Recurso para ilustrar el artículo sobre TDAH.
¿Alguna vez has sentido que, aunque intentas ser amable, la gente reacciona a la defensiva o se aleja sin motivo aparente? Para quienes conviven con el TDAH, no se trata solo de olvidar las llaves o distraerse; es esa sensación constante de que tu ritmo no encaja con el del resto, como si tu cuerpo hablara un idioma que los demás malinterpretan.
Por: A. Lagar | Fecha: 31 de enero de 2026
Seguramente conoces la frustración de querer participar en una conversación y que tu entusiasmo se lea como agresividad, o que tus movimientos rápidos den la impresión de que quieres marcharte. Esta barrera invisible en el TDAH va mucho más allá de la falta de atención. Es un choque de «energías» que ocurre en segundos y que suele terminar en rechazo social o en una agotadora sensación de soledad.
El «cómo» importa más que el «qué»
Hasta ahora, siempre se nos ha dicho que el TDAH es un problema de «no prestar atención» o de «moverse demasiado». Sin embargo, una investigación reciente publicada en la revista Frontiers in Psychiatry revela que el verdadero muro en las relaciones personales no es lo que haces, sino cómo lo haces. Los científicos lo llaman «formas de vitalidad».
Imagina que quieres saludar a alguien. El «qué» es levantar la mano. Pero el «cómo» —la velocidad, la fuerza y la fluidez de ese gesto— es lo que transmite si estás feliz, enfadado o con prisa. En las personas con TDAH, ese «cómo» suele estar desregulado. Es como si el mando a distancia de tu cuerpo no tuviera términos medios: o vas a máxima potencia o tus gestos parecen fragmentados, lo que confunde el cerebro de quien te mira.
¿Por qué tu cerebro emite señales confusas?
La ciencia ha descubierto que esto no es falta de educación ni de interés. Existe un circuito en nuestro cerebro (el eje ínsula-corteza cingulada) que actúa como un director.. En el TDAH, este director tiene dificultades para coordinar el ritmo. Debido a un desequilibrio en la dopamina, la persona puede emitir señales sociales que no coinciden con lo que siente por dentro.
Esto explica por qué un simple gesto de cariño puede ser demasiado brusco o por qué, en medio de una charla tranquila, alguien con este trastorno puede parecer inquieto o «desconectado» rítmicamente, aunque esté escuchando cada palabra.
Cómo te afecta esto en tu día a día
Esta desconexión tiene consecuencias muy reales en la vida cotidiana. No es solo «ser un poco inquieto»; es una cadena de malentendidos que afecta a todos los niveles:
- En el trabajo: Puedes parecer impaciente o rudo con tus compañeros simplemente porque tu ritmo de movimiento y habla es mucho más acelerado que el del entorno.
- En la pareja: Tu pareja puede sentir que no te importa lo que dice porque tus «formas de vitalidad» —tu postura o tu ritmo— parecen distraídos o carentes de entusiasmo, aunque tu mente esté presente.
- Con los hijos: Si un padre o madre tiene TDAH, su respuesta a un niño puede ser demasiado intensa o fragmentada, creando un clima de tensión innecesario.
Ejemplos que reconocerás de inmediato
Piensa en una cena con amigos. Alguien cuenta un chiste y tú, en tu emoción, das una palmada demasiado fuerte o te ríes con una intensidad que corta el rollo del grupo. O quizás, mientras alguien te cuenta un problema serio, tú mueves la pierna frenéticamente; no es que no te importe, es que tu «vitalidad» está hiperactivada, pero tu amigo lo interpreta como: «no me estás haciendo ni caso».
Incluso en situaciones tan simples como entregar un objeto, una persona con TDAH puede hacerlo con una trayectoria tan rápida que la otra persona se asusta, interpretando una urgencia o un enfado que no existe.
De la frustración a la «reparación» dinámica
La buena noticia es que el cerebro es «plástico». El estudio sugiere que, más allá de la medicación, existen formas de «entrenar» este ritmo para que sea más armónico. No se trata de dejar de ser tú mismo, sino de aprender a sintonizar tu emisora con la de los demás.
Estrategias como el entrenamiento motor estructurado (aprender a dividir acciones en pasos), ejercicios de imitación (el «efecto espejo» para acompasarse al otro) y, sobre todo, tomar conciencia de que tu intensidad puede ser malinterpretada, son claves para mejorar radicalmente tu vida social. La flexibilidad mental que ya poseen las personas con TDAH es, de hecho, su mejor herramienta para aprender estos nuevos ritmos y transformar esa energía desbordante en una conexión real con el mundo.
El estudio, titulado «Hyper-arousal vitality and its repair for attention deficit hyperactivity disorder», ha sido publicado el 12 de enero de 2026 en la revista científica Frontiers in Psychiatry, 16:1611535. doi: 10.3389/fpsyt.2025.1611535. La investigación ha sido firmada por Deqiao Chen, Zhu Zhao y Wei Chen, editada por Giuseppe Di Cesare (Instituto Italiano de Tecnología) y revisada por pares por especialistas de la Universidad Médica de Wenzhou y el Consejo Nacional de Investigación (CNR). © 2026 Chen, Zhao y Chen. Contenido distribuido bajo Licencia Creative Commons Attribution (CC BY). 🔗 Licencia: https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/deed.es Nombre de la fuente: Estudio publicado en Frontiers in Psychiatry.