Imagen de recurso
El Ayuntamiento de València despliega un sistema de diez cabinas fijas para rotar sus radares móviles en las avenidas con mayor índice de siniestralidad.
Por: A. Lagar | 25 de mayo de 2026
La fisionomía de las grandes avenidas de València presenta cambios visibles para los conductores.
El consistorio municipal ha completado el establecimiento de un entramado de diez cabinas fijas de poste diseñadas para albergar, de forma alterna y aleatoria, los cinemómetros móviles de la Policía Local.
Esta infraestructura no implica la presencia permanente de un dispositivo activo en cada poste, sino que funciona como un tablero donde los radares van cambiando de ubicación periódicamente para generar un efecto disuasorio en las zonas críticas.
La estrategia detrás del Plan Vector 2026-2030
La medida se encuentra integrada en el Plan Vector de Seguridad Vial y en las líneas de actuación de la Policía Local para el periodo 2026-2030.
La meta fijada por la administración urbana es reducir a la mitad la siniestralidad vial que se salda con personas heridas graves o fallecidas en las calles de la ciudad.
Según ha manifestado el concejal de Seguridad y Movilidad, Jesús Carbonell, la protección de los usuarios más vulnerables de la vía pública —como peatones, ciclistas y usuarios de patinetes eléctricos— constituye el eje prioritario de este plan de control de velocidad en el entorno urbano.
Los diez puntos de control elegidos en los barrios
La selección de los emplazamientos responde a un análisis de la Policía Local y el área de Movilidad sobre los tramos donde se registran velocidades superiores a los límites establecidos, habitualmente fijados en 50 km/h o menos.
Las diez cabinas se distribuyen en las siguientes localizaciones:
- Avenida de los Hermanos Machado: Dos cabinas, una en el número 53 (cruce con la calle de Vicente Canet, en sentido de entrada) y otra en el cruce con la calle de Sant Josep Artesà.
- Avenida del Maestro Rodrigo: A la altura del número 84.
- Avenida Pío XII: En el número 51.
- Avenida del Cid: En el número 61.
- Camí Nou de Picanya: En el número 49.
- Avenida de Fernando Abril Martorell: En la confluencia con la Carrera de Malilla.
- Avenida de López Piñero.
- Avenida de Antonio Ferrandis: En el cruce con la calle Pou Aparisi.
- Avenida de los Naranjos: A la altura del número 8.

Evolución técnica del equipamiento policial
El desarrollo de este sistema de control rotativo se cimentó en noviembre de 2025, cuando el Ayuntamiento realizó la adquisición de dos cinemómetros con efecto doppler multicarril, dotados con capacidad para la captación de imágenes, junto a seis cabinas fijas de poste.
Con anterioridad a dicha adquisición, los agentes del cuerpo local contaban únicamente con cuatro cabinas y dos cinemómetros.
La ampliación actual permite elevar a diez los puntos potenciales de medición para los seis cinemómetros estáticos de cabina de los que se dispone en total.
Controles complementarios durante todo el año
La presencia de los postes informativos y de control se complementa con un calendario de campañas específicas programadas por la Policía Local a lo largo del año.
Estas acciones paralelas no se limitan a la velocidad, sino que se centran en la vigilancia de otros factores de riesgo en la conducción urbana:
- Detección del consumo de alcohol y sustancias psicotrópicas.
- Verificación de la vigencia de la Inspección Técnica de Vehículos (ITV) y del Seguro Obligatorio de Automóviles (SOA).
- Prevención de distracciones causadas por el uso de teléfonos móviles o cascos auriculares.
- Control de infracciones relacionadas con el estacionamiento, la parada y la circulación indebida.
La meta de esta combinación de elementos, según el área de movilidad, es incidir en el comportamiento de los conductores para que el cumplimiento de los límites se asuma como una pauta regular y no únicamente ante la presencia visible de un radar activo.
El debate de la velocidad y el diseño de la infraestructura urbana
La instalación de cabinas vacías que pueden albergar un radar en cualquier momento es una fórmula clásica de la ingeniería de tráfico para multiplicar el efecto de los recursos tecnológicos disponibles.
Al no saber con certeza qué poste contiene el cinemómetor activo, el conductor se ve obligado a mantener la velocidad regulada en todo el itinerario monitorizado.
No obstante, la efectividad real de esta medida para reducir los accidentes a la mitad dependerá de que los ciudadanos perciban que el riesgo de sanción es real y constante, evitando el «efecto frenazo» justo antes del poste.
Sin embargo, el análisis de la siniestralidad urbana abarca factores que van más allá del velocímetro.
Aunque la velocidad es un elemento determinante en la gravedad de los impactos, la seguridad vial en las grandes arterias depende de un comportamiento compartido.
La siniestralidad también se ve condicionada por conductas antirreglamentarias de los peatones, como el cruce de calzadas por zonas no habilitadas o la vulneración de las fases semafóricas, lo que evidencia que la concienciación sobre el uso de los accesos adaptados es tan necesaria como la vigilancia motorizada.
Asimismo, el límite de 50 km/h en vías de gran capacidad como la Ronda Norte o la Ronda Sur genera debate técnico, especialmente al contrastarlo con otras capitales españolas donde trazados similares mantienen franjas de paso reguladas a 70 km/h sin comprometer la fluidez.
Junto a esto, la configuración del diseño urbano emerge como un punto crítico para la seguridad.
La ubicación de pasos de peatones inmediatamente adosados a los giros y esquinas reduce el campo de visión de los conductores.
Al realizar un viraje, la inclinación natural del vehículo y los ángulos muertos dificultan la detección temprana de elementos rápidos como los patinetes eléctricos que se aproximan al cruce.
Desde una perspectiva de prevención técnica, mantener los pasos de cebra integrados en el vértice de las intersecciones no resulta óptimo para garantizar la visibilidad.
Una alternativa estructural para minimizar estos atropellos consiste en desplazar estos pasos vecinales unos metros más allá del punto de giro.
Con esta distancia de margen, los conductores obtienen una perspectiva abierta y completa de la vía, lo que permite identificar con claridad la intención de cruce de los viandantes y detener el vehículo a tiempo con total seguridad.
Si se decide sembrar las avenidas con cajas de radar en nombre de la seguridad, el examen debería ser completo y abarcar también aquellas taras del diseño vial que, aunque no dejen dinero en las arcas municipales, se cobran el mismo peaje en la integridad de los ciudadanos.


