El tabaco, la gasolina y la electricidad lideran el podio de los bienes donde los impuestos y cargos regulados llegan a suponer hasta el 80% del precio final que paga el consumidor.
Por: A. Lagar | Fecha: 18 de enero de 2026
La carga fiscal indirecta se ha consolidado como la herramienta de recaudación más silenciosa y efectiva del Estado. Mientras el consumidor medio centra su atención en el precio final de venta al público (PVP), la realidad técnica es que, en sectores estratégicos, el valor real del producto es una fracción mínima de lo que se paga por él. El Estado actúa como el «socio mayoritario» de negocios en los que no asume riesgos de producción, pero sí gran parte de los beneficios.
El Tabaco: La corona de la desproporción
El tabaco sigue ostentando la corona de la desproporción. En 2026, aproximadamente el 80-82% del precio de un paquete de cigarros corresponde a impuestos. Esto se debe a una estructura triple: un impuesto especial fijo por unidad, un impuesto ad valorem sobre el precio de venta y el 21% de IVA.
La realidad contable es impactante: de una cajetilla que cuesta entre 5,50 € y 6,00 €, el coste real de la materia prima, su manufactura y el transporte apenas supera el euro. Los casi 5 euros restantes viajan directamente a las arcas públicas.
Carburantes: El impuesto sobre el impuesto
A pesar de la volatilidad del crudo en los mercados internacionales, la carga fiscal indirecta sobre la gasolina y el diésel actúa como un suelo rígido que impide grandes bajadas. En España, los impuestos suponen el 45% aproximadamente del precio final del combustible.
El desglose revela un efecto técnico: el Impuesto Especial sobre Hidrocarburos es una cantidad fija por litro que no depende del precio del barril. Sobre esta suma se aplica el 21% de IVA, lo que significa que el ciudadano termina pagando un impuesto calculado sobre otro impuesto previo. Si la gasolina 95 se sitúa en 1,60 €, unos 0,80 € son, puramente, impuestos.
Podemos pensar entonces, que el aumento de bicis, patinetes y abonos al transporte público está ligado a lo que cuesta mantener hoy en día un coche para ir a trabajar. Entre seguros, costes de vehículo, y el alto precio de la gasolina o recargas de la batería, en un futuro próximo no sería de extrañar que busquemos alternativas de trabajo lo más próximo a nuestro hogar.
La factura de la luz: Más política que energía
La electricidad es el bien de consumo obligatorio con la estructura fiscal más opaca. Con el IVA normalizado al 21% en 2026 (con algunas excepciones), la factura se convierte en un documento eminentemente político. Sumando el IVA, el Impuesto Especial sobre la Electricidad (5,11%) y el IVPEE (7% a la generación repercutido al mercado a las empresas de la energía), más del 50-60% del recibo no responde al coste de generar energía.
En realidad, lo que pagamos es una mezcla de impuestos directos y peajes regulados que cubren desde primas a renovables hasta el déficit de tarifa de años anteriores. Es decir, pagamos más por la red y la política energética que por los kilovatios consumidos.
El resumen es: pagar, pagar y pagar.
Tabla comparativa de la presión fiscal indirecta (2026)
| Producto | Carga Impuestos Aprox. | Impuestos Clave |
| Tabaco | ~80% | Especial + Ad Valorem + IVA (21%) |
| Gasolina/Diésel | ~50% | Hidrocarburos (Fijo) + IVA (21%) |
| Alcohol (Destilados) | ~40-45% | Especial Alcohol + IVA (21%) |
| Electricidad | ~60% (Incl. Regulado) | IEE (5,11%) + IVA (21%) + IVPEE |
| Agua | ~10-15% | IVA Reducido (10%) + Cánones locales |
| Alimentación Básica | 4% | IVA Superreducido |
Opinión: La ilusión del precio de mercado
En España no existe un libre mercado de precios puro en los sectores estratégicos; lo que tenemos es un mercado de precios intervenidos bajo una asfixiante carga fiscal indirecta.
Es habitual que la indignación de la gente se dirija hacia las petroleras o las eléctricas, pero rara vez se repara en que el Estado es el principal beneficiario de cada subida debido al efecto multiplicador del IVA. En 2026, la estructura fiscal penaliza la demanda inelástica: el sistema sabe que el ciudadano seguirá poniendo gasolina, comiendo y encendiendo la luz, cueste lo que cueste. La verdadera reforma pendiente es la transparencia: si el consumidor viera desglosado cuánto paga de impuestos en cada ticket de compra, la presión por una eficiencia administrativa sería imparable.
Esta realidad fiscal también tiene su reflejo en las nóminas: el trabajador percibe un salario neto que oculta el coste laboral real para la empresa. Si el empleado fuera plenamente consciente de la brecha entre el salario bruto —lo que la empresa paga realmente por su trabajo— y el neto que llega a su cuenta, tendría una visión mucho más precisa de la presión fiscal que soporta.
Este año se presenta como un reto nuevamente. La inflación sigue siendo un gran problema que dinamita el poder adquisitivo, mientras los precios de las viviendas siguen al alza, dificultando el acceso a activos inmobiliarios y tensionando aún más las cuentas corrientes, desafiando a una clase media cada vez más extinta.