Imagen: Junta de Andalucía, CC BY-SA 2.0, via Wikimedia Commons
Fallece Josefina Molina Reig, una de las figuras más determinantes, valientes y transformadoras de la cinematografía española, dejando un legado incalculable como cineasta, realizadora de televisión y firme defensora de la igualdad de las mujeres en el sector audiovisual.
Por: A. Lagar | 29 de mayo de 2026
Con su partida desaparece una auténtica pionera.
La mujer que abrió las puertas de la dirección en España cuando la industria era un terreno exclusivamente masculino.
Josefina Molina no solo demostró una sensibilidad y un rigor técnico excepcionales en cada uno de sus proyectos, sino que además dedicó gran parte de su vida a tejer redes para que las generaciones posteriores de directoras no tuvieran que transitar el camino en solitario.
La vocación de una pionera
Josefina Molina Reig nació en Córdoba el 14 de noviembre de 1936.
Creció en la posguerra española en el seno de una familia burguesa comerciante.
Su fascinación por el cine comenzó en las salas de su ciudad natal, donde descubrió que las películas le permitían asomarse a mundos mucho más amplios que la realidad de la época.
A pesar de los prejuicios sociales del momento, se mudó a Madrid para estudiar Ciencias Políticas, carrera en la que se licenció. Sin embargo, su verdadera meta estaba en la pantalla.
Desafiando el mandato social que apartaba a las mujeres de los puestos de liderazgo técnico, en 1969 marcó el primer gran hito de su biografía, convirtiéndose en la primera mujer en graduarse en la especialidad de Dirección por la Escuela Oficial de Cinematografía.
Del televisor a la gran pantalla
Su carrera profesional fue un ejemplo de versatilidad, abarcando la televisión, el cine, el teatro y la literatura.
En sus inicios, Radiotelevisión Española se convirtió en su gran laboratorio expresivo durante los años 70.
Allí dirigió numerosos espacios dramáticos, adaptando con maestría piezas de grandes autores como Kafka, Ibsen, Dostoyevsky y Lope de Vega, dignificando la ficción de la pequeña pantalla con una mirada culta y rigurosa.
Su debut en el largometraje de ficción llegó con Vera, un cuento cruel en 1973. Sin embargo, su consagración absoluta e histórica se estructuró sobre proyectos de enorme calado.
Destacó de forma revolucionaria Función de noche en 1981, una obra a medio camino entre el documental y la ficción que plasmó el desgarro íntimo de la mujer española durante la Transición a través de la psicología de la actriz Lola Herrera.
Poco después firmó Teresa de Jesús en 1984, una de las series más recordadas de la televisión pública, donde humanizó a la santa abulense con un rigor histórico impecable.
Su pulso para los grandes dramas históricos volvió a quedar patente en 1989 con Esquilache, una soberbia adaptación de la obra de Antonio Buero Vallejo que obtuvo múltiples nominaciones a los Premios Goya.
El legado colectivo de una cineasta ejemplar
Más allá de sus películas, la historia del cine español recordará a Josefina Molina por su inquebrantable compromiso social.
En el año 2006, consciente de las desigualdades del sector, fundó junto a otras cineastas la Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales (CIMA), de la cual fue presidenta de honor, para garantizar una presencia equitativa de las mujeres en el ecosistema audiovisual.
A lo largo de su trayectoria, la industria reconoció su valioso camino con los galardones más prestigiosos del país.
Entre ellos, recibió el Premio a Toda una Vida de la Academia de la Televisión en 2003, la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en 2006, el Goya de Honor en 2011, el título de Hija Predilecta de Andalucía en 2012 y el Premio Nacional de Cinematografía en 2019.
«Yo diría que siempre he hablado de la libertad y sobre todo de la libertad de las mujeres para hacer su propia vida, en el fondo es lo que a mí siempre me preocupó desde que era niña: hacer lo que yo quería y hacerlo como yo quería. Esto no era fácil para las mujeres, sigue sin serlo».
Josefina Molina Reig no solo filmó historias; cambió la estructura del cine en España. Su fallecimiento deja un vacío profundo en la cultura, pero las cámaras que hoy filman en manos de tantas mujeres se mueven, en gran parte, gracias a la senda que ella empezó a abrir.