Imagen de recurso: la dieta de la madre es crucial para el desarrollo de las bacterias intestinales del bebé. Foto: Yan Krukau
Lo que una madre consume durante el embarazo puede influir en el desarrollo de su bebé. Un estudio realizado con ratones demuestra que una dieta rica en grasas altera las bacterias intestinales de las crías y aumenta la presencia de células inmunitarias que pueden causar inflamación y daños en el sistema digestivo.
Por: A. Lagar | 3 de marzo de 2026
Imagine que el cuerpo es una casa en construcción y los alimentos que consume la madre son los materiales de obra. Si los materiales no son los adecuados, los cimientos del bebé podrían resentirse. En Estados Unidos, donde más de la mitad de las mujeres en edad fértil presentan sobrepeso u obesidad, entender cómo la alimentación materna afecta al recién nacido se ha convertido en una prioridad para la ciencia.
Investigadores de todo el mundo han observado que los hijos de madres con obesidad tienen un mayor riesgo de sufrir problemas de salud. Para entender el porqué, un equipo científico realizó un experimento con ratones, cuyo organismo funciona de forma muy similar al humano, para analizar qué ocurre en el intestino de las crías cuando la madre consume una dieta con un 60 % de grasas saturadas.
Un cambio en las bacterias residentes
El intestino es el hogar de millones de bacterias que ayudan a descomponer los alimentos. El estudio reveló que las crías de madres alimentadas con una dieta poco saludable tenían patrones bacterianos en sus heces muy diferentes a los de aquellas nacidas de madres con una dieta equilibrada.
Este cambio no es inofensivo. Las bacterias influyen en el comportamiento de las células inmunitarias, encargadas de proteger al cuerpo. En los adultos, el exceso de grasa fomenta el crecimiento de bacterias que ayudan a absorber más calorías, pero en los bebés, estas alteraciones pueden volver el intestino mucho más sensible y propenso a sufrir daños.
Células que protegen y dañan
Al analizar el tejido intestinal de las crías, los científicos descubrieron un aumento de unas células específicas llamadas células linfoides innatas de tipo 3 (ILC3). Aunque su función debería ser defensiva, en exceso producen una molécula denominada IL-17A, que irrita el intestino y provoca inflamación.
Esta inflamación es peligrosa porque puede derivar en problemas graves como la enterocolitis necrotizante, una enfermedad que daña los intestinos, especialmente en bebés prematuros, y que obliga a largas estancias hospitalarias. Los ratones cuyas madres comieron mal mostraron puntuaciones mucho más altas de lesión intestinal al enfrentarse a sustancias irritantes.
La posibilidad de frenar el daño
La parte más esperanzadora del experimento llegó cuando los científicos intentaron bloquear la acción de estas células rebeldes. Al neutralizar la molécula IL-17A, los intestinos de los bebés de madres con dietas grasas se volvieron resistentes al daño, alcanzando niveles de salud casi idénticos a los de las crías con madres sanas.
Esto indicó que las células ILC3 desempeñaban un papel clave en las lesiones observadas. Aunque los ratones no son humanos, estos hallazgos subrayan la importancia de mantener una alimentación equilibrada durante el embarazo.
Esto indicó que las células ILC3 desempeñaban un papel clave en las lesiones observadas. Aunque los ratones no son humanos, estos hallazgos sugieren que la alimentación materna puede influir en los mecanismos inflamatorios intestinales descritos en este modelo experimental.
Comer sano no significa eliminar las grasas por completo, sino mantener un equilibrio adecuado entre nutrientes. La investigación subraya la importancia de una dieta equilibrada durante el embarazo y su posible relación con el desarrollo intestinal observado en las crías de ratón.