Imagen de recurso
Las aguas residuales que generamos a diario esconden un enorme potencial para producir electricidad y recuperar nutrientes. Mediante bacterias especiales, los científicos exploran cómo transformar este problema global de saneamiento y enorme consumo energético en una fuente natural de recursos útiles para un futuro más sostenible.
Por: A. Lagar | 3 de marzo de 2026
El viaje invisible tras tirar de la cadena
¿Cuántas veces has tirado de la cadena del inodoro hoy? Al hacerlo, puede parecer que los desechos simplemente desaparecen. Sin embargo, cada descarga se suma a un inmenso río de agua sucia que viaja por tuberías subterráneas. A nivel mundial, hogares, fábricas y granjas producen más de 350 000 millones de m³ de aguas residuales al año, una cantidad suficiente para llenar unos 140 millones de piscinas olímpicas.
La mayor parte de este volumen viaja hasta plantas de tratamiento donde se purifica antes de regresar al medio ambiente. Pero este proceso es costoso y consume enormes cantidades de energía, aproximadamente la misma que utilizan todos los aviones del mundo. Además, el saneamiento seguro sigue siendo un reto global: alrededor de 3.500 millones de personas viven sin acceso a él y un 8% de la población mundial ni siquiera tiene inodoros. En muchas zonas del Sur Global, el agua fluye hacia los ríos sin depurar. Ante este doble problema de salud y gasto energético, la ciencia se ha planteado aprovechar los propios desechos.
Bacterias que generar electriciddad
Lejos de ser simple basura, los científicos están empezando a ver los desechos líquidos como una mezcla rica en energía, nutrientes y agua limpia. La clave para extraerlos reside en la materia orgánica, sustancias que almacenan energía química y que los microbios pueden usar como combustible.
En concreto, han descubierto que ciertas bacterias, llamadas electrógenas, son capaces de crear una corriente eléctrica mientras digieren las sustancias de las aguas residuales. Al alimentarse, liberan diminutas partículas cargadas (electrones) que, al moverse por un circuito, generan electricidad. Para capturar esta energía, se utilizan las tecnologías electroquímicas microbianas (MET), unos sistemas que funcionan de forma muy similar a una batería natural.
Existen distintas versiones de estos sistemas. Las pilas de combustible microbianas generan electricidad directamente para alimentar pequeños dispositivos, mientras que las celdas de electrólisis necesitan un pequeño impulso extra de energía para producir gases combustibles, como el hidrógeno o el metano. A nivel global, se calcula que la energía oculta en los desagües representa aproximadamente una quinta parte de toda la electricidad producida en Estados Unidos.
Fertilizantes y agua para zonas secas
Además de energía, los desechos contienen nitrógeno y fósforo, nutrientes esenciales para que las plantas crezcan. Actualmente, la agricultura depende de fertilizantes fabricados con combustibles fósiles o minería profunda, procesos que dañan los ecosistemas A medida que las bacterias de los sistemas MET descomponen los desechos, alteran el equilibrio químico del agua, permitiendo atrapar amoníaco como fertilizante líquido y cristales de fosfato en los metales del sistema.
Al mismo tiempo, el trabajo de estos microbios reduce considerablemente los residuos sólidos y las sustancias nocivas. Esto facilita y abarata el tratamiento del agua restante para que pueda reutilizarse de forma segura en el riego de cultivos, la refrigeración de fábricas o las cisternas de inodoros. En regiones afectadas por sequías, esta purificación ayuda a ahorrar agua dulce y prepara mejor a las comunidades para afrontar la escasez.
Dónde se está probando esta tecnología
Aunque muchos de estos sistemas aún están en fase de laboratorio, ya existen pruebas reales prometedoras. Un ejemplo destacado es el proyecto Pee Power®, que utilizó celdas microbianas durante el festival de Glastonbury en el Reino Unido. Miles de asistentes generaron electricidad simplemente usando los urinarios, lo que permitió iluminar los baños por la noche y cargar teléfonos móviles, al tiempo que se producía fertilizante.
Esta misma tecnología se ha instalado en baños comunitarios y escuelas de Uganda, Kenia y Sudáfrica, ofreciendo un saneamiento más seguro en lugares sin un suministro eléctrico confiable. Además, se están realizando combinaciones con hidroponía, un método para cultivar plantas sin tierra. En estos sistemas integrados, las bacterias simplifican los nutrientes para que las raíces de las plantas los absorban, mientras estas liberan oxígeno que ayuda a los microbios a seguir limpiando el agua, produciendo así agua limpia y alimentos frescos de manera simultánea.
Los desafíos para su uso a escala
En conjunto, estos desarrollos demuestran que lo que desechamos puede gestionarse como un recurso valioso dentro de una economía circular, donde los productos se reutilizan y se devuelven de forma segura a la naturaleza. Aunque la construcción de estas tecnologías sigue siendo costosa y la electricidad generada es aún pequeña en comparación con la que requieren las grandes plantas de tratamiento, su aplicación ya ofrece soluciones viables para zonas vulnerables o sin conexión eléctrica. Con el tiempo y la mejora de los materiales para hacerlos más resistentes, la depuración mediante bacterias podría integrarse a mayor escala, reduciendo los costes de las depuradoras convencionales y proporcionando energía, alimentos y agua limpia en los lugares que más lo necesitan.
Cita: Schröder U. (2026) El potencial oculto de lo que tiramos por el inodoro. Front. Young Minds. 14:1748164. doi: 10.3389/frym.2026.1748164