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El próximo 12 de agosto, el norte de la península ibérica vivirá su primer eclipse total de Sol en más de un siglo.
Este evento astronómico, que inaugura un trío de eclipses hasta 2028, ofrece un espectáculo único pero exige precauciones estrictas para evitar lesiones oculares permanentes y graves.
Por: A. Lagar | 12 de mayo de 2026
Faltan apenas tres meses para que la Luna oculte por completo al astro rey en una franja que recorrerá Galicia, Asturias, Cantabria, Castilla y León y Baleares.
En el resto del país, el fenómeno se podrá observar de forma parcial. La espectacularidad del momento aumenta la tentación de mirar al cielo, pero hacerlo sin protección puede ser irreversible.
Bajo condiciones normales, el brillo del Sol nos obliga a apartar la mirada. Sin embargo, durante un eclipse solar, la Luna reduce esa molestia visual, lo que nos permite observar el fenómeno mientras la radiación infrarroja y ultravioleta quema las células de la retina en pocos segundos.
Lo más peligroso es que la retina no tiene receptores de dolor, por lo que el daño ocurre sin que nos demos cuenta.
La clave: gafas certificadas
Para observar el fenómeno de forma directa, es imprescindible utilizar gafas específicas.
No sirven los remedios caseros como CDs, radiografías o gafas de sol convencionales. Según la Sociedad Española de Oftalmología, la falta de protección adecuada puede causar retinopatía solar, provocando manchas oscuras permanentes o pérdida de visión central.
A la hora de elegir el equipo, los expertos recomiendan buscar el marcado CE y la normativa ISO 12312-2.
Un estudio reciente de la Universidad Complutense de Madrid y el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) confirma que estas lentes son muy duraderas: modelos con 15 años de antigüedad siguen siendo seguros si no presentan daños visibles.
Cómo mirar correctamente
La recomendación técnica es tajante: nunca se debe mirar al sol sin las gafas puestas.
El protocolo correcto consiste en colocárselas mirando hacia el lado contrario al astro y solo entonces dirigir la vista al cielo.
Los niños deben estar bajo supervisión constante en todo momento.
Solo existe un breve instante en el que es seguro quitarse la protección: durante la totalidad, cuando la Luna tapa el Sol por completo.
Sin embargo, en cuanto asoma el primer rayo de luz —el llamado «anillo de diamantes»—, hay que volver a ponerse las gafas de inmediato.
Métodos alternativos y riesgos tecnológicos
Si no se dispone de gafas, existen métodos de observación indirecta totalmente seguros.
El efecto de «cámara oscura» permite ver el eclipse proyectado en el suelo a través de las hojas de los árboles o usando una caja de cartón perforada.
También se puede proyectar la imagen del Sol sobre un folio usando prismáticos, aunque existe el riesgo de que el calor dañe la óptica del aparato.
Es vital recordar que nunca se debe mirar al Sol a través de la cámara del móvil, telescopios o prismáticos sin filtros solares específicos.
La óptica de estos dispositivos concentra la luz y el calor, lo que puede derretir los sensores de la cámara y provocar quemaduras instantáneas en los ojos del observador.
Un reto logístico
Alejandro Sánchez de Miguel, investigador del IAA-CSIC, advierte sobre la necesidad de adquirir las gafas con antelación.
Con una población de 50 millones de personas y un interés que traspasa fronteras hacia países vecinos como Francia o Marruecos, la distribución podría saturarse.
El Gobierno ya ha previsto otros riesgos asociados al evento, como posibles golpes de calor por las aglomeraciones y problemas de movilidad en las carreteras. Disfrutar de este eclipse solar será una experiencia inolvidable, siempre que la seguridad visual sea la máxima prioridad antes de que el día se oscurezca por completo.