuras deberían examinar también estas variantes más recientes.
Cómo reducir la exposición diaria
Mientras la Unión Europea y otros países consideran prohibiciones más estrictas, existen medidas individuales que pueden ayudar a limitar el riesgo. Los expertos recomiendan reducir el consumo de alimentos muy envasados y, sobre todo, evitar calentar en el microondas los recipientes de comida rápida, ya que el calor puede facilitar la transferencia de estos químicos a los alimentos.
El objetivo final de estas investigaciones es comprender los riesgos acumulativos de las mezclas químicas en nuestro entorno. Como señalan los autores, es fundamental mirar más allá de los contaminantes clásicos para proteger la salud de las generaciones presentes y futuras.